
Nada existe que pueda ser a un tiempo humano y apolítico, como no es nuestro ojo solo un ojo que ve, sino un ojo que, al ver, piensa, y que se piensa, y que piensa que piensa, y que solo puede ver lo pensado, pues nacemos a un mundo atravesado por relaciones de poder y ocupamos desde la cuna un lugar en sus ocultas o declaradas jerarquías, maquinaria social que hacemos íntima al llevarla el lenguaje al núcleo mismo de nuestra conciencia, por él forjada y que a su vez engendra en cuanto vemos la oscuridad y la luz, el Bien y el Mal, lo puro y lo impuro: zoon politikón, dijo Aristóteles, y cada quien lo repite a su manera. Todo arte es propaganda, glosó George Orwell. Todo cine es político, decía en otro siglo el joven Wenders, y el más político de todos es el que pretende no serlo. Y tenía razón, aunque no de la forma que él creía. Tal como, según vemos al fin retrospectivamente, cuando se proclamaba «el festival de cine más político de Europa», la Berlinale también tenía razón, aunque no en el sentido que pensábamos.
Béla Tarr, maestro del tiempo
No es un secreto que el esplendor de la Berlinale –con dorados Osos para titanes como Bergman, Clouzot, Costa Gavras, De Sica, Saura, Godard, Pasolini, Fassbinder…– está lejos. Los críticos llevan décadas hablando de la decadencia de la Berlinale. Décadas, por cierto, de generosidad de la Berlinale con Latinoamérica –Osos de Oro para la brasileña Tropa de élite (2008) y la peruana La teta asustada (2009), Osos de Plata para la guatemalteca Ixcanul (2015), la paraguaya Las herederas (2018) y la dominicana Pepe (2024), and so on…–. Es inevitable que las ambiciones personales de los artistas –sobre todo– de las «periferias» hagan irresistible para ellos participar en la Berlinale. Pero hace al menos dos años que tal participación ha dejado de ser, para decirlo de una manera suave, un motivo legítimo de orgullo.
Todos sabemos que el gobierno que financia la Berlinale es el mismo gobierno que cofinancia el genocidio en curso en Palestina, pero los que a pesar de eso acuden a la Berlinale son de una raza especial: la de quienes, sabiéndolo, fingen que no lo saben, se mienten a sí mismos, denuncian otros abusos y otros crímenes cometidos en otros países y otras épocas mientras son aplaudidos y se aplauden, distraen y se distraen: «Miren allá», dicen, «y allá, y allá», apuntando a todas partes menos a la que tienen prohibido mencionar.
Horas antes del futuro
Hace dos años, el palestino Basel Adra y el israelí Yuval Abraham subieron a recibir sus premios por el documental No Other Land (2024) al escenario de la Berlinale, y desde allí pidieron al gobierno alemán que dejara de enviar armas a Israel. El alcalde de Berlín los llamó antisemitas, el senador de cultura de Berlín los acusó de difundir propaganda antiisraelí y el ministro de Justicia insinuó consecuencias legales. Ya en su tierra, el codirector Hamdan Ballal fue golpeado brutalmente por colonos israelíes. Llevado de urgencia al hospital, el ejército israelí interceptó la ambulancia, lo secuestró y lo tuvo maniatado en el suelo con soldados pateándolo un día entero (1). Poco después, colonos israelíes asesinaron a tiros al palestino Odeh Hadalin, colaborador del documental (2). Hollywood y Berlín emitieron escuetos comunicados antes de olvidarlos para siempre. «Ya les dimos sus óscares y sus osos; ahora véanselas ustedes solos».

Hoy termina la Berlinale, que empezó hace diez días con el presidente del jurado, Wim Wenders, diciendo en rueda de prensa que los cineastas deben estar «al margen de la política». «Nosotros somos el contrapeso de la política, lo contrario de la política» (3) sostuvo en ese lugar donde hace dos años había dicho: «La Berlinale ha sido tradicionalmente el más político de los grandes festivales, y no va a dejar de serlo ahora, y no lo hará en el futuro» (4).
Jonathan Glazer y el Oscar: como pandorga en tornado
Cuando la escritora Arundhati Roy, que iba a presentar en la Berlinale una película de la que es guionista, escuchó eso, canceló su participación en el festival (5). La Cinematheque de El Cairo canceló la proyección de The dislocation of Amber, de Hussein Shariffe, y Sad Song of Touha, de Atteyat Al Abnoudy, y se retiró de la Berlinale en solidaridad con Palestina. Días después, en la gala de Cine por la Paz en Berlín, Kaouther Ben Hania rechazó el premio a su documental La voz de Hind Rajab (2025), que narra el terror de los últimos momentos de vida de una niña palestina asesinada por el Ejército de Israel en 2024 a los cinco años de edad. Entre las polémicas por el silencio selectivo de la Berlinale, ese festival de cine (políticamente) mudo, la cineasta tunecina, como días antes Arundhati Roy, se negó a sumarse a la cobardía generalizada (6).

Los demás fingieron que no sabían lo que sabemos todos y se dedicaron a impulsar sus carreras en la Berlinale. Circuló una carta abierta; firmarla, gesto mucho menos valiente que los de Roy y Ben Hania, permitió a algunos lavarse las manos a precio módico, sin dejar de participar y hasta ayudando a mejorar la imagen de la Berlinale, que así aparece tolerante, inclusiva y diversa.
Juego sucio: el boicot contra Hanna K. (1983), de Costa-Gavras
Mejora con la que muchos se prestan a colaborar. Los cineastas Mohammed Alomda y Amjad Abu Alala cancelaron su participación en la Berlinale cuando la embajada alemana les negó la visa por «riesgo migratorio» y, en vez de apoyarlos, la dirección del festival les ofreció participar por videoconferencia. ¿Se levantaron sus colegas en solidaridad con ellos y contra el racismo institucional? Por lo visto, no, ya que nuestra patriótica prensa no tardó en celebrar la charla de los paraguayos en el mismo Berlinale Co-Production Market del que los sudaneses, ofendidos, se retiraron (7).

Ah, la vieja y querida Berlinale… que cuando el cineasta hongkonés Jun Li fue investigado por expresar solidaridad con Palestina, cooperó con la policía; que denunció ante la policía a uno de sus empleados (un joven inmigrante que, debido a la denuncia, perdió su permiso de residencia) por escribir «Desde el río hasta el mar» en un correo electrónico interno; que apoyó por motivos políticos a los cineastas iraníes y ucranianos y se volvió apolítica con los cineastas palestinos… Esa Berlinale cuya complicidad con un gobierno cada vez más fascista es inocultable y en la que Film Workers for Palestine y Strike Germany llevan años pidiendo a los artistas que se nieguen a participar. Porque… ¿qué podría pasar si el boicot tuviera éxito? ¿Si la deserción fuera masiva, si la Berlinale tuviera que tomar partido, si dejara de recibir las grandes sumas de dinero que recibe del gobierno, si no se pudiera seguir realizando? Exacto: eso tendría un impacto enorme.
La historia de Rachel Corrie
Enorme. Pero hay muy pocas personas como Arundhati Roy y Kaouther Ben Hania en este mundo. Así que la mayoría sigue aceptando la invitación a legitimar con su presencia la Berlinale. Como quienes estos diez días han brillado de felicidad al sentirse más cerca de sus pequeños sueños de fama y gloria mientras el codirector palestino de No Other Land Hamdan Ballal y su familia eran atacados brutalmente una vez más por colonos israelíes armados en su casa de la aldea cisjordana de Susiya (8).

Notas
(1) Cineasta palestino ganador del Óscar dice que ataque de colonos israelíes buscaba matarle, ABC Color, 25/03/2025.
(2) Activista palestino asesinado por un colono israelí en Masafer Yatta grabó su muerte, ABC Color, 10/08/2025.
(3) Wenders: “Nosotros somos el contrapeso de la política. Somos lo contrario de la política”, ABC Color, 12/02/2026.
(4) La Berlinale, alfombra roja política sin complejos, ABC, 16/02/2024.
(5) Arundhati Roy no asistirá a la Berlinale por la falta de crítica al genocidio de Gaza, ABC Color, 13/02/2026.
(6) Cineasta rechaza premio en Berlín en protesta por el genocidio en Gaza, ABC Color, 20/02/2026.
(7) Acclaimed Sudanese filmmakers pull out of Berlinale Co-Pro Market after visa rejection over “migration risk”, ScreenDaily, 14/02/2026.
(8) Palestino ganador del Óscar denuncia que colonos atacan a su familia para castigarlo a él, ABC Color, 17/02/2026.
*Montserrat Álvarez es poeta. Dirige actualmente El Suplemento Cultural y también escribe en él. Estudió Filosofía en la Universidad de Zaragoza (España), la Universidad Católica (Perú) y el Instituto de Estudios Humanísticos y Filosóficos (Paraguay). El artista Armando Andrade Tudela le dedicó recientemente la exposición Montserrat en Carreras Mugica, la mayor galería de arte del País Vasco, España. Su libro más reciente es Nómade, publicado en Buenos Aires en 2023.

Publicado por: Montserrat Álvarez
Fuente de esta noticia: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/2026/02/22/la-banalidad-del-bien-abajo-la-berlinale-festival-para-cobardes/
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