EL ESPECTADOR COMO PROTAGONISTA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Si todos los géneros y obras dialogan con sus públicos de diversas formas, lo de Scream ha sido, desde su primera entrega, más explícito, pero sin carecer de sutilezas. Un pensar -y explicitar ese pensamiento- las reglas genéricas, sus convenciones y lugares comunes junto con el espectador, al que se hacía partícipe del suspenso, la angustia y hasta el terror. Craven ya había intentado un ejercicio de autoconsciencia y de interpelación -aunque no tan similar- con La nueva pesadilla, pero el fracaso en la taquilla le había demostrado que todavía el contexto no estaba preparado. Tuvo que aparecer el guión de Kevin Williamson para que se inaugurara otra etapa del slasher.
Pero claro, esa inauguración de otro momento del subgénero implicó, inevitablemente, una clausura. Scream. Vigila quien llama es, ciertamente, un film de cierre y hasta despedida, un asumir que el terror -al menos, el más mainstream- había llegado a un punto de saturación, donde todo parecía ya escrito y que lo quedaba por delante era, a lo sumo, la reescritura. Pero que esa reescritura podía ser un proceso estimulante y definitivamente creativo, uno tan tortuoso como divertido. Porque la película es eso desde su mismo comienzo, uno donde no conocemos a la víctima -Drew Barrymore es apenas un rostro conocido que solo durante unos minutos insinúa ser la protagonista para romper con las expectativas- y en el que el victimario se posiciona como un ser que hace de su anonimato su mayor fortaleza. Y en el que la angustia interactúa con el morbo, a partir de una puesta en escena que se hace cargo tanto de la torpeza de la joven que entiende el juego letal en el que está metida demasiado tarde, como de las limitaciones de un asesino que parece tener todo planificado, excepto el enfrentamiento físico.
El dúo Craven-Williamson consigue hacer parte al espectador con un giro simple, pero sumamente transformador: presentar protagonistas que, cada uno a su manera, ya son espectadores formados en la tradición del cine de terror, que han crecido aprendiendo de manera casi natural historias, estereotipos y convenciones, pero que de repente se encuentran siendo parte. Las diferencias entre ficción y realidad se van haciendo difusas, pero no por el quiebre con lo onírico (o al menos, no tanto) como en La nueva pesadilla, sino porque los homicidios que se van sucediendo revelan que hay alguien construyendo su propia ficción dentro de la realidad, testeando cada uno de los límites que se naturalizaban. Frente a eso, surge un conjunto de contradicciones constantes: la burla y el temor, el morbo y el horror, la cobardía y la fortaleza, la huida y el enfrentamiento, la risa y la angustia. Scream. Vigila quien llama es una montaña rusa genérica y de tonalidades, un gran drama de pérdida y de reconfiguración del pasado, pero también una comedia donde los chistes e ironías tienen un timing perfecto.
Con este éxito inesperado, que se fue construyendo progresivamente (la película se estrenó unos días antes de la Navidad, en una fecha que no suele darle cabida al terror, y a pesar de un arranque mediocre, el boca a boca le permitió superar los 100 millones de dólares), Craven también, casi por lógica, crearía una nueva trampa. Hollywood enseguida tomó nota de que la autoconsciencia garpaba y enseguida llegaron, en rápida sucesión, réplicas/reversiones como Leyenda urbana y Sé lo que hicieron el verano pasado (esta última también escrita por Williamson) que estuvieron lejísimo de la inspiración original. El colmo fue el suceso de Una película de miedo, que no parecía tener consciencia de que estaba satirizando una parodia. Porque eso era Scream. Vigila quien llama: un ejercicio paródico, que tomaba normas que lucían inamovibles, evidenciaba su agotamiento y las ponía en tensión, mientras al mismo tiempo las respetaba, aunque no fuera tan evidente en su tono irónico. En ese respeto también había amor por lo que se contaba, lo que explica la paciente construcción de una heroína como Sydney Campbell, el retrato de una profesional casi amoral como Gale Weathers y hasta el hallazgo de grandes sidekicks como Randy y Dewey, con Neve Campbell, Courteney Cox, Jamie Kennedy y David Arquette, respectivamente, en los papeles de sus vidas. Todavía hoy, Scream. Vigila quien llama se sostiene como un gran canto de amor a un género y sus distintas expresiones, que nos entretiene y a la vez nos hace interrogarnos, sin didactismo, sobre esa fuente de entretenimiento.
Publicado por: admin
Fuente de esta noticia: https://www.funcinema.com.ar/2026/03/scream-vigila-quien-llama-1996/
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