
Una mujer limpia y llora. Limpia con todo amor la lápida de su hijo, soldado muerto en el drama de Ucrania. Es la imagen que le quedó para siempre en el corazón a un amigo que acaba de llegar de ese país. Como esa mujer, cientos de miles de madres y esposas rusas y ucranianas limpian lápidas del delirio imperialista de Vladimir Putin.
Y ahora la saña del tirano diseña otra tortura: el frío. Destruye intencionadamente las fuentes de energía y la capa helada cae sobre toda Ucrania, paraliza, ahoga y lamina la voluntad de un pueblo que se resiste heroicamente a desaparecer.
Los evangélicos pensamos mucho en el alma de cada persona, pero no reparamos mucho en el alma colectiva de los pueblos; sin embargo, la Biblia habla de ella. Esa alma define qué quiere ser cada pueblo, cómo entiende el mundo, sus relaciones con los países vecinos, su acogimiento de los extranjeros, su cuidado de los débiles (empezando por los no nacidos), su concepto de la dignidad y del progreso, su cultura… cómo se acerca o se aleja del ideal de humanidad que diseñó el Señor.
Esa alma se puede escuchar físicamente en la música creada por cada pueblo. El alma de Ucrania es especial e irrepetible, como las de todas las naciones, como la de cada persona, y canta de la forma más hermosa que podamos imaginar; hoy canta para proclamar ante el mundo su derecho a sobrevivir. Como gallego puedo comprender que uno de los regalos más grandes que Dios ha dado a cada pueblo es la música, y mientras siga cantando seguirá latiendo en él la vida.
El frío
El frío, el frío de la noche que ahora usa el tirano imperialista para destruir el alma ucraniana, ese frío invernal es cantado de una forma especial por este pueblo; nos atraviesa hasta los huesos al escuchar la canción “Luz de luna nocturna”:
La noche, la luz de la luna, estrellada, clara / está tan brillante ¡Recoge tus agujas! / Ven, amada, tan cansada de trabajos, / ven, aunque sólo sea por un momento, al bosque. / No tengas miedo de que tus deditos / se enfríen en el frío rocío. / Yo, mi amor, te llevaré en brazos / hasta la casita. / No tengas miedo de congelarte, mi cisne, / está calentita, no hay viento ni nubes. / Yo te abrazaré contra mi corazón, / que brilla como una brasa. / Te abrazaré contra mi corazón, / que es tan cálido como el fuego.
La música es aún más hermosa. Les invito a escucharla. La canta la Gimnazija Symphony Orchestra and Choir de Kranj (Eslovenia), como muestra de solidaridad del pueblo esloveno:
El “mundillo” rojo
Otra marca de identidad de los pueblos es el territorio y el paisaje que Dios les dio: “les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios” (Hch 17.26-27). En el paisaje que el Señor le regaló al pueblo ucraniano brota pleno de color el «mundillo” [1], un árbol de frutos rojos brillantes que es símbolo de vida para esa nación, una vida que ahora quieren arrebatarles misil a misil. Una canción entrelaza el árbol y el país y su determinación para levantarse y sobrevivir. Está prohibida en la Crimea ocupada:
En el medio de la pradera un mundillo rojo se ha doblado. / Por alguna razón nuestra gloriosa Ucrania se llenó de tristeza. / Pero tomaremos ese mundillo rojo y lo levantaremos / ¡Y levantaremos nuestra gloriosa Ucrania!
La grabación que les comparto es impactante no sólo por la letra y la música, sino también porque es cantada por un grupo de Estonia en una muestra de fraternal solidaridad, una de las marcas de la grandeza de un pueblo:
Oración por Ucrania
Desde hace años oro por la nación ucraniana pidiendo paz y libertad, que el Señor saque de en medio a quienes se la quieren robar. Termino así con una preciosa “Oración por Ucrania”:
¡Oh, Señor, Grande y Todopoderoso! / Protege a nuestra amada Ucrania. / Bendícela con la libertad y la luz / de tus rayos santos, / ilumínanos con enseñanza y conocimiento / a nosotros, tus pequeños hijos, / permítenos, Señor, crecer en amor puro y eterno. / Oramos, Todopoderoso Señor, / protege a nuestra amada Ucrania, / concédele a nuestro pueblo y a nuestra nación / toda tu bondad y tu gracia. / Bendícenos con libertad, bendícenos con sabiduría, / guíanos a un mundo bondadoso. / Bendícenos, Señor, con buena fortuna / para siempre jamás.
Fue cantada también como proclama de solidaridad por la Coral Los Ángeles Master al cumplirse un mes de la invasión:
Oremos por el pueblo ucraniano. Oremos igualmente por las madres rusas limpiando lápidas de sus hijos, por el pueblo ruso, que se levante con decisión y fe, recupere su verdadero lugar en el mundo, se libere de la locura imperialista y quiebre las cadenas del dictador que vende gloria y trae muerte.
Notas
[1] Agradezco a mi amigo el Dr. Vicente Rodríguez Gracia, tan excelente botánico y entomólogo como psiquiatra, la identificación del nombre en español del kalyna.
X. Manuel Suárez
Fuente de esta noticia: https://protestantedigital.com/ollada-galega/71520/una-mujer-limpia-y-llora-en-ucrania
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