La hipocresía y el doble discurso son moneda común en la política, donde se critican comportamientos ajenos sin advertir que los propios son los realmente condenables. La crítica de este comportamiento merece la hipérbole de Jesús en su Sermón del Monte, donde pregunta: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano, déjame sacar la paja de tu ojo y he aquí la viga en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para poder sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7.2.3-5).
El hecho de que Guido Manini haya aceptado la invitación a suscribir el libro de condolencias de la Embajada de Irán con motivo del asesinato de su líder supremo ha levantado críticas que demuestran claramente la expresión de opiniones malintencionadas que responden a la necesidad de flechar la cancha respecto a una personalidad que se ha caracterizado por actuar con independencia de criterio, exteriorizando sus ideas dirigidas a defender el interés nacional sin contemplar intereses personales o de terceros países.
Manini ha desempeñado en el pasado misiones oficiales de carácter militar en Irán y durante la pasada legislatura integró el grupo parlamentario Amigos de Irán, como otros parlamentarios lo hicieron con ese y otros países con los que Uruguay mantiene relaciones diplomáticas, por lo que conoce a ese país y su gente, heredera de la milenaria cultura persa. Ello, es obvio, no supone participar de ella y particularmente de su religión predominante, su ideología y organización política. Pero si tenemos en cuenta que hace añares mantenemos relaciones diplomáticas con dicho Estado, sin mantener conflicto alguno con el mismo, diría que lo cortés no quita lo valiente y ante la muerte de su más importante dignatario, al margen de diferencias políticas y religiosas, corresponde expresar condolencias, que no es sino un acto de respeto ante ese gran igualador que a todos nos llegará y que es la muerte. Quizás por eso mi admirado Lope de Vega exclama: “¡Paga el cielo acá en la tierra el hacer bien a los muertos!”. Digamos entonces, que presentar condolencias por el fallecimiento de un mandatario de un país, se compartan o no sus ideas religiosas o políticas, es un acto de buena educación, ya que ante la muerte no cabe el regodeo o la burla.
Digamos a más, que Irán ha sido en el pasado un importante protagonista de nuestro comercio exterior, en especial cuando le vendíamos a buen precio nuestro arroz y le comprábamos petróleo. Dicho intercambio comercial, que nos era de gran beneficio, cesó por la imposición de intereses que no eran ni son los nuestros. Pero digamos más, los que critican la actitud caballeresca de Manini no encuentran mal que mantengamos relaciones diplomáticas y comerciales con China comunista. En el caso, con el agravante que para ello rompimos relaciones con China nacionalista, a la que ahora llamamos Taiwán. Lo grave es que lo hicimos por mero interés material sin ninguna consideración ética. No nos importaron los presos políticos de China comunista, los asesinatos del régimen, el trabajo esclavo, la sistemática violación de los derechos humanos por parte del régimen imperante de dicho país, etc.
Me pregunto si en algún momento le manifestamos a China comunista, que es uno de nuestros principales clientes, nuestro desagrado por su régimen dictatorial o nos limitamos a custodiar nuestros intereses materiales, desplegando todo tipo de cortesía, entre las que se enmarcan las visitas realizadas por nuestros gobernantes de diverso signo, que no han vacilado en sentarse a la mesa con los mandatarios chinos, omitiendo reclamarle por sus atropellos varios. Dicho sea de paso, Paraguay ha mantenido hasta ahora sus relaciones con Taiwán y su economía viene teniendo un desarrollo más exitoso que el nuestro, por lo que no solo faltamos a nuestro principismo, sino que quizás cometimos un error material.
Seguimos pensando, como dijo Luis Alberto de Herrera, que “los asuntos concernientes a la patria no son cuestión de cuenta corriente; ni consisten en poner el débito y el crédito”; o bien, su rechazo a la “subordinación a ninguna estructura, sea cual sea su origen o finalidad, que tenga intención, propósito o sentido de limitar la bien conquistada soberanía de los pueblos”. Como dijo ese gran intérprete del interés nacional: “Nosotros no dialogamos con la podredumbre”. Detrás de la crítica a la conducta de Manini solo hay una hipócrita defensa de intereses que no son los de nuestro país, que no deben terciar en políticas supremacistas ajenas a nuestra idiosincrasia e interés. En definitiva, la expresión de condolencias es solo un acto de educación que no supone compartir ideas religiosas o políticas.
Guillermo Domenech
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