
Imagen Cancillería de Colombia
Colombia avanza hacia un cambio estructural en la expedición de sus pasaportes, dejando atrás años de dependencia de proveedores privados y apostando por un modelo de autonomía respaldado por cooperación entre Estados. Bajo el liderazgo de la Cancillería, el país inició la transición hacia un nuevo esquema de producción que entrará en operación el 1 de abril de 2026 y que marca un giro estratégico en materia de soberanía documental.
Durante una visita oficial a la Imprenta Nacional de Colombia, la ministra de Relaciones Exteriores, Rosa Yolanda Villavicencio Mapy, supervisó los avances técnicos y operativos necesarios para poner en marcha el nuevo modelo. El recorrido permitió constatar el fortalecimiento de las áreas de impresión, control de calidad y almacenamiento, pilares fundamentales para garantizar estándares internacionales de seguridad y eficiencia.
La transformación no es menor. Durante años, la producción de pasaportes estuvo marcada por repetitivos contratos con el proveedor privado Thomas Greg & Sons, una relación que generó cuestionamientos sobre la dependencia estructural del Estado frente a un operador particular. Con el nuevo esquema, Colombia rompe ese ciclo y asume directamente la elaboración de sus documentos de viaje, consolidando capacidades propias y reduciendo riesgos asociados a la tercerización permanente de un servicio estratégico.

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El proceso cuenta con el acompañamiento técnico de la Casa de la Moneda de Portugal, en el marco de un convenio entre Estados que prioriza la transferencia de conocimiento, la cooperación institucional y el fortalecimiento de la infraestructura nacional. Se trata de una alianza gubernamental que reemplaza la lógica de contratación privada por un modelo de colaboración pública internacional, orientado a garantizar autonomía, transparencia y sostenibilidad en el tiempo.
“Avanzamos en todo el desarrollo de la infraestructura requerida para que a partir del primero de abril iniciemos la operación del nuevo modelo de pasaporte para los colombianos y colombianas”, afirmó la ministra, al subrayar que este paso no solo moderniza el documento, sino que fortalece la capacidad soberana del país para producirlo.
Con esta decisión, la Cancillería consolida una gestión que combina visión estratégica y ejecución técnica. Más que un cambio de diseño, el nuevo pasaporte representa una redefinición del papel del Estado en la administración de sus instrumentos más sensibles. Colombia no solo actualiza su documento de viaje; reafirma su independencia operativa y su capacidad de gestionar, con respaldo internacional, un proceso clave para su proyección global.
