
La muestra articula su discurso a partir de materiales originales —planos, bocetos, fotografías históricas y piezas hasta ahora poco difundidas— que permiten reconstruir con precisión el proceso de gestación, diseño y construcción del edificio. Estos documentos revelan no solo la complejidad técnica del proyecto, sino también la ambición cultural que animó tanto al arquitecto como a la institución promotora: levantar una casa para las artes que fuera, a la vez, emblema metropolitano y espacio de convivencia creativa.
El recorrido expositivo se detiene en los rasgos que definen la singularidad del edificio: la audacia de sus soluciones espaciales y estructurales, la rotundidad de sus volúmenes y la cuidada integración de elementos ornamentales que refuerzan su presencia urbana. Palacios supo articular una síntesis personal entre lenguajes clásicos y las corrientes metropolitanas emergentes de comienzos del siglo XX, contribuyendo decisivamente a consolidar la Gran Vía como eje simbólico de una ciudad que aspiraba a pensarse como metrópoli moderna.
Más allá de su valor patrimonial, la exposición insiste en comprender el Círculo como un organismo vivo. A lo largo de cien años, sus salas, talleres y espacios de encuentro han acogido a generaciones de artistas, escritores, cineastas y pensadores, convirtiendo el edificio en un observatorio privilegiado de las transformaciones culturales, sociales y políticas del país.

El origen del edificio está marcado por la controversia. En 1919, el Círculo convocó un concurso para construir su nueva sede, estableciendo un jurado integrado por arquitectos de la propia institución, que perderían esa condición en caso de presentarse. Fue el caso de Antonio Palacios. Las bases del certamen ya anticipaban la magnitud del encargo, subrayando el carácter “artístico y moderno” que debía ostentar la futura casa social.
Quince proyectos concurrieron a la convocatoria. Tres pasaron a la fase final, mientras que la propuesta de Palacios fue excluida por superar la altura máxima permitida, en una decisión percibida como arbitraria, dado que otros diseños incumplían el mismo requisito sin ser descalificados. La exclusión de una de las propuestas más ambiciosas generó un notable malestar en determinados sectores profesionales.
Los anteproyectos se expusieron durante semanas en el Palacio de Exposiciones del Retiro, abriendo el debate al público y a los socios del Círculo. Tras quedar desierto el fallo final por falta de consenso, se optó por someter la decisión a votación de los socios, permitiendo que los proyectos descartados regresaran a concurso. En ese contexto, la propuesta de Palacios fue respaldada de forma mayoritaria. En mayo de 1920, y no sin polémica, el arquitecto asumía definitivamente el encargo.


El proyecto de Palacios aspiraba a dotar a Madrid de un edificio con vocación urbana y metropolitana. Su lenguaje arquitectónico, complejo y simbólico, dialogaba con la tradición sin renunciar a una modernidad expresiva capaz de representar a la institución. La memoria redactada por el propio arquitecto —ampliamente documentada en la exposición— detalla con minuciosidad la organización de las plantas, los usos, los materiales, la ornamentación y los programas decorativos, revelando una voluntad de armonizar monumentalidad y función cultural.
Los documentos relativos a la construcción permiten seguir paso a paso el proceso edificatorio: planos técnicos, proyectos de instalaciones, rectificaciones sobre la marcha y soluciones adoptadas ante dificultades imprevistas. Junto a ellos, se conservan ofertas, contratos y liquidaciones que evidencian la diversidad de oficios implicados, desde carpinteros y marmolistas hasta cerrajeros, pintores y artesanos especializados.
Especial relevancia adquiere la colaboración con artistas y creadores, como los mosaicos de Mario Maragliano o las esculturas de Ángel García, colaborador habitual de Palacios. Estas aportaciones refuerzan la idea del edificio como obra coral, donde arquitectura y artes aplicadas se integran en un mismo proyecto cultural.

El 8 de noviembre de 1926, el edificio fue inaugurado con una notable repercusión mediática. La apertura incluyó una exposición de Ignacio Zuloaga y contó con la presencia del rey Alfonso XIII, subrayando el carácter institucional del acontecimiento. Pese a las críticas iniciales, el Círculo se consolidó rápidamente como un espacio cosmopolita, abierto a las tensiones de la vida moderna.
Exposiciones, tertulias, conciertos, clases y celebraciones transformaron el edificio en un nodo cultural activo, comprometido con los debates artísticos y sociales de su tiempo. Ese mismo año, Palacios ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, aunque el giro de la arquitectura hacia otros lenguajes redujo sus encargos posteriores en Madrid. El Círculo puede considerarse, así, el punto culminante de su contribución a la modernización de la ciudad.
La exposición se acompaña de un catálogo exhaustivo que documenta la muestra e incluye estudios de referencia sobre el edificio y la obra de Palacios, con textos de Juan Miguel Hernández León, Carlos Sambricio, Álvaro Bonet, Helena Pérez Gallardo e Iñaki Ábalos. Este volumen amplía la lectura histórica y crítica del Círculo como símbolo urbano y cultural.
La Casa de las Artes. Abierta desde 1926 se inscribe en una programación más amplia con la que el Círculo celebra el centenario del edificio. Otras exposiciones, como Eclosión. El Círculo de Bellas Artes en los años 80 y 90 y La lechuza de Minerva, revisan momentos clave de la institución como espacio de renovación, fricción política y experimentación artística.
El programa conmemorativo incluye también propuestas musicales, como el concierto extraordinario de Lise Davidsen junto al pianista James Baillieu, y el lanzamiento del Portal de Archivo, una plataforma digital que abre al público miles de documentos inéditos sobre la historia del Círculo y, por extensión, de la vida cultural madrileña.
La celebración culminará el 9 de mayo, Día de Europa, con una jornada de puertas abiertas concebida como una gran fiesta cívica. Más que un cierre, el centenario se plantea como un umbral: una invitación a releer el pasado del Círculo para imaginar nuevas formas de creación, pensamiento y vida compartida. En ese gesto, el edificio de Palacios reafirma su condición de arquitectura activa, capaz de seguir interrogando el presente desde la memoria.

Redacción
Fuente de esta noticia: https://urbanbeatcontenidos.es/circulo-de-bellas-artes-centenario/
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