
Recientemente, mientras mi esposo y yo conversábamos con una pareja de recién casados, la esposa comentó: «¡Tenemos que salir pronto con tu familia como método anticonceptivo para nosotros!». Se refería a nuestros cuatro hijos y, a pesar de la incomodidad que sentí por sus palabras, me reí. Mirando atrás, ojalá le hubiera respondido: «Espero que salir con nosotros tenga el efecto contrario, ¡los niños son una bendición!». Perdí la oportunidad.
Aunque bromear sobre los hijos puede parecer intrascendente en ese momento, este tipo de comentarios apuntan a una tendencia cultural más generalizada a menospreciarlos, describiéndolos como una carga y una molestia. Como cristianos, debemos detenernos y reflexionar sobre cómo hablamos de nuestros hijos. ¿Nuestros comentarios sobre la crianza y las dificultades de nuestros hijos reflejan el corazón de Cristo o las opiniones candentes de nuestra cultura? Bajo el disfraz de buscar alivio cómico a los retos de la crianza de los hijos, ¿podríamos estar pecando por la forma en que hablamos de los niños y sus pecados?
Considera por qué te ríes
Como madre de cuatro hijos menores de cuatro años, a menudo soy blanco de los algoritmos de mis redes sociales con videos y anuncios sobre la crianza de los hijos. La mayoría son chistes sobre lo difícil que es ser madre, lo fastidiosos que son los niños y lo mucho que los padres se merecen un descanso.
Si compartiéramos las alegrías de la crianza de los hijos con otros padres, en lugar de solo compadecernos por las frustraciones, encontraríamos más gozo
Al principio, me reía al ver lo identificable que era que los niños hicieran berrinches y las madres hicieran bromas ingeniosas sobre el cansancio y los retos de la crianza. Todos necesitamos reírnos a veces. Pero reírse a costa de otra persona puede ser una forma de disfrazar la calumnia, la burla y el chisme. Consideremos las instrucciones de Pablo sobre nuestro lenguaje en Efesios:
No salga de la boca de ustedes ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan (4:29).
Tampoco haya obscenidades, ni necedades, ni groserías, que no son apropiadas, sino más bien acciones de gracia (5:4).
En lugar de decir palabras que destruyen, debemos usar palabras que edifican. En lugar de hacer bromas groseras, debemos dar gracias. Qué forma tan radical de pensar en mi forma de hablar al final de un largo y agotador día de crianza de los hijos. Elegir palabras de gratitud en lugar de quejarme no es algo natural, pero podemos crecer en esta área por el poder del Espíritu. Y vale la pena el esfuerzo.
Considera quién está escuchando
¿Qué pasaría si, como cristianos, sustituyéramos nuestros chistes negativos sobre lo difícil que es ser padres por palabras de gratitud hacia nuestros hijos y hacia el Dios que los creó? A continuación, hay tres grupos que se beneficiarían de este cambio en palabras y actitud.
1. Nuestros hijos
Considera lo que nuestros hijos interiorizan al escuchar nuestros chistes y quejas sobre ellos. Aunque pensemos que no lo entienden, los niños suelen captar más de lo que creemos. Es prudente considerar cómo nuestros chistes críticos influyen en lo que ellos creen sobre sí mismos y en su comportamiento.
Además, nuestros hijos comienzan a creer y a actuar de acuerdo con lo que decimos sobre ellos, y nosotros también. Los chistes que parecen inofensivos pueden sembrar semillas de descontento e ingratitud que echan raíces en nuestros corazones e influyen en cómo vemos e interactuamos con nuestros hijos.
2. Las personas que no tienen hijos
Estados Unidos está experimentando un importante descenso en la tasa de natalidad, que ha bajado un 20 % desde 2007. Aunque no hay una explicación definitiva, se especula mucho sobre por qué ha caído tan drásticamente, incluida la idea cada vez más extendida de que los hijos obstaculizan los objetivos profesionales o personales, son una carga económica y requieren demasiado sacrificio. No es difícil imaginar por qué las personas sin hijos tienen esta perspectiva cuando los padres difunden estas mismas ideas en chistes sobre sus hijos.
El hecho de que algo sea difícil no significa necesariamente que sea malo. Las dificultades son solo una parte del trabajo satisfactorio de criar a los hijos
No hay más que ver los videos en las redes sociales de niños haciendo berrinches con comentarios como: «He pagado cinco mil dólares para venir a Disney World y que mi hijo se comporte así», o fotos de un bebé que no se parece a su madre con comentarios como: «¿He sacrificado mi cuerpo y mi vida solo para que mi bebé se parezca a mi esposo?». Debemos tener en cuenta la forma en que nuestros chistes y publicaciones pueden influir en las personas que no tienen hijos. No se trata de hacer que la crianza de los hijos parezca fácil y perfecta, sino de demostrar que puede ser una gran fuente de gozo y bendición, que bien vale el esfuerzo y los desafíos.
3. Otros padres
Si compartiéramos más a menudo las alegrías de la crianza con otros padres, en lugar de solo compadecernos por las frustraciones, tal vez todos encontraríamos más gozo en ella. Es un concepto sencillo: la forma en que hablamos de las cosas influye en cómo las vemos. Cuanto más nos apoyemos en la verdad del Señor —y nos la recordemos unos a otros— de que los hijos son una bendición (Sal 127:3-5), que los hijos tienen valor (Mt 19:14; Sal 139:13) y que los hijos son una delicia (Pr 29:17), más podremos disfrutar de la crianza de los hijos y estar agradecidos por ellos, incluso en los días en que los berrinches son largos y tenemos poca paciencia.
Considera lo que compartes y dices
Nuestra cultura da prioridad a la facilidad y la comodidad, dando por sentado que las dificultades y las incomodidades deben evitarse siempre que sea posible. Pero, como creyentes, sabemos que el hecho de que algo sea difícil no significa necesariamente que sea malo. Las dificultades a las que se enfrentan los padres al enseñar, corregir y disciplinar son solo una parte del trabajo profundamente satisfactorio de criar a los hijos.
Así que pensemos detenidamente antes de publicar ese video de nuestro hijo desobedeciendo o ese meme quejándose de la maternidad. Cuando nos encontremos en una situación en la que los padres se burlan de sus hijos, oremos para que el Espíritu Santo nos ayude a dirigir la conversación hacia las bendiciones y alegrías que nos brindan nuestros hijos. Que nuestras palabras se centren menos en hacer reír y más en dar gracia a quienes las escuchan (Ef 4:29).
Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Moriah Lovett
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dejemos-chistes-hijos/
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