En mercados urbanos, restaurantes de autor y ferias gastronómicas de varias ciudades sudamericanas comenzó a repetirse un nombre que hasta hace poco era prácticamente desconocido fuera de la selva: un alimento ancestral amazónico, consumido durante siglos por comunidades originarias, se transformó en una tendencia culinaria contemporánea.
El fenómeno no surgió de una gran campaña publicitaria ni de una multinacional alimentaria. Creció de forma orgánica, impulsado por cocineros jóvenes, nutricionistas y consumidores interesados en productos naturales, sostenibles y con historia. En pocos meses, lo que era un ingrediente cotidiano en aldeas ribereñas pasó a formar parte de menús urbanos sofisticados.
Un alimento con siglos de historia
En la Amazonía, este alimento no es una novedad. Forma parte de la dieta diaria de comunidades indígenas y rurales desde mucho antes de la colonización europea. Se consume de múltiples formas: fresco, fermentado, cocido o transformado en harinas y bebidas energéticas.
Su valor no es solo nutricional. Está ligado a rituales comunitarios, ciclos agrícolas y prácticas de intercambio que sostienen la vida social en la selva. Durante generaciones, su producción fue de escala local, destinada casi exclusivamente al autoconsumo o a mercados regionales muy reducidos.

Ese equilibrio comenzó a cambiar cuando investigadores y divulgadores gastronómicos destacaron públicamente su alto contenido en proteínas, antioxidantes o ácidos grasos esenciales, despertando interés fuera del ámbito amazónico.
El salto a las ciudades
El punto de inflexión ocurrió cuando chefs de ciudades como São Paulo, Lima, Bogotá y Buenos Aires comenzaron a incorporarlo en platos experimentales. Primero apareció en restaurantes especializados en cocina regional o sostenible. Luego, en cafeterías, ferias orgánicas y tiendas de productos naturales.
Las redes sociales hicieron el resto. Videos mostrando el proceso tradicional de preparación, comparaciones nutricionales con alimentos industrializados y relatos sobre su origen cultural multiplicaron la curiosidad del público urbano.
En pocos meses, el ingrediente pasó de ser una rareza exótica a un símbolo de cocina consciente, asociada a salud, biodiversidad y rescate cultural.
Entre la revalorización y el riesgo
El auge no está exento de tensiones. Especialistas en antropología y desarrollo sostenible advierten que la creciente demanda puede generar presión sobre comunidades productoras si no se establecen mecanismos claros de comercio justo.
“El problema no es que se consuma más, sino cómo”, explicó un investigador amazónico. “Si la cadena se vuelve extractiva y excluye a quienes históricamente produjeron este alimento, el impacto puede ser negativo”.
Algunas organizaciones indígenas ya comenzaron a organizar cooperativas para controlar precios, volúmenes y métodos de producción, buscando evitar la sobreexplotación y asegurar beneficios directos para las comunidades.
Un nuevo vínculo entre ciudad y selva
Más allá del mercado, el fenómeno tiene una dimensión simbólica. En un contexto de crisis ambiental global, la popularidad de este alimento refleja un cambio cultural en sectores urbanos, que empiezan a mirar a la Amazonía no solo como reserva natural, sino como fuente de conocimiento.
Cocineros que lo utilizan insisten en contar su historia en los menús, explicando su origen y su significado. Para muchos consumidores, el interés va más allá del sabor: hay una búsqueda de conexión con territorios y culturas invisibilizadas.
¿Moda pasajera o cambio duradero?
La pregunta sigue abierta. Algunas tendencias gastronómicas desaparecen tan rápido como aparecen. Otras se integran de manera permanente a la dieta urbana. En este caso, analistas creen que su continuidad dependerá de dos factores clave: sostenibilidad real de la producción y respeto por el origen cultural.
Si ambos elementos se mantienen, el alimento amazónico podría consolidarse como un puente estable entre la selva y la ciudad. Si no, corre el riesgo de convertirse en una moda más, despojada de su contexto.
Un síntoma de algo más grande
En última instancia, esta curiosidad gastronómica habla de un proceso más amplio. América del Sur, históricamente exportadora de materias primas sin identidad, comienza a revalorizar saberes locales como parte de su proyección cultural.
Que un alimento amazónico llegue a la mesa urbana no es solo una novedad culinaria. Es una señal de que, incluso en la vida cotidiana, la región empieza a repensar su relación con su propio territorio.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es periodista brasileño, presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur. Especializado en integración regional, geopolítica y derechos humanos, desarrolla una destacada labor en el ámbito de la comunicación internacional.
Posee un Máster en Desarrollo y Cooperación Internacional y mantiene una amplia red de relaciones profesionales, académicas y diplomáticas en América Latina y Asia.
Entre sus reconocimientos destacan el Micrófono de Oro de la Asociación Nacional de Locutores de México (2021), el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Internacional México Blanco (2020) y el título de Amigo de la Niñez y la Adolescencia.
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