Más allá de la relación con la Unión Europea, las últimas discusiones dejaron al descubierto una realidad incómoda para el Mercosur: la debilidad persistente del comercio intrabloque. Según datos consolidados de los últimos ejercicios, el intercambio entre los países miembros representa apenas el 14 % del comercio total del bloque, una cifra significativamente inferior a la de otros procesos de integración, como la Unión Europea, donde el comercio interno supera el 60 %.
Este dato no es menor. Economistas regionales advierten que un bloque con bajo comercio interno es más vulnerable a shocks externos y menos capaz de distribuir equitativamente los beneficios de acuerdos con terceros. En el Mercosur, Brasil concentra cerca del 65 % del PBI total del bloque, mientras que Paraguay y Uruguay dependen en más de un 40 % de sus exportaciones de mercados extrazona. Esta asimetría genera tensiones recurrentes cuando se negocian aperturas comerciales de gran escala.

Las estadísticas también muestran una concentración productiva significativa: cinco complejos exportadores explican más del 70 % de las ventas externas del Mercosur, con escasa diversificación tecnológica. En este contexto, analistas regionales señalan que avanzar hacia acuerdos externos sin fortalecer previamente el mercado interno regional podría profundizar desigualdades estructurales entre los socios.

En las últimas horas, volvió a instalarse la discusión sobre la necesidad de armonizar políticas industriales, logísticas y fiscales dentro del Mercosur, una agenda históricamente postergada. Sin estos avances, el bloque corre el riesgo de transformarse en una plataforma de exportación primaria ampliada, sin capacidad real de negociación equilibrada frente a actores económicos de mayor escala.
