

Los buenos hábitos ya no son solo una lista de propósitos olvidados en febrero: son una estrategia real para vivir mejor en un mundo acelerado. La ciencia lleva años demostrando que lo que comemos, cómo nos movemos y la forma en que nos cuidamos tiene un impacto directo en nuestra salud física, mental y emocional. Comer mejor, moverse más y cuidarse no es perfección: es consciencia aplicada al día a día.
Buenos hábitos: comer mejor sin caer en extremos
La nutrición sigue siendo el pilar más estudiado cuando hablamos de buenos hábitos. Décadas de investigación respaldan la dieta mediterránea como una de las más completas: reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer. Pero hay un matiz importante que a menudo se ignora: no se trata solo de qué comes, sino de cuánta variedad hay en tu plato.
Un estudio con más de 7.200 personas mayores de 60 años mostró que cada alimento diferente incorporado de forma regular reducía en un 9 % el riesgo de mortalidad. En otras palabras, salir del “siempre lo mismo” tiene beneficios reales. Frutas, verduras, legumbres, cereales y grasas saludables funcionan mejor en conjunto que como alimentos aislados. Incluso investigaciones polémicas (como la que vinculó el consumo de torreznos con buena salud) demostraron que el contexto importa más que el alimento en sí.
Moverse es medicina (aunque no pises un gimnasio)
Si hay algo claro en la ciencia reciente es que el movimiento es tan importante como la alimentación. Expertos de más de 40 países coinciden en que el ejercicio debería prescribirse como un medicamento, especialmente en adultos jóvenes y mayores. No hablamos solo de fuerza o resistencia: la actividad física mejora la memoria, la atención, el estado de ánimo y activa procesos clave en el cerebro.

Estudios recientes han demostrado que al movernos liberamos vesículas extracelulares, pequeñas partículas que viajan desde los músculos al cerebro y favorecen la creación de nuevas neuronas. Sí: moverte literalmente ayuda a renovar tu cerebro. Y si no tienes tiempo, hay buenas noticias. Las llamadas pausas activas (como caminar tres minutos o hacer sentadillas cada 45 minutos) han demostrado ser más efectivas para regular el azúcar en sangre que una caminata larga al final del día.
Cuidarse también es dormir, leer y perdonar
Los buenos hábitos van más allá del plato y el movimiento. Dormir bien, por ejemplo, regula hormonas clave, fortalece el sistema inmune y mejora la salud mental. Incluso hábitos simples como cepillarse los dientes durante diez minutos al día se han asociado con menor riesgo de ictus y enfermedades neurodegenerativas.

Leer, por su parte, no solo entretiene: modifica la estructura física del cerebro, fortaleciendo conexiones neuronales. Y hay un hábito menos tangible pero igual de poderoso: el perdón. Estudios en psicología han demostrado que perdonar reduce la presión arterial, estabiliza la frecuencia cardíaca y disminuye los niveles de estrés. Cuidarse también es soltar.
¿Cómo mantener los buenos hábitos sin rendirte en febrero?
Adoptar hábitos es difícil; sostenerlos lo es aún más. La evidencia en psicología conductual apunta a estrategias claras: dividir grandes objetivos en acciones pequeñas, escribirlos, crear responsabilidad compartida y diseñar entornos que jueguen a tu favor. No tener alimentos ultraprocesados en casa o dejar un libro visible son decisiones simples con gran impacto.

La repetición y la emoción positiva son claves. Celebrar pequeños avances activa el sistema de recompensa del cerebro, haciendo que el hábito sea más fácil de repetir. Además, combinar lo que te cuesta con algo que disfrutas (como escuchar un podcast mientras haces ejercicio) aumenta las probabilidades de éxito. Cuando un hábito se vuelve agradable, deja de depender de la fuerza de voluntad y entra en piloto automático.

Los buenos hábitos no van de hacerlo todo perfecto, sino de entender cómo pequeñas decisiones diarias moldean tu futuro. Comer con variedad, moverte de forma constante y cuidarte mental y emocionalmente tiene un respaldo científico sólido. En un mundo saturado de estímulos, cuidar el cuerpo y la mente es casi un acto de rebeldía consciente. La pregunta no es si vale la pena empezar, sino: ¿qué hábito mínimo puedes cambiar hoy que tu yo del futuro agradecerá?
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/wellness/guia-crear-buenos-habitos-segun-ciencia/
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