

La terapia con radioyodo, utilizada desde hace décadas con gran éxito en determinados tumores de tiroides, podría abrir una nueva vía terapéutica para el cáncer de ovario, uno de los tumores ginecológicos más letales. Así lo sugiere una investigación preclínica liderada por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), que identifica a la proteína NIS como una diana clave para dirigir de forma selectiva el efecto antitumoral del yodo radiactivo hacia las células cancerosas ováricas.
Los resultados del estudio, publicados en la revista Biomedicine & Pharmacotherapy, se basan en modelos animales y análisis de muestras de pacientes, y apuntan a que esta estrategia no solo podría ser eficaz, sino también mejor tolerada que la quimioterapia convencional. El trabajo está coordinado por Antonio de la Vieja Escolar, de la Unidad de Tumores Endocrinos de la Unidad Funcional de Investigación en Enfermedades Crónicas (UFIEC) del ISCIII.
El cáncer de ovario es actualmente la quinta causa de muerte por cáncer en mujeres en los países desarrollados y presenta una tasa de supervivencia global a cinco años de apenas el 46%. En los casos diagnosticados en estadios avanzados —más del 75%— la supervivencia no supera el 30%, una cifra que apenas ha mejorado en las últimas décadas a pesar de los avances terapéuticos.
Una ‘puerta de entrada’ al tumor
La clave del estudio reside en el simportador sodio/yoduro (NIS), una proteína de membrana que permite la entrada de yodo en las células. En el cáncer de tiroides, esta proteína es la responsable de que el radioyodo (I-131) se acumule selectivamente en el tejido tumoral, haciendo posible una terapia altamente eficaz y con escasa toxicidad sistémica.
Aunque tradicionalmente se ha asociado a la glándula tiroides, NIS también se expresa de forma fisiológica en otros tejidos, entre ellos el ovario y las trompas de Falopio. Trabajos previos del propio grupo del ISCIII ya habían demostrado que esta proteína se sobreexpresa en hasta el 98% de los tumores epiteliales de ovario y que, en alrededor de un tercio de los casos, se localiza en la membrana plasmática, donde es funcional. En la investigación ahora publicada, el equipo confirma estos hallazgos en nuevas cohortes de pacientes y demuestra que NIS mantiene su capacidad de captar yodo radiactivo incluso cuando sus niveles de expresión génica son bajos. Además, detectan su presencia en distintos subtipos histológicos de cáncer de ovario, más allá del carcinoma seroso de alto grado, el más frecuente y agresivo.
Eficacia superior a la quimioterapia en modelos animales
Para evaluar el potencial terapéutico de esta diana, los investigadores desarrollaron modelos murinos de cáncer de ovario que expresaban NIS a niveles comparables a los observados en tumores humanos. Mediante técnicas de imagen no invasivas (SPECT/CT), comprobaron que los tumores eran capaces de captar el radioisótopo, lo que permitió tanto su localización como el seguimiento de la respuesta al tratamiento.
Tras administrar una dosis terapéutica única de I-131, los resultados fueron contundentes: el volumen tumoral se redujo de forma significativa y en aproximadamente el 37% de los casos se observó una regresión completa del tumor. De media, la reducción del tamaño tumoral superó el 70%.
Cuando se comparó esta estrategia con fármacos quimioterapéuticos estándar como el cisplatino y el paclitaxel, el radioyodo mostró una eficacia antitumoral claramente superior. Mientras que la quimioterapia logró solo reducciones parciales y transitorias del tumor, el tratamiento con I-131 fue capaz de inducir remisiones completas, incluso en modelos considerados quimiorresistentes.
Otro de los aspectos destacados del estudio es el perfil de seguridad del radioyodo. A diferencia de la quimioterapia, que provocó efectos secundarios apreciables en los animales, el tratamiento con I-131 fue bien tolerado, sin signos de toxicidad clínica ni alteraciones histológicas relevantes en tejidos sensibles como las glándulas salivales.
Además, los investigadores observaron que la expresión de NIS no desaparecía tras la quimioterapia, lo que abre la puerta a estrategias terapéuticas combinadas o secuenciales, en las que el radioyodo podría utilizarse tras el tratamiento convencional para mejorar el control de la enfermedad o reducir las recurrencias.
Desde un punto de vista diagnóstico, la presencia funcional de NIS convierte a esta proteína en una herramienta “teranóstica”, capaz de servir tanto para tratar como para monitorizar la enfermedad mediante técnicas de imagen, de forma similar a lo que ya ocurre en el cáncer de tiroides.
Hacia la traslación clínica
Aunque los resultados son aún preclínicos, el estudio aporta una sólida prueba de concepto que respalda la necesidad de avanzar hacia nuevas fases de investigación más cercanas a la práctica clínica. Determinar qué perfiles tumorales podrían beneficiarse más de esta estrategia y validar su eficacia y seguridad en pacientes serán los próximos pasos.
En el trabajo han participado investigadores de varias unidades del ISCIII, así como del Hospital Universitario de Móstoles, el Instituto de Investigaciones Biomédicas Sols-Morreale (CSIC-UAM) y la Universidad Rey Juan Carlos.
Andrea Rivero García
Fuente de esta noticia: https://gacetamedica.com/investigacion/tumor-cambiar-tratamiento-cancer-ovario/
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: Telegram Prensa Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
ESPACIO PUBLICITARIO
