
Mis ansiedades se agitan cuando me acuesto. El sonido de mi cabeza al tocar la almohada es su alarma para despertarse y hacer que mi mente dé vueltas sobre cosas que no puedo controlar.
Me digo a mí mismo: «Confía en el Señor y duérmete». Eso es fácil de creer cuando puedo identificar señales claras de la presencia de Dios. Pero ¿se puede confiar en Dios cuando la vida es un caos? Cuando Dios parece ausente, ¿cómo puedo confiar en Él y descansar?
La Biblia nos lleva a meditar sobre la providencia de Dios para que no nos asustemos cuando la vida es un caos.
La providencia describe el propósito de Dios en la historia. La definición de John Piper es muy buena: la providencia es la soberanía intencionada de Dios. La Biblia nos muestra que Dios gobierna todas las cosas, y Su propósito es Su gloria y el bien de Su pueblo (Gn 50:20 y Ro 8:28-30). Para contemplar la providencia de Dios, podemos detenernos en Romanos 8, considerando el alcance y la certeza de los propósitos de Dios. O tal vez nos sentemos con el Salmo 23, meditando en Su bondad al guiarnos por un camino difícil. Pero Ester 6 es un gran pasaje para contemplar la providencia de Dios cuando Él parece invisible.
Ningún plan humano prevalecerá sobre la providencia de Dios para Su pueblo
El libro de Ester nunca menciona a Dios por Su nombre. Ester vivió en la época del exilio, cuando Israel estaba bajo el dominio persa del rey Asuero. Amán, la mano derecha del rey, obtiene permiso real para aniquilar a los israelitas. Dios parece ausente y Su pueblo parece destinado a un final rápido y repentino.
De muchas maneras, Ester resuena en nuestras vidas hoy en día. Día tras día seguimos con nuestras rutinas y, a menos que lo hagamos de forma intencionada, no hacemos referencia a Dios. Además, el evangelio no parece avanzar. La sociedad se siente bajo el control de personas sin Dios, que llaman a lo bueno malo y alaban el mal como si fuera bueno. No es difícil suponer que Dios está ausente y que Su propósito ha fracasado.
Ester 6 nos da esperanza al recordarnos que Dios nunca está ausente y nunca se queda atrás. Sin que los personajes de la historia lo sepan, Dios obra a favor de Ester y Su pueblo. Ester 6 revela la mano invisible de Dios, ayudándonos a confiar en Su providencia invisible.
¿Conciencia o providencia?
En Ester 6 ocurren muchas de las llamadas coincidencias. Resulta que Asuero tiene una noche de insomnio. Pide el libro de los hechos memorables. Los escribas leen de un lugar oscuro sobre un acontecimiento ocurrido cinco años atrás. Da la casualidad de que Mardoqueo nunca recibió un regalo por salvar al rey. Amán se encuentra en la corte en ese momento, por lo que tiene que cumplir la orden de honrar a Mardoqueo, su enemigo acérrimo. Después de conspirar para destruir a Mardoqueo, Amán proclama el honor de Mardoqueo por toda la ciudad. ¡Todo esto ocurre la noche antes de que Ester suplique al rey que rescate al pueblo de Mardoqueo de la horrible masacre decretada por Amán! ¿Coincidencia? No lo creo.
Dios no duerme. Él se ocupa de las cosas que me mantienen despierto y, por lo tanto, puedo descansar
Estas supuestas coincidencias son la providencia intencionada de Dios. Ocultas para los personajes, pero evidentes para los lectores. Juan Calvino describe así la reacción cristiana ante la coincidencia: «Lo que para nosotros parece una contingencia, la fe reconoce que ha sido un impulso secreto de Dios». Cada «coincidencia» ocurre según la sabiduría y la voluntad del Señor. Lo que el mundo llama coincidencia, los cristianos lo llaman providencia.
Incluso sin que se susurre Su nombre en la página, la mano de Dios es evidente en el momento que todo cambia para Ester y su pueblo.
La providencia de Dios y el rescate completo
La providencia da un giro a la historia. Amán ha sido el terror del pueblo de Dios, pero ahora ellos lo llenan de miedo. «Y Amán contó a su mujer Zeres y a todos sus amigos todo lo que le había acontecido. Entonces sus sabios y su mujer Zeres le dijeron: “Si Mardoqueo, delante de quien has comenzado a caer, es de descendencia judía, no podrás con él, sino que ciertamente caerás delante de él”. Aún estaban hablando con él, cuando llegaron los eunucos del rey y llevaron aprisa a Amán al banquete que Ester había preparado» (6:13-14). Si Ester fuera una película, este momento estaría acompañado por el sonido grave de tambores solemnes mientras la horca se acerca poco a poco a Amán.
Confiar en la providencia de Dios no es magia. Es un hábito diario de recordar el evangelio
Dios no solo salvará a Su pueblo, sino que derribará por completo a su enemigo. Él da un giro completo a la situación, igual que cuando el faraón y Egipto entregaron sus tesoros a Moisés e Israel. Calvino dice que el poder de la providencia de Dios…
se manifiesta claramente cuando la ferocidad de los impíos, que en opinión de todos son invencibles, es vencida en un instante, su arrogancia derrotada, sus defensas más fuertes destruidas, sus jabalinas y armaduras destrozadas, su fuerza quebrantada, sus maquinaciones frustradas y ellos mismos caídos por su propio peso; y cuando su audacia, que los exaltaba por encima del cielo, los humilla hasta el centro de la tierra; cuando, por el contrario, los humildes son levantados del polvo, y los necesitados son levantados del montón de estiércol [Sal 113:7]; los oprimidos y afligidos son rescatados de su extrema tribulación; los desesperados recuperan la esperanza; los desarmados, pocos y débiles, arrebatan la victoria a los armados, muchos y fuertes.
Esto nos da esperanza y paz. Los poderosos que conspiran para destruir el evangelio y al pueblo del Señor no pueden ser más astutos que Dios. Como nos recuerda Juan en Apocalipsis, Jesús ha derribado a Satanás y ha aniquilado su poder para acusar a los creyentes y engañar a las naciones (Ap 12:10-11, 20:2-3). Ningún plan humano prevalecerá sobre la providencia de Dios para Su pueblo.
Una providencia digna de confianza
«Confía en el Señor» puede calmar mis ansiedades porque, como me recuerda Ester 6, Dios no duerme. Él se ocupa de las cosas que me mantienen despierto y, por lo tanto, puedo descansar. Ninguno de los «héroes» humanos tiene un papel en el acontecimiento que lo cambia todo. Ester y Mardoqueo no están cerca del rey esa noche. Probablemente estén dormidos. Mientras sus cabezas descansan sobre la almohada, Dios inclina el corazón del rey a favor de ellos.
Conocer la providencia de Dios no garantiza un sueño tranquilo. No es un somnífero. Puede que nos acostemos cada noche con la sensación de que los Amán del mundo seguirán ganando. Confiar en la providencia de Dios no es magia. Es un hábito diario de recordar el evangelio.
En lugar de obsesionarnos con nuestras ansiedades hasta perder el sueño, Dios nos invita a recordar Su providencia y a descansar en Su plan
El evangelio es la mayor prueba de la providencia de Dios. Dios planea, lleva a cabo y aplica nuestra salvación (Ef 1:3-14). La buena providencia de Dios estaba obrando incluso antes de que naciéramos. Mientras estábamos en la oscuridad del pecado, Dios se encargó de que Jesús reconciliara «mediante Su muerte, a fin de presentarlos santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él» (Col 1:22). ¿Puedes confiar en el corazón de Dios cuando no puedes ver Su mano? El evangelio clama: «¡Sí!»
El pastor puritano John Flavel, en su libro El misterio de la providencia, ofrece consejos prácticos sobre cómo los cristianos pueden aprender a confiar en la providencia de Dios. Él dice: «Pon ante ti la fidelidad del Señor bajo las providencias más tristes […]. Contempla la suficiencia de Dios en el día de la aflicción. Sigue viendo cómo Él es suficiente, sin importar lo que hayas perdido. Aquí está la fuente, tan llena como siempre». La fuente vivificante de la gracia de Dios nunca se seca. No importa cuánto Él derrame y cuánto bebamos de ella, la fuente de la buena providencia de Dios siempre está rebosante.
Confiar en el Señor calma mi ansiedad porque Dios siempre estará ahí y siempre me proveerá todo lo que necesito. En lugar de obsesionarnos con nuestras ansiedades hasta perder el sueño, Dios nos invita a recordar Su providencia y a descansar en Su plan sabio, poderoso y perfecto.
Puede que mis ansiedades sigan despertándome cada noche, pero puedo acallarlas recordando la buena providencia de Dios. Cuando no podamos ver Su mano, apoyémonos en Su providencia.
Publicado originalmente en The Gospel Coalition Canada. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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Scott Hurst
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