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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, lanzó este martes una grave denuncia que vuelve a tensionar el panorama político y de seguridad del país. En medio de una visita oficial al departamento de Córdoba, afectado por severas inundaciones, el mandatario aseguró que en las últimas horas fue advertido de un supuesto plan para atentar contra su vida mediante un ataque al helicóptero en el que se transportaba, lo que obligó a modificar su itinerario y retrasar su llegada a la región caribeña.
“Yo tengo que confesar aquí, decirlo, que vengo de dos días no en brazos del amor, sino escapándome de que me maten”, afirmó Petro en Montería, capital departamental, donde encabezó un consejo de ministros centrado en la emergencia climática que golpea el noroeste del país. Sus palabras, pronunciadas en tono solemne, marcaron el inicio de una jornada que debía estar dedicada exclusivamente a la atención de miles de familias afectadas por las lluvias.
Según explicó el propio mandatario, la noche anterior no pudo aterrizar en Montería como estaba previsto, pese a haber volado durante dos horas, debido a que no existían condiciones de seguridad suficientes para el descenso del helicóptero presidencial. La aeronave tuvo que desviarse y volar mar adentro. Petro aseguró que recibió información según la cual se preparaba un ataque armado contra el aparato en el que viajaba, acompañado de sus hijos.
“En la mañana no aterricé donde tenía que aterrizar porque tenía información de que al helicóptero le iban a disparar, con mis hijos también. Hice lo que sé hacer: cogimos mar abierto cuatro horas y llegué a donde no tenía que llegar, pero llegué”, relató el jefe de Estado, sin ofrecer detalles adicionales sobre la fuente de la alerta ni sobre los responsables del supuesto plan.
El recorrido previo del mandatario tampoco fue precisado oficialmente. Petro indicó en su cuenta de la red social X que el día anterior se encontraba en la isla Gorgona, en el océano Pacífico, antes de desplazarse hacia la costa atlántica. Sin embargo, hasta el momento ninguna autoridad de los organismos de seguridad del Estado ha confirmado públicamente la existencia del presunto complot ni ha entregado información sobre investigaciones en curso.
No es la primera vez que el presidente colombiano denuncia amenazas contra su vida. Desde el inicio de su mandato, el 7 de agosto de 2022, Petro ha señalado en varias ocasiones la existencia de planes para atentar contra su integridad. En septiembre de 2024 aseguró que la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), a través del entonces embajador en Bogotá, le alertó de un supuesto intento de asesinato que se ejecutaría antes de finalizar ese año mediante un camión cargado con explosivos.
En su intervención de este martes, el mandatario también hizo referencia a otro episodio que, según afirmó, elevó su nivel de alerta. Indicó que antes de una reunión celebrada el 3 de febrero en la Casa Blanca con el presidente estadounidense Donald Trump, ordenó retirar del servicio a un general de la Policía. De acuerdo con Petro, “alguien le dio la orden” de introducir “sustancias psicoactivas” en uno de los vehículos oficiales que utiliza para desplazarse, con el objetivo de afectar o “destruir” el encuentro diplomático en Washington.
“Eso me coloca en una situación de alarma”, añadió el presidente, sugiriendo que los riesgos a su seguridad no provendrían únicamente de actores armados ilegales, sino también de posibles infiltraciones dentro de estructuras estatales.
Las declaraciones se producen en un contexto nacional marcado por persistentes desafíos de orden público, la presencia de grupos armados en distintas regiones y una fuerte polarización política. La denuncia del jefe de Estado abre interrogantes sobre el nivel de amenaza que enfrentan las más altas autoridades del país y sobre los protocolos de protección vigentes.
Mientras tanto, en Córdoba, la atención gubernamental continúa centrada en la emergencia provocada por las inundaciones, que han dejado extensas zonas anegadas, daños en infraestructura y comunidades enteras a la espera de asistencia humanitaria. La visita presidencial, ahora envuelta en un nuevo episodio de tensión, se desarrolla bajo un clima de incertidumbre que trasciende la coyuntura climática y se instala en el corazón mismo de la seguridad institucional colombiana.
