El acuerdo de libre comercio entre Mercosur y Singapur ya dejó de ser una promesa diplomática para convertirse en un giro estratégico en la política comercial del bloque sudamericano. Firmado en diciembre de 2023 tras una negociación iniciada formalmente el 23 de julio de 2018, el pacto es el primero de Mercosur con un país del Sudeste Asiático y, en los hechos, funciona como una puerta de entrada al eje Asia-Pacífico. A marzo de 2026, el tratado ya entró en vigor de forma bilateral entre Singapur y Paraguay desde el 1 de febrero de 2026, y entre Singapur y Uruguay desde el 1 de marzo de 2026; para Brasil y Argentina todavía depende de la conclusión de sus ratificaciones internas.
La negociación arrancó en Puerto Vallarta, México, en el marco de la Cumbre de la Alianza del Pacífico. Entre los primeros impulsores visibles estuvieron, por el lado de Singapur, Chee Hong Tat, entonces alto responsable de Comercio e Industria, y por Mercosur los representantes que anunciaron el lanzamiento: Daniel Raimondi por Argentina, Mauricio Lyrio por Brasil, Federico González por Paraguay y Ariel Bergamino por Uruguay. La Cancillería argentina confirmó ese arranque formal y el cierre de la fase exploratoria en julio de 2018. Luego vinieron seis rondas de negociación desde 2019, hasta el anuncio de la conclusión del texto en Asunción el 20 de julio de 2022, comunicado por el vicecanciller paraguayo Raúl Cano Ricciardi y el ministro singapurense Gan Kim Yong.
Para los economistas, el dato clave no es sólo geográfico, sino conceptual. Mercosur venía siendo criticado durante años por su lentitud para cerrar acuerdos extra regionales, y el pacto con Singapur marca una inflexión: no se limita a bajar aranceles, sino que introduce disciplinas de “nueva generación” sobre servicios, inversión, compras públicas, propiedad intelectual, comercio electrónico, pymes, transparencia, medidas sanitarias y facilitación aduanera. El propio comunicado conjunto por la entrada en vigor con Uruguay lo define como un acuerdo de nueva generación, mientras que el texto legal muestra una arquitectura amplia que va mucho más allá del comercio de bienes.
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La principal ventaja para los países del Mercosur es el acceso preferencial y estable a una plataforma comercial altamente sofisticada. El resumen oficial brasileño señala que el acuerdo mejora la competitividad exportadora del bloque, crea mejores condiciones para atraer inversiones singapurenses y facilita el acceso a insumos, máquinas y equipos tecnológicamente avanzados a precios competitivos. En paralelo, el texto pactado consolida la liberalización inmediata de los aranceles de Singapur para todos los bienes exportados desde Mercosur. En otras palabras: para Paraguay y Uruguay, que ya lo tienen vigente con Singapur, sus exportaciones ingresan con una previsibilidad regulatoria y arancelaria que antes no existía; para Brasil y Argentina, ese beneficio está acordado pero aún pendiente de activación efectiva.
El segundo beneficio para Mercosur es político-estratégico. Singapur no es sólo un mercado de 5,8 millones de habitantes; es uno de los nodos logísticos, financieros y portuarios más densos del mundo, con una economía extremadamente abierta al comercio y con una vasta red de tratados. Por eso, el acuerdo no debe leerse únicamente como acceso al consumidor singapurense, sino como una palanca para proyectar exportaciones, inversiones y presencia empresarial del Mercosur en el Sudeste Asiático y, por extensión, en cadenas regionales de valor ligadas a Asia. El comunicado por la entrada en vigor con Uruguay lo describe explícitamente como una “puerta estratégica” hacia Asia-Pacífico.
Para el Mercosur, la referencia económica más sólida es el estudio oficial brasileño. Ese informe calcula que el acuerdo podría añadir R$ 28,1 mil millones al PIB de Brasil entre 2022 y 2041, elevar la inversión en R$ 11,1 mil millones, aumentar las exportaciones en R$ 21,2 mil millones y las importaciones en R$ 27,9 mil millones, con un alza total de R$ 49,1 mil millones en la corriente comercial. También proyecta una caída de 0,01% en los precios al consumidor y un aumento de 0,03% en el salario real. Como Brasil representa la mayor economía del Mercosur, esa simulación funciona como el mejor termómetro disponible del potencial económico del acuerdo para el bloque, aunque no sustituye una proyección consolidada para los cuatro socios.
Del lado de Singapur, la mejor forma de hablar de estimativa financiera es usar dos referencias concretas. Primero, el tamaño actual del vínculo: el comercio bilateral de bienes entre Brasil y Singapur llegó a 40.000 millones de reales en 2023, el comercio de servicios sumó 24.000 millones de reales en 2022 y la inversión acumulada de Singapur en Brasil alcanzó 8.000 millones de reales en 2022. Segundo, el antecedente general de la política comercial singapurense: el Ministerio de Comercio e Industria de Singapur informó al Parlamento que, en promedio, las exportaciones domésticas a socios con tratados de libre comercio aumentaron 18% dos años después de la entrada en vigor y 16% adicionales en el tercer año. No es una proyección específica para Mercosur, pero sí un antecedente oficial relevante para medir el potencial.
Los rubros del Mercosur que aparecen como más beneficiados con base en la simulación oficial brasileña y en la estructura exportadora real de Brasil, Uruguay y Paraguay son los siguientes:
1. Carnes bovinas y otras carnes no aviares ni porcinas: el estudio marca un salto potencial de 108,4% en las exportaciones bilaterales de Brasil a Singapur en ese rubro.
2. Otros productos cárnicos procesados: 28,2%.
3. Aceites vegetales y derivados oleaginosos, donde entran complejos vinculados a soja: 26,8%.
4. Otros productos animales: 22,2%.
5. Vegetales y frutas: 20,7%.
6. Lácteos: 2,84%, con relevancia especial para Uruguay, cuyo perfil exportador incluye celulosa, carne bovina, soja y productos lácteos, mientras Paraguay viene promoviendo soja y derivados, carne bovina y productos agroindustriales hacia ASEAN.
En términos más finos, el acuerdo favorece al Mercosur en dos grandes canastas. La primera es agroalimentaria: carne, lácteos, aceites vegetales, frutas y productos animales. La segunda es de servicios y comercio ampliado: comunicación, otros servicios empresariales, comercio y logística, que también aparecen entre los sectores con mejores impactos relativos en la simulación. Ahí está uno de los cambios de política más importantes del Mercosur: deja de negociar sólo “aranceles para bienes” y empieza a cerrar acuerdos que también empujan servicios, facilitación aduanera, digitalización y compras públicas.
En Singapur, los cinco rubros con mayor probabilidad de capturar beneficios son distintos.
1. Logística, transporte marítimo, almacenamiento y hub portuario, porque Singapur ya exporta servicios de transporte a gran escala y el acuerdo facilita comercio y aduanas.
2. Servicios financieros y seguros, dos sectores fuertes del país en su comercio internacional de servicios.
3. Servicios empresariales, profesionales y de apoyo a negocios, que pesan mucho en la canasta singapurense.
4. Comercio digital, telecomunicaciones e información, porque el acuerdo incorpora disciplinas de e-commerce, autenticación electrónica y comercio sin papeles.
5. Trading agroalimentario y abastecimiento, porque Singapur gana acceso más estable a proteínas, alimentos y materias primas del Mercosur, algo que el propio gobierno singapurense vincula con resiliencia de cadenas de suministro y seguridad alimentaria.
También hay ventajas sectoriales concretas. El acuerdo prevé que Mercosur liberalice aranceles sobre 95,8% de su universo arancelario para productos de Singapur en hasta 15 años, con 25,6% de las líneas ya liberadas desde la entrada en vigor correspondiente, mientras Singapur elimina de inmediato sus aranceles para las exportaciones del bloque. Esa asimetría ordenada beneficia a los socios sudamericanos porque protege productos sensibles, pero al mismo tiempo abre oportunidades para vender con mayor certidumbre bienes agroindustriales, alimentos y manufacturas en un hub importador y reexportador de alto nivel. En el caso uruguayo, el comunicado oficial destacó impactos positivos esperados en sectores productivos clave como el lácteo.
Hay además una ganancia operativa que suele pasar desapercibida: las reglas de origen y la aduana. El acuerdo incorpora reglas de origen específicas por producto, un sistema híbrido de certificación y la posibilidad de autocertificación, lo que reduce costos y burocracia. Sumado a ello, incluye facilitación del comercio y procedimientos aduaneros más transparentes. Para exportadores del Mercosur, esto significa menos fricción documental y mayor trazabilidad jurídica al momento de vender a Singapur.
Otra ventaja para el bloque es la mejora del clima de inversión y servicios. El acuerdo establece condiciones más claras y previsibles para inversionistas, crea mecanismos de cooperación y puntos focales u ombudsman para resolver dudas regulatorias, y abre un marco más avanzado para proveedores de servicios. Esa dimensión importa especialmente para Brasil y Argentina, que suelen buscar no sólo exportar bienes, sino también atraer capital y articular negocios en logística, infraestructura, tecnología, servicios empresariales y alimentos procesados.
Del lado de Singapur, las ventajas también son sustanciales. La primera es comercial: el país obtiene acceso preferencial a un bloque de gran escala, con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y un programa de eliminación arancelaria que cubre aproximadamente 96% de los productos en quince años. La segunda es regulatoria: sus empresas ganan mayor certidumbre para invertir, prestar servicios y competir en compras públicas bajo trato justo y no discriminatorio. La tercera es logística y de abastecimiento: el comunicado conjunto con Uruguay afirma que el acuerdo ayuda a diversificar y volver más resilientes las cadenas de suministro singapurenses, algo especialmente relevante para una economía altamente dependiente del comercio internacional y de la seguridad alimentaria.
Singapur también gana en digitalización y proyección empresarial. Enterprise Singapore destaca que el tratado promueve autenticación electrónica, comercio sin papeles, marcos domésticos para transacciones electrónicas y protección al consumidor online, además de cooperación para internacionalizar pymes. En términos prácticos, Singapur asegura mejores condiciones para que sus firmas de tecnología, logística, construcción, I+D, servicios financieros y comercio digital entren o amplíen operaciones en Sudamérica con un terreno normativo menos incierto.
En materia de política comercial, el cambio de Mercosur con Singapur es profundo. Primero, el bloque se mueve de una lógica más defensiva, centrada en aranceles, hacia una agenda más integral y compatible con tratados contemporáneos. Segundo, empieza a institucionalizar disciplinas que en Mercosur no siempre estuvieron al centro de su estrategia externa: e-commerce, compras públicas, pymes, facilitación del comercio, transparencia y servicios. Tercero, envía una señal geoeconómica: el bloque ya no mira sólo al Atlántico y a Europa, sino que busca inserción activa en Asia, la región más dinámica del comercio mundial según el propio resumen oficial brasileño.
El acuerdo fue firmado el 7 de diciembre de 2023, en la 63ª Cumbre de Jefes de Estado de Mercosur y Estados Asociados, por el canciller de Singapur Vivian Balakrishnan y los ministros de los cuatro Estados parte del bloque. Desde entonces, su despliegue ha sido gradual: primero el texto legal en inglés, luego los trámites internos, y finalmente la entrada en vigor parcial por pares bilaterales. Esa implementación fragmentada es importante para no sobredimensionar el alcance actual: hoy el acuerdo ya opera para Paraguay-Singapur y Uruguay-Singapur, pero todavía no para Brasil-Singapur ni Argentina-Singapur.
En síntesis, el tratado Mercosur-Singapur no es sólo otro acuerdo comercial. Es una señal de cambio de rumbo. Para Mercosur, ofrece acceso preferencial a un hub asiático, moderniza reglas y mejora la narrativa de inserción internacional del bloque. Para Singapur, asegura acceso a un mercado sudamericano amplio, mejora sus opciones de inversión y fortalece cadenas de abastecimiento. Y para la política económica regional, deja una conclusión nítida: cuando Mercosur quiere moverse hacia Asia con una agenda moderna, puede hacerlo con rapidez relativa. Frente a otras negociaciones interminables, el pacto con Singapur aparece como un laboratorio de la nueva diplomacia comercial del bloque.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
GILSON DANTAS CARMINI
Gilson Dantas Carmini es un periodista brasileño, originario de Goiás, reconocido por su trabajo en la cobertura de temas internacionales y por su liderazgo en la organización Prensa Mercosur.
Prensa Mercosur: Se desempeña como presidente y editor en jefe de Prensa Mercosur, un medio centrado en noticias sobre integración regional, geopolítica y derechos humanos en América Latina.
Geopolítica: A menudo comenta y analiza las relaciones diplomáticas entre el Mercosur y grandes potencias como China.
Repatriación (2016): Alcanzó notoriedad en 2016 cuando fue repatriado de Ecuador a Brasil en una misión de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB), acompañado de su familia, tras situaciones de emergencia en el país andino.
Presencia Internacional: Mantiene una fuerte conexión con Paraguay y Ecuador, participando en eventos académicos y diplomáticos, como visitas a la UNILA (Universidad Federal de la Integración Latinoamericana) para fomentar programas de intercambio.
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