
COMPRENDER A LOS PADRES ENOJONES DESDE LA HERIDA Y NO DESDE EL JUICIO.
Una conversación que revela una verdad profunda.
Ayer, en una conversación con mi amiga Carito, ella me compartía su dolor: su padre, un hombre de 80 años, está hospitalizado. Siempre fue una figura de carácter fuerte, irritable, rudo en el trato con sus hijos y con su esposa. Desde la infancia, Carito lo recuerda como un hombre de mal genio, con reacciones desproporcionadas y palabras duras. Hoy, con la enfermedad, ese temperamento se ha intensificado: responde con ira, se muestra iracundo, impaciente, áspero.
Le dije algo que a muchos les cuesta escuchar cuando han sido heridos: muchas veces, detrás de la ira hay miedo. Miedo a verse vulnerable, a dejar de ser el pilar que sostuvo a toda la familia, a sentir que ya no es fuerte, que ya no controla su cuerpo, su vida, su destino. A veces, mientras más enojona es una persona, más amor necesita. Más abrazo. Más gestos sencillos que digan: “Estoy contigo”, “No tienes que ser fuerte ahora”, “Te veo, te acompaño”.
Los abrazos, cuando hay apertura, son expertos en ablandar al iracundo. Una palabra empática puede desarmar más que mil argumentos. Y aunque comprender la historia de vida de una persona no justifica el daño, sí nos permite mirar sus heridas con otros ojos.
¿qué es una persona enojona?
Una persona enojona no es simplemente alguien “de mal genio”. Es alguien que vive en un estado de irritabilidad frecuente, con baja tolerancia a la frustración, respuestas explosivas y dificultad para expresar emociones vulnerables como tristeza, miedo, vergüenza o dolor. En muchos padres, la ira se convierte en el único lenguaje emocional que aprendieron a hablar.
¿por qué muchos padres se vuelven iracundos?
- Heridas de la infancia no resueltas: Muchos padres crecieron en entornos donde la ternura no existía, donde el afecto se confundía con disciplina dura, donde llorar era sinónimo de debilidad. Aprendieron a sobrevivir endureciendo el corazón.
- Mandatos de masculinidad y rol de “pilar”: A muchos hombres (y también a algunas mujeres en roles de autoridad) se les enseñó que debían ser fuertes, proveedores, imperturbables. Mostrar miedo o tristeza era “fallar”. La ira se vuelve entonces la máscara permitida del dolor.
- Frustraciones acumuladas y proyectos no cumplidos: Vidas de sacrificio, renuncias, sueños postergados, silencios tragados durante años. Todo eso se va acumulando como una presión interna que, tarde o temprano, busca una salida.
- Enfermedad, vejez y pérdida de control: Cuando el cuerpo empieza a fallar, cuando la dependencia aparece, cuando la autonomía se reduce, muchas personas reaccionan con enojo. La ira se convierte en un intento desesperado de no sentirse pequeñas, frágiles o necesitadas.
- Falta de herramientas emocionales: No todos aprendieron a nombrar lo que sienten. Donde no hay lenguaje emocional, la emoción se expresa en forma de grito, sarcasmo, dureza o silencio hostil.
Lo que la ira sostenida deja a su paso.
En los hijos:
- Miedo, hipervigilancia, sensación de no ser suficientes. Adultos que repiten el patrón de la ira o, por el contrario, se vuelven complacientes y temerosos.
- Dificultad para confiar en figuras de autoridad o para expresar emociones sanamente.
En la pareja:
- Relaciones marcadas por la distancia emocional, el desgaste, el silencio o el resentimiento.
- Normalización del maltrato emocional.
En la persona iracunda:
- Aislamiento emocional.
- Dificultades en la salud física (estrés crónico, hipertensión, somatizaciones).
- Soledad afectiva, incluso estando rodeada de familia.
Cómo convivir con un padre enojón sin romperte por dentro.
- Comprender no es justificar: Entender la historia de vida de tu padre no significa permitir el maltrato. Puedes tener compasión sin normalizar la violencia emocional.
- Humanizar al “enojón”: Ver al adulto mayor no solo como el padre duro, sino como el niño herido que fue, como el hombre que tuvo que ser fuerte cuando nadie lo cuidó.
- Gestos de afecto conscientes: Cuando es posible y seguro, un abrazo, una mano en el hombro, una frase simple: “Estoy contigo”, “No tienes que cargar con todo”, “Te acompaño”. A veces no sanan de inmediato, pero siembran algo.
- Poner límites amorosos: El amor no es aguantarlo todo. Decir: “No me hables así”, “Te quiero, pero no aceptaré ese trato” también es una forma de cuidar el vínculo y cuidarte a ti.
- No personalizar la ira: Muchas de las explosiones no tienen que ver contigo, sino con batallas internas que la persona no sabe nombrar.
- Buscar apoyo emocional propio: Hablar con un terapeuta, un guía espiritual o un espacio de contención ayuda a no cargar solo con un peso que no te corresponde.
Cuando el enojo es un grito de amor no escuchado.
Tal vez tu padre nunca supo decir “tengo miedo”.
Tal vez nunca aprendió a pedir un abrazo sin sentir que perdía autoridad.
Tal vez su ira ha sido la armadura que lo sostuvo toda la vida…
y ahora, en la vejez o en la enfermedad, esa armadura pesa más que nunca.
No todos los padres enojones saben amar con palabras suaves.
Algunos aman desde el sacrificio, desde el silencio, desde la rudeza que aprendieron como único idioma emocional.
Comprender su historia no borra el dolor que causaron,
pero puede transformar la forma en que tú cargas ese dolor.
A veces, el acto más sanador no es cambiar al otro,
sino dejar de mirarlo solo como el que hirió
y empezar a verlo también como el que nunca fue sanado.
Quizá hoy no puedas recibir de tu padre el amor que siempre esperaste.
Pero sí puedes ofrecerte a ti mismo el amor que a él le faltó aprender.
Y en ese gesto (tan íntimo, tan humano)
rompes una cadena generacional de dureza
y eliges, conscientemente, no herir desde tus propias heridas.
Porque al final, sanar no es solo dejar de sangrar sobre otros,
es decidir que el dolor que recibiste
no será el legado que entregarás.
“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” Salmos 4:8 (RVR1960)
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ACERCA DEL CORRESPONSAL
ELIZABETH RONDóN
Venezolana pero actualmente es en Cali Colombia con una vasta experiencia en temas relacionados con el desarrollo personal y organizacional.
- ★LA TERAPIA PSICOLÓGICA: EL CAMINO QUE NO SIEMPRE ES CÓMODO, PERO SÍ NECESARIO.
- ★CUANDO LA IRA ES MIEDO.
- ★MISMO ÁRBOL, DIFERENTE ESTACIÓN: CUANDO LA VIDA NOS CAMBIA POR DENTRO.
- ★“CÓMO PIENSAS, SIENTES; CÓMO SIENTES, VIBRAS; CÓMO VIBRAS, ATRAES… Y TAMBIÉN RECHAZAS”
- ★EL SISTEMA NERVIOSO DESREGULADO: QUE ES, POR QUÉ OCURRE Y CÓMO VOLVER AL EQUILIBRIO.
