
El Brent llega a 119,50 dólares, las bolsas asiáticas se hunden hasta 8% y el mundo enfrenta riesgos simultáneos de inflación acelerada y freno al crecimiento global
El conflicto armado que enfrenta a Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciado el 28 de febrero, escaló de forma dramática durante el fin de semana y desencadenó este lunes una de las sacudidas más violentas que han experimentado los mercados financieros internacionales en años. El precio del petróleo se disparó a niveles no vistos desde mediados de 2022 y los principales parqués asiáticos registraron desplomes que, en algunos casos, superaron el 8%. El epicentro de la crisis es el estrecho de Ormuz, la vía marítima más estratégica del planeta para el transporte de hidrocarburos, cuyo tráfico se encuentra prácticamente paralizado.
El petróleo, en niveles históricos
El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI) llegó a subir más de 30% durante las primeras operaciones de la jornada, rozando los 119,48 dólares, su cotización más elevada desde julio de 2022, antes de estabilizarse temporalmente alrededor de los 102 dólares. El contrato ya había acumulado un alza del 12% el viernes previo, lo que eleva el incremento semanal a casi 36% y el avance desde comienzos de año a más del 80%, configurando el mayor shock de precios del período.
El petróleo Brent, referencia internacional, siguió una trayectoria similar: trepó hasta los 119,50 dólares por barril, equivalente a un salto del 27,54% en la jornada, aunque luego retrocedió hacia los 105 dólares. En términos mensuales, el Brent acumula una suba superior al 53%, dado que toda la escalada asociada al conflicto se produjo dentro del mes de marzo. De sostenerse los niveles actuales hasta el cierre del mercado, se trataría del mayor incremento diario registrado en la historia del comercio de futuros de petróleo, mercado que opera desde la década de 1980.
Ormuz, el cuello de botella del mundo
Los temores de los inversores se concentran en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo angosto que conecta el Golfo Pérsico con el resto del mundo y por el que habitualmente transita cerca del 20% del petróleo consumido a nivel global. Según la firma de investigación energética Rystad Energy, aproximadamente 15 millones de barriles cruzan ese corredor cada día en condiciones normales.
Desde el inicio de las operaciones militares, varios petroleros fueron atacados con misiles y drones iraníes, lo que llevó a la mayoría de las compañías navieras a suspender temporalmente el tránsito por la zona. La consecuencia fue inmediata: países productores como Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos comenzaron a reducir su producción ante la imposibilidad de exportar y el rápido llenado de sus depósitos de almacenamiento. Kuwait confirmó recortes en su producción sin precisar la escala, mientras que en Irak la caída productiva fue de alrededor del 70% en apenas unos pocos días.
El historiador energético Daniel Yergin advirtió que «estamos ante lo que es, con diferencia, la mayor perturbación en la historia mundial en términos de producción diaria de petróleo», y sostuvo que si la situación se prolonga durante semanas «repercutirá en toda la economía mundial». El diario The Wall Street Journal tituló el domingo que el tráfico a través del estrecho de Ormuz «se ha paralizado prácticamente, desatando la crisis energética más grave desde la década de 1970».
Una escalada militar que se extiende a la infraestructura energética
La intensificación del conflicto durante el fin de semana incluyó ataques israelíes contra instalaciones petroleras iraníes en las cercanías de Teherán: al menos cuatro depósitos de combustible y un centro de transferencia de petróleo fueron alcanzados, desatando grandes incendios e interrupciones en el suministro de la capital. Irán respondió con misiles y drones dirigidos contra posiciones israelíes y contra infraestructura energética en el Golfo, incluyendo intentos de atacar instalaciones petroleras y plantas de desalinización en países vecinos.
Ante ese panorama, el precio del Brent abrió el lunes con un salto inicial del 15% y continuó escalando hasta los 119 dólares, marcando un incremento del 29% en la jornada. El gas europeo también registró una suba del 17% en el día, que se suma a la revalorización del 67% de la semana anterior, colocando el precio por encima de los 62 euros por megavatio-hora. El combustible de aviación, el oro, la plata y las criptomonedas también mostraron movimientos pronunciados en un contexto de aversión generalizada al riesgo.
El derrumbe bursátil asiático y europeo
Las bolsas asiáticas cerraron con pérdidas severas. El índice Kospi de Corea del Sur, que había registrado un rendimiento sólido este año impulsado por sus empresas tecnológicas, cedió más del 8%. El Nikkei japonés se desplomó un 7,6%, y la Bolsa de Taipéi retrocedió más del 5%. Caídas adicionales se registraron en Hong Kong, Shanghái, Sídney, Singapur, Manila y Wellington, aunque en los mercados chinos las bajas fueron más moderadas: el índice de Hong Kong perdió un 1,7% y el de Shanghái menos del 1%.
En Europa, las bolsas abrieron con desplomes abultados que se fueron atenuando durante la sesión. El Ibex 35 español inauguró la jornada con una caída del 3% —la mayor del continente— y a media sesión mantenía una corrección del 2%, situándose alrededor de los 16.700 puntos. La bolsa parisina perdió cerca de un 2%, también afectada por las empresas de lujo de fuerte peso en su índice, vulnerables a las disrupciones globales de suministro. El EuroStoxx 50 cedió un 2% y el Dax alemán un 1,8%.
El índice VIX, conocido como el «índice del miedo» de Wall Street, trepó un 36% solo durante esa jornada, superando los 32 puntos, su nivel más elevado desde la crisis arancelaria desatada por Donald Trump a comienzos de abril del año pasado. Los futuros de Wall Street anticipaban asimismo una destrucción significativa de riqueza bursátil.
Amenaza inflacionaria y freno al crecimiento
El encarecimiento del petróleo plantea un dilema severo para las economías desarrolladas. Según modelos de la firma Kobeissi, si los precios se mantienen en torno a los 120 dólares por barril durante tres meses, la inflación en Estados Unidos podría trepar hasta el 3,7%, su nivel más alto desde septiembre de 2023, lo que obligaría a la Reserva Federal —que cambia de presidente en mayo— a revertir el ciclo de recortes de tasas que venía implementando.
Goldman Sachs, en una nota dirigida a inversores, estimó que si los precios del crudo se ubican 10 dólares por encima de los niveles actuales durante tres meses, la inflación interanual del índice de precios al consumidor en Estados Unidos subiría del 2,4% registrado en enero al 3% hacia mayo. En términos prácticos, la gasolina en el mercado estadounidense ya costaba 46 centavos más por galón respecto de la semana anterior, según la Asociación Americana del Automóvil (AAA), mientras que el diésel se había encarecido 83 centavos.
JPMorgan advirtió en sus análisis que «cada aumento del 10% en los precios del petróleo debería traducirse en un incremento de 10 puntos básicos en la inflación general y un lastre de entre 15 y 20 puntos básicos en el crecimiento del PIB». Bruce Kasman, economista jefe de la misma entidad, señaló que en el corto plazo el precio del crudo podría aproximarse a los 120 dólares por barril antes de moderarse si el conflicto cede, pero advirtió que una solución política tardía mantendría la presión alcista sobre el Brent durante los próximos meses, con consecuencias directas sobre el crecimiento global y la inflación.
El informe de inflación del índice de precios al consumidor (CPI) que se publicará el miércoles aún no reflejará los efectos de este shock energético, dado que toda la escalada se produjo dentro de marzo. Eso significa que el impacto real en los datos oficiales solo comenzará a revelarse en las próximas publicaciones.
La respuesta del G7 y las reservas estratégicas
Los precios retrocedieron parcialmente durante la jornada tras trascender que los países del Grupo de los Siete (G7) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) estudian una liberación coordinada de reservas estratégicas de emergencia. Los ministros de finanzas del G7 preparaban para ese mediodía una reunión de urgencia para analizar las consecuencias económicas del conflicto y discutir una eventual intervención conjunta.
Los trascendidos preliminares indicaban que se evaluaría liberar entre 300 y 400 millones de barriles, equivalente a entre el 25% y el 30% de las reservas estratégicas globales, que totalizan aproximadamente 1.200 millones de barriles. A modo de referencia, la liberación coordinada realizada durante la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania en 2022 fue de unos 240 millones de barriles, de los cuales aproximadamente la mitad fue aportada por Estados Unidos. Los analistas, sin embargo, advierten que históricamente estas intervenciones funcionan como un amortiguador temporal que reduce los precios entre 10 y 20 dólares, sin alterar de forma permanente el equilibrio entre oferta y demanda. Japón ya había liberado parte de sus propias reservas con carácter previo al anuncio grupal.
Trump minimiza el impacto y endurece su posición
El presidente Donald Trump descartó la preocupación por el encarecimiento del petróleo en un mensaje publicado en su red social Truth Social, en el que calificó el alza del crudo como un «pequeño precio a pagar» frente al objetivo de eliminar la amenaza del programa nuclear iraní. El mandatario sostuvo que las cotizaciones caerán rápidamente una vez que esa amenaza sea neutralizada, y afirmó que «solo los tontos pensarían lo contrario».
En paralelo, Trump amenazó con arrasar Irán, no descartó el despliegue de tropas sobre el terreno y exigió «rendición absoluta». Irán, por su parte, desafió las advertencias del gobierno estadounidense al designar como nuevo líder al hijo del ayatola Alí Jamenei. La Casa Blanca también relajó la semana pasada algunas de las prohibiciones vigentes sobre el crudo ruso, lo que llevó a los mercados a especular con que más flexibilizaciones podrían seguir como parte de una eventual reconfiguración de alianzas energéticas.
Una crisis con potencial de reescribir el mapa geopolítico
El shock energético en curso es el más intenso registrado desde la crisis de la década de 1970 según múltiples analistas, y su duración determinará la magnitud del daño. La energía es un insumo transversal a la industria, el transporte y la producción de alimentos, por lo que un encarecimiento sostenido tiene efectos en cascada sobre el costo de vida, la rentabilidad empresarial y las decisiones de política monetaria en todo el mundo.
La situación es especialmente sensible en un año electoral en Estados Unidos, donde la inflación ya había sido uno de los principales factores de desgaste político en administraciones anteriores. Bajo la confluencia de aranceles que castigan el comercio, una escalada bélica que abre nuevos frentes y un dólar que se fortalece como activo refugio, el escenario que enfrentan las economías globales combina, en simultaneo, los riesgos de mayor inflación, desaceleración del crecimiento y endurecimiento de las condiciones financieras. Una combinación que los mercados llevan días tratando de cuantificar y que los gobiernos, hasta ahora, no han logrado detener.
M-Redacción
Fuente de esta noticia: https://economia.com.py/la-guerra-en-medio-oriente-paraliza-el-estrecho-de-ormuz-y-desata-el-mayor-shock-petrolero-en-decadas/
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