
Imagen Cancillería de Colombia
Cartagena se convirtió esta semana en el escenario donde el debate sobre la tierra dejó de ser un asunto doméstico para asumir su dimensión verdaderamente global. En una ceremonia solemne y de alto contenido político, Colombia instaló la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), el encuentro más relevante del mundo en esta materia, con la participación activa de la Cancillería y la presencia de delegaciones de más de cien países.
El acto protocolario fue encabezado por el presidente Gustavo Petro, junto a la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, y la canciller Yolanda Villavicencio, cuya intervención marcó el tono diplomático de una conferencia que busca renovar compromisos internacionales en torno al acceso equitativo a la tierra y al desarrollo rural sostenible.
Desde el corazón histórico de Cartagena, la instalación de la ICARRD+20 proyectó un mensaje claro: la tierra no es únicamente un activo productivo, sino un derecho, una condición esencial para la paz y una herramienta determinante para combatir el hambre y la pobreza rural. Bajo la consigna #TierraRaizDelCambio, el Gobierno colombiano abrió un espacio de conversación que articula justicia social, seguridad alimentaria y sostenibilidad ambiental en un mismo horizonte.
La magnitud del evento confirma su relevancia. Gobiernos, organismos internacionales, representantes de pueblos indígenas, comunidades campesinas y afrodescendientes, pastores, pescadores, mujeres rurales y jóvenes se reúnen en una misma mesa para discutir las deudas históricas en torno a la distribución y uso de la tierra. No se trata solo de diagnósticos: la expectativa está puesta en la construcción de acuerdos concretos que permitan traducir las declaraciones en políticas públicas medibles y en compromisos verificables.
La Cancillería colombiana ha asumido un rol protagónico en la articulación de esta agenda. En un contexto internacional marcado por crisis alimentarias, conflictos territoriales y el impacto del cambio climático en las zonas rurales, la diplomacia colombiana busca posicionar el debate sobre la reforma agraria como un pilar de la cooperación global. La presencia activa de la ministra Villavicencio simboliza esa apuesta por conectar la política interna de transformación del campo con las discusiones multilaterales sobre desarrollo y equidad.
Durante la ceremonia de instalación, el presidente Petro subrayó que la desigualdad en el acceso a la tierra ha sido una de las raíces profundas de la violencia y la exclusión en América Latina. Insistió en que sin una reforma agraria efectiva y sostenible no habrá seguridad alimentaria ni estabilidad duradera. Por su parte, la ministra Carvajalino destacó los avances y desafíos de Colombia en la implementación de políticas rurales integrales, planteando la necesidad de fortalecer la cooperación técnica y financiera entre Estados.

Imagen Cancillería de Colombia
A veinte años de la primera conferencia internacional sobre la materia, la ICARRD+20 se presenta como un punto de inflexión. El mundo rural enfrenta hoy desafíos más complejos que los de hace dos décadas: el aumento de la concentración de la tierra, la presión sobre los recursos naturales, el desplazamiento forzado y la migración climática obligan a repensar los modelos de desarrollo. Cartagena se convierte así en un laboratorio político donde se ensayan nuevas respuestas a viejos problemas estructurales.
El impacto simbólico no es menor. Que Colombia -país cuya historia ha estado marcada por conflictos en torno a la tierra- sea anfitriona de esta conversación global envía una señal potente sobre su voluntad de transformación. La conferencia no solo mira hacia el futuro del campo colombiano, sino que interpela a la comunidad internacional sobre la urgencia de garantizar que millones de familias rurales puedan acceder a tierra, crédito, tecnología y mercados en condiciones de dignidad.
En los próximos días, las deliberaciones buscarán consolidar una hoja de ruta común que articule desarrollo rural, justicia social y sostenibilidad ambiental. La aspiración es que de Cartagena surjan compromisos renovados y mecanismos de seguimiento que eviten que la reforma agraria vuelva a quedar relegada a declaraciones retóricas.
Con la ICARRD+20, Colombia se posiciona en el centro de una discusión estratégica para el siglo XXI. La tierra, entendida como raíz del cambio, se convierte aquí en el eje de una conversación que trasciende fronteras y redefine prioridades. Lo que se debate en Cartagena no es solo el futuro del campo: es la posibilidad de construir sociedades más equitativas en un mundo atravesado por profundas desigualdades.
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REDACCIóN COLOMBIA
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