
Había sido la Reina del Baile hasta casi los 90. Se pintaba los labios de rojo pasión, tenía una pareja de hecho que tuvo que dejar atrás cuando sus hijos decidieron llevarla a una residencia, en este caso, nuestro Hogar de Ancianos Corona de L´Estrela.
Me contaba que cuando tenía mis años, en mi juventud de 60 años, caminaba con los tacones a tal velocidad que levantaba el polvo de la tierra al pasar.
Nunca pisó una iglesia protestante, nunca nadie compartió con ella las Buenas Noticias de Jesús, pero aquellos pocos meses antes de la pandemia le alimentaron y le dieron una esperanza y seguridad como nunca antes había experimentado.
Sabía en quien había creído y era consciente de que su Redentor estaba vivo. Cuando la ingresaron en la UCI por problemas propios de la edad, cantaba a los sanitarios aquel viejo himno que se convirtió en nuestro himno de batalla durante aquellos terroríficos años:
Cristo está conmigo, que consolación,
su presencia aleja todo mi temor.
Tengo la promesa de mi Salvador,
no te dejaré nunca, siempre contigo estoy.
La Reina del Baile nunca tuvo temor, y a pesar de sus lapsus de memoria, aprendió la lección de la supervivencia espiritual en medio de sus pruebas.
Pasó a la presencia del Señor a los pocos años. La vida a partir de los 90 es muy frágil. Ni ella ni nadie, hasta el día de hoy, falleció de Covid19 en el Hogar.
En su funeral lloramos la ausencia, pero celebramos todos sus dichos y chascarrillos, pero, sobre todo, celebramos su esperanza en la Resurrección.
Miedo y vejez van vinculados, el mismo Salomón en el Eclesiastés nos recuerda acerca de los “días malos” “cuando temerán de lo que es alto y habrá terrores en el camino” (Ecl 12:5).
Ya no somos los mismos, ya no podemos defendernos, el medico no te mira, mira a los familiares o a los cuidadores, te vuelves invisible, solo eres un anciano.
Toda tu experiencia, tus títulos, tu sabiduría pasan a segundo plano, algunos temerarios, incluso, te hablan con lenguaje infantil, como si fueses un preescolar.
Nadie nos avisó de los efectos secundarios de la vejez, no había un manual de instrucciones; pero no olvidemos que el Maestro prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, y eso incluye nuestra Etapa Final de Vida.
La discapacidad forma parte de la edad, pero la Buena Vejez, a la que se refiere el Antiguo Testamento, también nos espera al final del camino.
Aunque andemos en el valle de sombra, de muerte, recordemos el privilegio de la vida, ese soplo de vida que convierte el polvo del camino, aquel que la Reina del Baile levantaba con sus tacones, en Alma Viviente.
No tengas temor.
Miguel Fernández es pastor de la iglesia Bautista de Xátiva. Ha realizado una tesis doctoral sobre la iglesia y las personas mayores.
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Fuente de esta noticia: https://protestantedigital.com/pensando-en-todos/71518/no-tengo-temor
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