
Cuando la polarización se vuelve el único lente para leer la realidad, el resultado no es debate democrático sino parálisis. La discusión pública deja de girar en torno a cómo avanzar como sociedad y pasa a organizarse en función de reflejos automáticos: criticar lo que hace el otro, aun cuando ese “otro” esté tomando decisiones que, al menos, merecen un análisis serio y honesto.
La política de la ceguera y no ver más allá de los propios interés han ganado a los tilingos políticos que nos gobiernan en todos los órdenes y los que piensan en serio el sistema los escupe o los descalifica.
Cuando un Wilson, un Zelmar y un Batlle Berres iban a estar en la sala mirando una mujer semidesnuda en vez de estar pensando en el país.Hay que decirlo con todas las letras del que lo hacía y de los que lo criticaron pueden formar juntos el CLUB DE LOS INTELECTUALES.
Esas cosas caen por su propio peso,no hay necesidad de hacer un circo,el ciudadano de un lado y del otro cada día que pasa y los ve actuar,les tienen más asco a todos.
En ese clima, una parte de la derecha parece incapaz de salir de su guión cuando se trata de China. Un viaje oficial cargado de reuniones de alto nivel, acuerdos comerciales, proyección de inversiones y apertura de mercados es reducido a una caricatura ideológica.
Ahora falta que los Che Taiwán y la barra hagan un comité de apoyo a Taiwán y en todo caso sería más honesto que hacer circo del hecho ,porque en realidad a estos politicos de baja estofa les importa un carajo Taiwan,Usa y China solo les importa su propio ombligo como todo narcizo.
No se discute el contenido de los acuerdos, sus beneficios potenciales o los riesgos reales; se descalifica el vínculo en bloque, como si el solo hecho de dialogar con la segunda economía del mundo fuera una herejía. Así, la política exterior se transforma en consigna y el interés nacional queda subordinado a prejuicios importados o a miedos que no se animan a debatirse con datos.
Del otro lado, una izquierda que hace tiempo parece haber perdido la capacidad de leer la letra chica incurre en una simplificación igual de dañina. Ante un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo sobre el tema puertos, se elige leer lo que no dice o, peor aún, decir lo que no interpreta. El fallo se convierte en bandera política antes que en insumo jurídico. No importa el alcance real de la resolución, sus límites ni sus implicancias técnicas: importa el relato. Y cuando el relato se impone sobre el análisis, el derecho se vacía de contenido y la discusión pública se vuelve ruido.
Este juego de espejos deformados tiene un costo alto.No hay maduración institucional, no hay consensos básicos, no hay horizonte compartido.Todo se evalúa en clave de victoria o derrota inmediata, nunca en términos de desarrollo.
Una sociedad que aspira a avanzar necesita algo más que trincheras. Necesita una derecha capaz de discutir pragmáticamente el mundo tal como es, no cómo le gustaría que fuera, y una izquierda dispuesta a respetar la complejidad de las decisiones institucionales sin manipularlas discursivamente. Sin esa mínima honestidad intelectual, la polarización no sólo impide mirar hacia adelante: termina por convencernos de que quedarse quietos es la única opción posible.
Juan Carlos Blanco Sommaruga
Fuente de esta noticia: https://grupormultimedio.com/sean-serios-id185283/
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