
La película supone el tercer largometraje como directora de Hafsia Herzi y fue presentada en la Sección Oficial del último Festival de Cannes. Allí obtuvo dos reconocimientos de peso: el premio a la mejor actriz para la debutante Nadia Melliti y la Queer Palm, consolidando su estatus como una de las obras más relevantes del año.
El filme encara ahora un nuevo hito con siete nominaciones a los próximos Premios César (26 de febrero), entre ellas las de mejor película, dirección, guion adaptado, música original y montaje, además de las candidaturas interpretativas para Melliti como actriz revelación y para Park Ji-min como actriz secundaria. Un reconocimiento transversal que subraya la solidez del proyecto tanto en lo artístico como en lo narrativo.
En la pantalla, Fátima es una joven de 17 años, la menor de tres hermanas, que crece en una familia franco-argelina unida y afectuosa en los suburbios parisinos. Buena estudiante, accede a la Universidad de París y comienza un proceso de emancipación que la enfrenta a un mundo desconocido: nuevas amistades, relaciones sentimentales y una libertad que, lejos de resultar liberadora sin fisuras, intensifica el conflicto interno que atraviesa su identidad. El dilema es tan antiguo como contemporáneo: cómo ser fiel a una misma cuando los distintos estratos de la identidad parecen incompatibles.

Lejos de construir un relato de ruptura frontal con el entorno familiar o religioso, “La hija pequeña” opta por una vía más compleja y honesta. La película observa con atención los matices del tránsito hacia la adultez y convierte la contradicción en su principal materia narrativa. No hay aquí gestos épicos ni soluciones definitivas, sino una experiencia vital marcada por la fricción entre deseo, fe y pertenencia.
Desde su estreno en Cannes, el tándem formado por Herzi y Melliti se ha convertido en uno de los más celebrados del momento. La directora atraviesa una etapa de especial reconocimiento, combinando su trabajo tras la cámara con una carrera interpretativa de primer nivel. Sus anteriores filmes como realizadora, Mereces un amor (2019) y Bonne mère (2021), ya habían sido seleccionados en Cannes, anticipando una trayectoria autoral coherente y exigente. En paralelo, Herzi acumula hitos como actriz: fue galardonada con el Premio Marcello Mastroianni en Venecia en 2007 por Cuscús y obtuvo el premio a la mejor actriz en Cannes en 2024 por Borgo. A lo largo de estos años ha trabajado con cineastas clave del panorama francés, como Alain Guiraudie, Bertrand Bonello o Emmanuelle Bercot. A este recorrido se suma ahora el Premio Louis-Delluc, considerado el “Goncourt del cine”, recibido precisamente por La hija pequeña.

Para Nadia Melliti, la película ha supuesto una irrupción fulgurante. Desconocida hasta su paso por Cannes, su interpretación le valió el premio a la mejor actriz y una nominación al César como actriz revelación, apadrinada por Juliette Binoche. Melliti también ha sido reconocida con el mismo galardón en los Premios Lumière y ha entrado en la lista de “25 menores de 25” de la influyente revista Trois Couleurs. Sin embargo, su figura se aleja del arquetipo de la estrella precoz: pese a la atención mediática, la joven continúa compaginando su carrera cinematográfica con sus estudios para convertirse en profesora de educación física y con partidos de fútbol compartidos con amigos y compañeros.
En el núcleo del filme late una reflexión que rehúye los enfrentamientos binarios. La hija pequeña no plantea una oposición esquemática entre fe y orientación sexual, sino que se adentra en la vivencia cotidiana de una joven musulmana practicante que no renuncia ni a su deseo ni a su creencia. Hafsia Herzi ha explicado que su aproximación nace de la necesidad de expresarse con libertad sin traicionar la profundidad emocional del relato de Fátima, una decisión que se traduce en una puesta en escena contenida, atenta a los silencios y a los gestos mínimos.
Por su parte, Fatima Daas ha hablado abiertamente del conflicto que atraviesa su obra. En declaraciones que suscitaron debate, la autora reconoció haber afirmado que la homosexualidad era “un pecado” desde su marco religioso, no como una condena moral hacia otras personas, sino como la formulación de una lucha íntima. “Como creyente no puedo negar que la homosexualidad es un pecado, como lo son la mentira o el adulterio. Pero eso no me impide ejercer de pecadora”, explicó, subrayando el malentendido que rodeó esas palabras.
Para Daas, y para la película que adapta su texto, el choque entre fe y deseo no exige una elección excluyente. La obra se sitúa en ese espacio incómodo donde las identidades no se ordenan jerárquicamente, sino que conviven en tensión permanente. “Yo no quiero elegir una sola de mis identidades”, afirma la escritora, condensando una ética que atraviesa todo el proyecto.
En tiempos de relatos simplificados y consignas rápidas, La hija pequeña se afirma como una película que apuesta por la complejidad, por el derecho a la contradicción y por una mirada que no juzga. Su llegada a las salas españolas no solo amplía el mapa del cine contemporáneo europeo, sino que introduce una voz necesaria: la de quienes viven en el cruce de mundos que no siempre dialogan, pero que, en esa fricción, construyen sentido.
Redacción
Fuente de esta noticia: https://urbanbeatcontenidos.es/hafsia-herzi-hija-pequena/
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