
Trump reúne a sus aliados latinoamericanos en Miami y deja afuera a los países con más narcotráfico. No fueron invitados, casualmente, los presidentes de izquierda de la región.
La cumbre tiene nombre, sede y lista de invitados confirmada. Este sábado, Donald Trump recibirá en el Trump National Doral Miami —uno de sus propios hoteles en Florida— a los líderes de once países latinoamericanos bajo el paraguas de lo que la Casa Blanca bautizó como «Escudo de las Américas«.
El objetivo declarado es, según el gobierno norteamericano, «combatir el narcotráfico«, las pandillas y la migración irregular. Pero la lista de ausentes dice más sobre la naturaleza del encuentro que la lista de presentes.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, describió a los países convocados como una coalición histórica formada para enfrentar a las organizaciones narcoterroristas y frenar la migración masiva hacia Estados Unidos y el hemisferio occidental. The Daily Beast Las naciones invitadas son Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Chile, que aún tiene al izquierdista Gabriel Boric como presidente en funciones, será representado por el ultraderechista presidente electo José Antonio Kast, quien asumirá el cargo el 11 de marzo.
Lo que no aparece en esa lista resulta difícil de ignorar: México y Colombia —los dos países históricamente más asociados al narcotráfico en el continente— no fueron invitados. Brasil, la mayor economía de la región, tampoco. Uruguay, que mantiene una posición diplomática independiente y cuenta con una institucionalidad democrática reconocida internacionalmente, también quedó fuera.
Una cumbre política de aliados, no de expertos en narcotráfico
Todos los líderes convocados son, en mayor o menor medida, cercanos al presidente republicano, y eso lo explica todo. En lugar de avanzar hacia una Cumbre de las Américas —el foro hemisférico tradicional, actualmente postergado—, la administración Trump optó por este formato minilateral e ideológico, que reduce la alianza a gobiernos afines a sus intereses. No es una cumbre contra el narcotráfico: es una cumbre de socios políticos a los que se les da un marco temático para justificar el encuentro.
El perfil de los invitados lo confirma. Entre los asistentes se encuentran Javier Milei de Argentina, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador, Nasry Asfura de Honduras y Santiago Peña de Paraguay. Todos ellos han cooperado activamente con la agenda migratoria y de seguridad de Trump.
Bukele, en particular, se convirtió en el modelo de referencia de la administración estadounidense: El Salvador recibe regularmente vuelos con migrantes deportados y acordó alojar en sus cárceles de alta seguridad a personas con antecedentes penales graves enviadas desde Estados Unidos.
El mensaje de Hegseth y Miller
El día previo a la cumbre de presidentes, el secretario de Defensa Pete Hegseth protagonizó el acto inaugural de la primera «Conferencia Contra los Carteles de las Américas«, celebrada en el Comando Sur de Estados Unidos en Miami. Hegseth advirtió que Washington está preparado para actuar solo si los gobiernos de la región no combaten con suficiente eficacia a las organizaciones criminales que amenazan directamente la seguridad fronteriza estadounidense. «EE.UU. está preparada para enfrentar estas amenazas y pasar a la ofensiva sola si es necesario«, declaró. Atlaspress
El tono fue aún más duro por parte de Stephen Miller, arquitecto clave de la política exterior agresiva de la administración. Miller equiparó a los carteles latinoamericanos con el Estado Islámico y Al-Qaeda, y sostuvo que deben ser tratados con la misma brutalidad, descartando cualquier solución basada en el sistema de justicia penal. «No hay una solución judicial para los carteles», afirmó, reclamando el uso del poder militar y la fuerza letal como única respuesta válida.
La doctrina Monroe en versión 2026
Detrás del formato de la cumbre hay una estrategia más amplia. Trump definió su política hemisférica como la «Doctrina Donroe«, en referencia directa a la Doctrina Monroe de 1823, que buscó establecer una esfera de influencia estadounidense en el hemisferio occidental, separada de Europa. Su estrategia de seguridad nacional la desarrolla bajo el concepto «Enlistar y Expandir«: identificar gobiernos afines y construir con ellos una coalición que opere en función de los intereses de Washington.
Analistas advierten que este enfoque minilateral e ideológico puede generar ganancias simbólicas en el corto plazo, pero resulta miope tanto para Estados Unidos como para los países participantes. Construir relaciones sobre afinidades personales o ideológicas entre líderes —en sociedades democráticas donde los vientos políticos eventualmente cambian— corre el riesgo de socavar el desarrollo de vínculos bilaterales de largo plazo.
El antecedente más citado es el de la Argentina de Carlos Menem en los años 90, que apostó todo al vínculo personal con Washington y pagó el costo cuando ese vínculo se diluyó con los cambios de gobierno. La historia, sugieren quienes observan el proceso desde afuera de la sala, tiene una tendencia incómoda a repetirse.
La cumbre del sábado en Doral puede producir declaraciones conjuntas, acuerdos de cooperación en seguridad y fotografías de familia. Lo que difícilmente produzca es una estrategia real contra el narcotráfico, por la razón más simple: los países donde el problema es más grave no están en la mesa.
lr21.com.uy
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