
Con todo, los números del INE marcan un hito que el gobierno del Frente Amplio no dejará de capitalizar políticamente: los trabajadores uruguayos nunca habían tenido, en términos reales, tanto poder de compra como en este inicio de 2026.
El poder adquisitivo de los trabajadores uruguayos llegó en enero de 2026 a su punto más alto desde 1975, según el Índice Medio de Salarios (IMS) que elabora mensualmente el Instituto Nacional de Estadística (INE). El indicador registró una suba del 1,7% interanual en términos reales, consolidando una tendencia de recuperación que coloca a Uruguay en una posición inédita en su historia reciente.
El gráfico del INE cuenta una historia de caídas y remontadas. Tomando como base el año 1998, el salario real tocó su piso histórico en 2004 —en torno a los 77 puntos, durante el gobierno de Jorge Batlle, del Partido Colorado— como consecuencia directa de la crisis financiera de 2002, que devastó el mercado laboral y erosionó los ingresos de amplias capas de la población. Desde entonces, el índice inició una recuperación sostenida que, con algunos frenos, llegó a superar los 135 puntos a principios de 2026.
El impacto de la pandemia y máximo histórico en la administración Orsi
Con la llegada de la pandemia, el empleo sufrió una fuerte caída, arrastrando consigo a la masa salarial. Superada esa etapa, el salario se vio frenado en términos reales por el empuje inflacionario de los meses posteriores, durante el gobierno de Luis Lacalle Pou, del Partido Nacional. Fue recién en 2023 cuando comenzaron los aumentos salariales nominales por encima de la inflación, mientras el empleo seguía fortaleciéndose.
El dato más relevante llega en el primer año de gestión del presidente Yamandú Orsi (del Frente Amplio), quien asumió el 1° de marzo de 2025. Bajo su administración, el salario real acumuló un crecimiento del 1,7% interanual a enero de 2026, consolidando la recuperación iniciada en el período anterior y llevándola a niveles récord.
La variación acumulada desde 2019 ya asciende al 4,1%, una señal de que el poder adquisitivo de los trabajadores uruguayos no solo recuperó lo perdido durante la pandemia, sino que lo superó con creces.
La política salarial del gobierno actual apunta a sostener ajustes por encima de la inflación, en un contexto donde el Banco Central del Uruguay (BCU) logró reducir drásticamente la inflación mediante una política monetaria contractiva. Esta combinación —inflación a la baja, salarios en alza— fue el motor principal del récord registrado.
Ajuste del salario mínimo
En ese marco, el Poder Ejecutivo fijó el Salario Mínimo Nacional en $24.572 a partir del 1° de enero de 2026, con un incremento del 4,1%, y estableció un ajuste adicional del 3,3% para el 1° de julio de 2026.
La mejora salarial no está exenta de advertencias. El aumento del gasto en salarios impacta sobre las cuentas públicas, dado que la mayor parte del gasto del Estado está compuesto por retribuciones. El déficit fiscal se ubica en torno al 4,4% del PBI, lo que enciende alertas sobre la sostenibilidad fiscal de mediano plazo. El desafío del gobierno de Orsi será sostener este avance histórico sin comprometer el equilibrio de las cuentas públicas, al tiempo que retoma la reducción de los niveles de informalidad laboral, una de las asignaturas pendientes de la economía uruguaya.
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