El desgaste de los “dioses” modernos frente al evangelio del Dios eterno

El universo cinematográfico de Marvel pasó diez años creando películas icónicas de superhéroes. Una tras otra iba mejorando, superando a la anterior, uniendo líneas narrativas y expandiendo el «universo Marvel» para incluir a héroes, superhéroes e incluso dioses. La gente no podía esperar para el siguiente estreno y ansiosamente buscaba pistas que les revelara de qué trataría la siguiente película.
Pero el final de la primera saga llegó en 2019, y a partir de allí Marvel no ha podido encontrar el retorno a la cultura popular ni a los gustos de una audiencia que cada día parece menos interesada en el universo que Marvel tanto se esforzó en crear. ¿Por qué? Maya Phillips, columnista para The New York Times, lo llama la «fatiga del superhéroe». La gente está cansada de las tramas y los multiversos, ya no se impresiona con personajes que no parecen tan heróicos. Phillips sentencia: «Las películas de superhéroes solían ser súper —ya no».
El evangelio no es relevante porque sea actual, es relevante porque es eterno
Creo que, incluso sin darse cuenta, las películas de superhéroes intentan imitar al Dios de la Biblia, pues hablan de una lucha entre el bien y el mal, ilustran la batalla por la justicia y expresan la sed humana por un mundo en paz. Son intentos humanos por buscar explicar este mundo caído a través de tramas y personajes débiles y falibles. Incluso se puede argumentar que los universos de superhéroes como Marvel son la nueva mitología de nuestros días y sus personajes son «dioses» modernos en nuestra cultura como lo fueron, por ejemplo, Zeus y Hércules para los griegos antiguos.
Sin embargo, la Biblia no es una saga de Marvel que se desgasta y nos cansa con el tiempo, ni Jesús es un simple superhéroe. La belleza del evangelio de Dios nunca se agota, ni fatiga a las personas. Quiero darte tres razones, de entre muchísimas más, por las que el evangelio de Dios sigue capturando corazones hambrientos de buenas noticias.
El Dios del evangelio es eterno
El evangelio antecede a cada uno de nosotros. No fue un propósito que se puso en marcha después de la creación, ni tampoco un plan de emergencia ante la terrible caída de Adán y Eva (Gn 3). El evangelio es eterno porque Dios es eterno.
El plan de redención existió aun antes de la creación y la caída. Jesús es el cordero preparado desde antes de la fundación del mundo (1 P 1:20). El evangelio no es relevante porque sea actual, es relevante porque es eterno. No es una moda que viene o va, ni una tendencia sociológica del mundo posmoderno. Tampoco es el producto de una cultura o región del mundo. Aunque fue revelado en el seno de la nación judía, el evangelio atravesó fronteras, idiomas y culturas, venciendo toda oposición.
Nuestra alma eterna solo puede ser satisfecha por el Dios eterno. Nuestro corazón busca el descanso que solo Cristo puede dar (Mt 11:28-30). Es por eso que el evangelio de Dios nunca fatiga a las almas que Él creó.
El Dios del evangelio trasciende a la humanidad
Somos seres humanos que pensamos humanamente, es decir, de acuerdo con los límites de nuestra existencia. Desde la antigüedad ha sido así. Las culturas prehispánicas «construían dioses» a semejanza humana, como por ejemplo Tláloc de los aztecas o Chaac de los mayas. A lo sumo, tenían forma animal. Los superhéroes modernos también son ciertamente humanos tanto en su apariencia como en sus luchas internas. El punto es que los humanos creamos dioses usando lo que tenemos a nuestro alcance y reflejando nuestras propias debilidades.
Pero el Dios del evangelio no es así. Él no necesita ser «tallado» con manos humanas (Éx 20:4) ni mucho menos expresado con facciones animales. Yahvé es Su nombre (Éx 15:3) y podemos saber quién es Él solo a través de Su Palabra, no a través de nuestra imaginación. El evangelio del Mesías Jesús es la máxima expresión de Su persona, de tal modo que si conocemos a Jesús, conocemos también al Padre (Jn 14:9).
Es por eso que el evangelio de Dios es superior a cualquier otro mensaje, porque allí Dios revela quién es Él y nos recuerda quiénes somos nosotros. Los humanos no hacemos a Dios, Él nos hace a nosotros. Los humanos no creamos nuestro evangelio, Dios nos da Su evangelio divino. Dios se hizo carne y cuando la plenitud divina visitó la tierra, la plenitud del evangelio llegó junto con Él. Nosotros solo afirmamos con los ángeles: «¡En la tierra paz, y buena voluntad para con los hombres» (Lc 2:14 RV60).
El Dios del evangelio es Rey
El evangelio es atractivo al alma sedienta de paz y perdón porque, a diferencia de las películas, leyendas y mitologías, Dios no lleva a cabo una lucha incierta contra el mal.
En última instancia, no hay disputa entre Dios y Sus enemigos. No hay una guerra cósmica por el control del universo. No. Dios es Rey vestido en majestad (Sal 93:1) y todas las cosas creadas están a Sus pies, incluyendo seres espirituales visibles e invisibles. Aunque el mal es real y se opone a Dios, en un sentido mayor no hay lucha entre el bien y el mal porque Dios siempre está en control de todas las cosas y no hay forma alguna de que el mal pueda vencer a nuestro Dios. Incluso la existencia de Satanás está bajo Su control y con el solo poder de Su Palabra los demonios huyen (Mr 5:9).
En otras palabras, no existimos en un drama cinematográfico que espera un desenlace incierto. Por el contrario, desde la eternidad Dios es Rey y nada escapa de Su perfecta voluntad (Is 14:27). Esa es la razón primordial por la que el evangelio de Dios es único, tan distinto a cualquier otra versión de «evangelio» que pueda existir.
Dios se hizo carne y cuando la plenitud divina visitó la tierra, la plenitud del evangelio llegó junto con Él
Como Rey, Dios no solo invita a las personas a arrepentirse y creer, lo ordena (Mr 1:15). Dios no «ruega» que el bien gane, Él ya es victorioso (1 Co 15:54). Satanás no es un contrincante por vencer, es un enemigo ya vencido. Es cierto que sus demonios lastiman la creación de Dios y el mundo sufre los estragos de la entrada del pecado, pero Dios es Rey sobre todo el universo y no hay nada que ponga en riesgo Su soberanía eterna y el desenlace de Su plan eterno (Sal 47:7-9).
Un mensaje glorioso
Querido lector, el evangelio es el tesoro más grande que existe. Es nuestra perla, nuestra esperanza, nuestro todo (Mt 13:44-46). ¿Por qué? Porque es de Dios. Las promesas humanas pueden ser atractivas, ya sea plasmadas en leyendas, religiones o productos culturales como las películas de Marvel. Pero, al final, no puede saciar el corazón humano ni el alma que Dios creó.
Sin embargo, Dios nos dio Su evangelio, la revelación del reino de Dios, en Jesús. Y a diferencia de cualquier otro mensaje, las buenas nuevas no fatigan a nadie, sino que ofrecen descanso y aliento al corazón desalentado. Que podamos creer, amar, obedecer y proclamar el glorioso evangelio de Cristo, el Dios verdadero infinitamente superior a los «dioses» modernos y desgastados.
Josué Ortiz
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/desgaste-dioses-evangelio/
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