
Pocas situaciones reflejan con tanta crudeza el abandono del sistema sanitario en Alto Paraná como el escandaloso caso de la planta generadora de oxígeno del Hospital Regional de Ciudad del Este. Lo que en 2022 fue anunciado con bombos y platillos como una solución histórica para garantizar el suministro de oxígeno medicinal hoy se ha convertido en un monumento al fracaso, la desidia y la irresponsabilidad institucional. Una inversión de G. 4.170 millones financiada por Itaipu Binacional permanece inutilizada mientras los pacientes que dependen de oxígeno luchan literalmente por respirar.
Se trata de una vergüenza colectiva que involucra a múltiples instituciones. Es una vergüenza para la Municipalidad de Ciudad del Este, incapaz de ejercer liderazgo y exigir soluciones para el principal hospital público de la región. Es una vergüenza para la Gobernación del Alto Paraná, que guarda silencio ante un problema que afecta directamente a los sectores más vulnerables. Es una vergüenza para Itaipu Binacional, que invirtió miles de millones de guaraníes en una infraestructura que hoy no cumple ninguna función. Es una vergüenza para el Ministerio de Salud Pública, responsable directo de garantizar el funcionamiento del sistema sanitario. Y es, finalmente, una vergüenza para el Gobierno del presidente Santiago Peña, que permite que esta situación continúe sin respuestas concretas.
Lo más indignante es que la paralización de la planta no obedece a una falla estructural compleja ni a un problema técnico imposible de resolver. La producción comenzó a deteriorarse desde agosto del año pasado debido a la avería de una simple válvula cuyo reemplazo costaría apenas G. 35 millones. Es decir, una inversión millonaria permanece paralizada por una suma insignificante en términos presupuestarios. La proporción resulta absurda: miles de millones inmovilizados por una reparación menor que debió resolverse en cuestión de días y no de meses.
Mientras la burocracia avanza a paso de tortuga, las consecuencias las pagan los pacientes. Decenas de personas que dependen del oxígeno medicinal quedan desamparadas cada semana. Los familiares llegan con sus balones vacíos y reciben como única respuesta la orden de trasladarse a Hernandarias o Presidente Franco para intentar conseguir el insumo. Muchos no tienen recursos para movilizarse, y menos aún para pagar el servicio en el sector privado.
En estos casos la falta de oxígeno no es una metáfora: es una sentencia de muerte. Quienes no pueden costear el servicio particular quedan condenados a una lenta agonía. Ya se han registrado fallecimientos que pudieron evitarse si el sistema público funcionara como corresponde. La planta de oxígeno inactiva no solo representa una inversión desperdiciada; representa vidas perdidas por negligencia.
El argumento oficial de que el hospital mantiene el suministro mediante un contrato con una empresa tercerizada no resuelve el problema. Depender de proveedores privados mientras la infraestructura propia permanece inutilizada solo evidencia la falta de planificación y control. El Estado termina pagando dos veces: primero por la planta que no funciona y después por el servicio tercerizado.
Lo ocurrido demuestra que en el sistema de salud pública no basta con inaugurar obras ni cortar cintas. Las autoridades aparecen para las fotografías y los discursos, pero desaparecen cuando llega el momento de garantizar el funcionamiento y el mantenimiento. La planta de oxígeno del Hospital Regional es el símbolo perfecto de esa política basada en anuncios grandilocuentes y resultados inexistentes.
Resulta inadmisible que hayan transcurrido siete meses desde las primeras fallas sin que se concrete la reparación. Más grave aún es que haya pasado más de un mes desde el anuncio de licitación sin que exista una solución visible. La lentitud administrativa se convierte, en estos casos, en una forma silenciosa de violencia contra los sectores más pobres.
Ciudad del Este, segunda ciudad del país y cabecera de una región estratégica, no puede permitirse un hospital público donde falte el insumo más básico para salvar vidas. El oxígeno no es un lujo ni un servicio opcional: es un elemento esencial para la supervivencia de los pacientes más vulnerables.
admin
Fuente de esta noticia: https://www.laclave.com.py/2026/03/03/el-oxigeno-que-falta-verguenza-y-abandono-en-el-hospital-regional-de-ciudad-del-este/
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