
Las estaciones de servicio de Santa Cruz reportan una preocupante disminución en la comercialización de carburantes, debido al temor generalizado de los propietarios de vehículos por los daños mecánicos que provoca la gasolina de mala calidad. Esta situación ha generado una crisis de confianza que mantiene a miles de conductores alejados de las estaciones de servicio para proteger sus motores.
La parálisis en el consumo no es casual, bajo la lupa de La Mesa de Análisis, donde se observa que la desconfianza del ciudadano ha superado la necesidad de movilidad. La falta de respuestas técnicas sobre la gasolina «desestabilizada» ha transformado un problema de suministro en una crisis de fe institucional que golpea directamente al sector privado.
Susy Dorado, gerente de Asosur, confirmó a Unitel que la credibilidad de los surtidores está bajo ataque y que las ventas han caído de manera estrepitosa. Los conductores denuncian constantes fallas en sus motorizados tras cargar combustible, lo que ha derivado en protestas y en la decisión de muchos de dejar sus autos guardados.
Desde la otra acera, el panorama sugiere que el sector comercial está siendo utilizado como un escudo ante las deficiencias de YPFB. Mientras la estatal petrolera guarda silencio sobre los volúmenes de combustible contaminado con manganeso, los surtidores enfrentan fiscalizaciones agresivas y el precintado de sus instalaciones.
La Asociación de Surtidores ha sido enfática al señalar que ellos son solo el puente de comercialización y no tienen control sobre la producción o importación del producto. El sector exige transparencia absoluta a la petrolera estatal sobre el lote de carburantes en malas condiciones que fue distribuido en el mercado nacional.
La normativa actual somete a las estaciones de servicio a una fiscalización extrema por parte de la ANH y Sustancias Controladas, pero ninguna de estas entidades garantiza la calidad del producto que llega desde las plantas de almacenaje. Esta asimetría regulatoria deja al usuario final y al propietario del surtidor en una total indefensión.
Asosur ha enviado cartas oficiales exigiendo respuestas claras sobre los procedimientos de control de calidad aplicados por la estatal petrolera antes de la entrega del producto. Lamentablemente, la respuesta de las autoridades ha sido nula, incrementando la incertidumbre entre los comercializadores y el público usuario.
El precintado de estaciones en ciudades como El Alto ha encendido las alarmas en el sector, que considera estas acciones como intentos de «endosar» la responsabilidad de la mala calidad a quienes solo venden el producto. El gremio rechaza rotundamente ser responsable de un proceso de refinación o importación que les es ajeno.
El Dato de Cierre: Los talleres mecánicos reportan incremento del 40% en casos de limpieza de tanques y cambio de filtros, lo que confirma que el daño por la gasolina desestabilizada es una realidad técnica y no solo un rumor.
hoybolivia.com
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