
El Mercosur atraviesa una nueva etapa de transformación marcada por la digitalización de los procesos comerciales, aduaneros y logísticos. Bajo el discurso de la modernización y la competitividad internacional, los Estados Parte impulsan plataformas electrónicas comunes para certificados de origen, control fronterizo y trazabilidad de exportaciones. Sin embargo, detrás del avance tecnológico persisten profundas desigualdades estructurales entre los países miembros.
Desde el punto de vista tecnológico, la región ha logrado avances concretos. Según datos oficiales del bloque, más del 70 % de los trámites aduaneros intrazona ya se realizan de manera digital, reduciendo tiempos de despacho en algunos corredores logísticos de 10 días promedio a menos de 72 horas. Este salto representa un alivio para grandes exportadores, pero no necesariamente para las pequeñas y medianas empresas, que continúan enfrentando barreras técnicas, costos de adaptación y falta de capacitación.
La dimensión humanitaria del proceso expone una contradicción central: mientras la digitalización promete eficiencia, también corre el riesgo de consolidar un Mercosur a dos velocidades. Regiones con menor infraestructura tecnológica —especialmente zonas rurales y fronterizas— quedan rezagadas, afectando empleo local y acceso a mercados. La modernización, sin políticas de compensación social, puede convertirse en un nuevo factor de exclusión.
