
Asunción. Cuando Angie Duarte habla de turismo, evita los lugares comunes. No apela al entusiasmo vacío ni a cifras aisladas. Habla de procesos, de institucionalidad, de decisiones tomadas en contextos complejos. Bajo su conducción, la Secretaría Nacional de Turismo dejó de ser un organismo periférico para convertirse en un actor estratégico del desarrollo nacional.
El año 2025 marcó un punto de inflexión: Paraguay superó los 3,6 millones de visitantes internacionales, con un crecimiento interanual cercano al 91 % y un impacto económico estimado en USD 1.279 millones. Pero para Duarte, los números —aunque importantes— son apenas la superficie visible de un cambio más profundo.
En esta entrevista exclusiva, la ministra analiza la última década del turismo paraguayo, el salto reciente, los desafíos estructurales, la sostenibilidad, la integración regional y la pregunta central que hoy atraviesa al sector: cómo transformar un récord histórico en una política duradera.
—Ministra, Paraguay cerró 2025 con cifras históricas. ¿Qué lectura hace de este momento?
—Lo primero es entender que no es un hecho aislado. Cuando vemos el crecimiento de 2025, con más de 3,6 millones de visitantes internacionales, sería un error atribuirlo solo a la coyuntura o a la reapertura postpandemia. Este resultado es la consecuencia de una década de aprendizajes, de errores corregidos y de una decisión política clara: colocar al turismo en el centro de la agenda de desarrollo.
Durante muchos años, Paraguay fue un país que no se pensaba como destino turístico. Eso empezó a cambiar gradualmente, pero el verdadero giro se dio cuando dejamos de improvisar y comenzamos a trabajar con planificación, datos y una visión de largo plazo.
—Si miramos diez años atrás, ¿cómo describiría al turismo paraguayo de entonces?
—Era un turismo invisible. Teníamos atractivos, historia, naturaleza, cultura, pero no un relato claro ni una estrategia consistente. Dependíamos casi exclusivamente del turismo regional, de corta estadía, y no lográbamos que el visitante se quedara, gastara más ni recorriera el país.
Entre 2015 y 2019 hubo avances, pero eran lentos. Luego llegó la pandemia y fue un golpe durísimo. Sin embargo, también fue un momento de reflexión. Nos preguntamos: cuando el mundo vuelva a viajar, ¿qué Paraguay queremos mostrar?
—¿Qué decisiones se tomaron a partir de esa reflexión?
—Decidimos ordenar el sector. Fortalecer Senatur institucionalmente, profesionalizar la promoción, trabajar con el sector privado, invertir en ferias, eventos, capacitación y cooperación internacional. Y algo muy importante: dejar de vender solo lugares y empezar a vender experiencias.
Paraguay no compite con otros países por volumen masivo. Compite por autenticidad, por cercanía cultural, por hospitalidad, por experiencias reales. Cuando asumimos eso, todo empezó a alinearse.
—Uno de los ejes fue el turismo de eventos y reuniones. ¿Por qué esa apuesta?
—Porque es un segmento estratégico. El turismo de reuniones trae visitantes con mayor gasto promedio, estadías más largas y una percepción distinta del país. Además, genera impacto inmediato en hotelería, gastronomía, transporte y servicios profesionales.
Invertimos mucho en posicionar a Paraguay como sede de eventos internacionales, congresos, ferias y encuentros deportivos. La Feria Internacional de Turismo del Paraguay (FITPAR) fue clave en ese proceso, porque permitió conectar oferta y demanda de manera profesional.
—¿Qué rol jugó FITPAR en el crecimiento reciente?
—Un rol decisivo. FITPAR dejó de ser una feria local para convertirse en una plataforma regional de negocios. Allí se cerraron acuerdos que luego se tradujeron en flujos reales de turistas.
Pero lo más importante es que FITPAR ayudó a cambiar la percepción externa: Paraguay empezó a ser visto como un país organizado, confiable y con una propuesta clara.
—Los datos económicos también son contundentes. ¿Qué impacto tuvo el turismo en la economía nacional?
—El impacto estimado en 2025 ronda los USD 1.279 millones, lo que convierte al turismo en uno de los sectores más dinámicos del país. Eso significa empleo, inversión, desarrollo local.
Pero también implica responsabilidad. Crecer rápido sin planificación puede generar problemas. Por eso insistimos tanto en sostenibilidad, en infraestructura, en capacitación y en gobernanza del sector.
—¿Dónde ve hoy los principales desafíos?
—Hay varios. El primero es la infraestructura: necesitamos más capacidad hotelera, mejor conectividad aérea y terrestre, servicios de calidad en todo el territorio.
El segundo es el capital humano. El turismo es una industria de personas. Si no formamos guías, operadores, hoteleros, el crecimiento no se sostiene.
Y el tercero es la gestión del crecimiento. No queremos turismo depredador ni concentrado. Queremos un turismo que beneficie a las comunidades, que respete el patrimonio y que genere orgullo local.
—¿Cómo se trabaja la sostenibilidad en un contexto de expansión?
—Con planificación y diálogo. Trabajamos con municipios, con comunidades, con el sector privado. El turismo no puede imponerse; tiene que construirse con el territorio.
También estamos fortaleciendo la medición de datos. Sin estadísticas claras, no hay política pública eficaz. Por eso estamos avanzando en observatorios y sistemas de información turística.
—A nivel regional, ¿cómo se posiciona Paraguay hoy?
—Paraguay dejó de estar al margen. Hoy participa activamente en la agenda turística regional, coopera con países vecinos y se presenta como un destino complementario, no competitivo de manera agresiva.
Tenemos una ventaja: somos un país auténtico, todavía no masificado. Eso es un valor enorme en un mundo donde muchos destinos están saturados.
—En términos personales, ¿qué significa liderar este proceso?
—Es una enorme responsabilidad. El turismo toca muchas dimensiones: economía, cultura, identidad, ambiente. Cada decisión tiene impacto real en la vida de las personas.
Mi compromiso es que este crecimiento no sea personal ni circunstancial, sino institucional. Que cuando uno mire Paraguay dentro de diez años, vea un turismo sólido, ordenado y respetado.
—Para cerrar: ¿cuál es la gran meta para los próximos años?
—Que Paraguay deje de sorprender por sus cifras y empiece a ser reconocido por su calidad. Que el mundo no solo venga, sino que quiera volver.
El récord de 2025 es un punto de partida, no de llegada. El verdadero desafío es sostenerlo con inteligencia, identidad y visión de futuro.
Angie Duarte no habla de turismo como una moda ni como un recurso pasajero. Lo entiende como política pública, como herramienta de desarrollo y como expresión de identidad nacional. Bajo su liderazgo, Paraguay dejó de explicarse y empezó a mostrarse.
Hoy, el país ya no pregunta si puede ser destino turístico.
La pregunta es qué tan bien quiere serlo.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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