
Durante generaciones se ha repetido que las palabras tienen poder, pero pocas veces se reflexiona con verdadera profundidad sobre el impacto que pueden tener dentro de una relación de pareja. En el terreno íntimo, donde la confianza y la vulnerabilidad están siempre expuestas, una frase dicha en el momento equivocado puede convertirse en un punto de no retorno. Así lo sostiene la doctora Cortney S. Warren, psicóloga formada en la Facultad de Medicina de Harvard y especialista en relaciones sentimentales, quien tras más de dos décadas de trabajo clínico y de investigación ha identificado patrones de comunicación que, lejos de resolver conflictos, erosionan lentamente -o de manera abrupta- los vínculos afectivos.
La experta explica que los desacuerdos son inevitables en cualquier relación, pero que la diferencia entre una pareja que se fortalece y otra que se desgasta reside en la forma de comunicarse. Cuando el diálogo se transforma en ataque, desprecio o descalificación, el conflicto deja de ser una oportunidad de crecimiento y se convierte en una amenaza directa para la relación. Según Warren, las discusiones constantes, cargadas de reproches y frases hirientes, suelen ser una señal clara de que algo profundo no está funcionando como debería.
Entre todas las expresiones que ha analizado a lo largo de su carrera, hay una que destaca por su capacidad devastadora. Una frase que, pronunciada en medio de una pelea o incluso en un momento de cansancio emocional, puede derrumbar en segundos lo que tomó años construir: “Ojalá nunca nos hubiéramos conocido”. De acuerdo con la psicóloga, esta afirmación no solo hiere, sino que niega la historia compartida, invalida las experiencias vividas y ataca directamente el sentido mismo de la relación. Por esa razón, suele marcar un quiebre difícil de reparar y, en muchos casos, el inicio del final.
En su libro Letting Go of Your Ex, Warren profundiza en cómo este tipo de mensajes generan una herida emocional profunda, ya que transmiten rechazo absoluto y desprecio, dos de los factores más dañinos en cualquier vínculo amoroso. La especialista advierte que no se trata de una frase aislada, sino de una forma de comunicación que suele venir acompañada de otras expresiones igualmente corrosivas, como insultos, humillaciones o comentarios que minimizan el valor del otro. Frases que etiquetan a la pareja como inútil, molesta, repulsiva o indigna de tiempo y atención terminan por crear un clima emocional tóxico del que resulta muy difícil salir.
La psicóloga también subraya que el daño no proviene únicamente de las palabras. El lenguaje no verbal cumple un papel crucial en la dinámica de pareja y, en ocasiones, puede resultar incluso más hiriente. Gestos como poner los ojos en blanco de manera exagerada, suspirar con desprecio o mostrar desdén durante una conversación envían mensajes claros de desvalorización. Estas actitudes, repetidas en el tiempo, deterioran la confianza y generan un ambiente de hostilidad silenciosa que afecta la convivencia diaria.
Para Warren, la clave no está en evitar los conflictos, sino en aprender a gestionarlos con madurez, respeto y empatía. Reconocer el peso de las palabras, asumir responsabilidad por lo que se dice y cómo se dice, y comprender que la comunicación es una herramienta para acercar y no para herir, puede marcar la diferencia entre una relación que sobrevive y una que se rompe. En un mundo donde las relaciones son cada vez más frágiles, la advertencia es clara: una sola frase puede cambiarlo todo.
