
Grigio, el misterioso perro gris que cuidaba de San Juan Bosco, es el protagonista de una de las historias más entrañables y sorprendentes de la espiritualidad salesiana… y nos recuerda que la Providencia de Dios puede aparecer de formas que nunca imaginamos.
¿Quién era Grigio?
Los primeros biógrafos de Don Bosco cuentan que, cada vez que el santo corría un grave peligro —sobre todo de noche, en las calles de Turín— aparecía un gran perro gris que caminaba a su lado.
Bosco lo llamó “Grigio” (“el gris”) por su color y su aspecto medio lobuno, y pronto los chicos del Oratorio lo conocieron simplemente como “el perro de Don Bosco”.
«Siempre que bajaba al anochecer solo, al pasar los últimos edificios, veía salir al Gris por algún lado del camino», narra en su autobiografía «Memorias del oratorio de San Francisco de Sales».
Lo describen como un perro alto, fuerte, con orejas puntiagudas y un pelaje espeso y gris, parecido a un perro lobo.
A diferencia de los perros callejeros comunes, nunca parecía necesitar comida ni refugio… y desaparecía tan misteriosamente como llegaba.
Peligros reales, protección real
La hostilidad anticlerical en la Turín del siglo XIX no era solo ideológica: hubo personas que intentaron matar a Don Bosco por su trabajo con los muchachos pobres y abandonados.
Varios relatos narran noches en que asesinos lo esperaban escondidos, hasta que Grigio aparecía de repente, gruñendo y lanzándose contra ellos, obligándolos a huir aterrorizados.
En un episodio muy conocido, un grupo de hombres atacó a Don Bosco, pero el perro se lanzó “como un oso” y los dejó tan asustados que terminaron suplicando al santo que lo detuviera antes de escapar en la oscuridad.
En otra ocasión, un hombre disparó a quemarropa, falló el disparo y luego fue atacado por Grigio, que lo soltó solo cuando el atacante, presa del pánico, salió corriendo.
Mucho más que un “guardaespaldas”
Grigio no solo rescataba a Don Bosco cuando ya había comenzado el ataque; a veces evitaba que el santo caminara directamente hacia el peligro.
Una noche, pese a las advertencias de su madre, Don Bosco quiso salir tarde: Grigio se echó en el umbral, gruñó y le bloqueó el paso hasta que el sacerdote se rindió y decidió no salir.
Testigos cuentan que Grigio era feroz con los agresores, pero increíblemente dócil con los chicos: lo acariciaban, le tiraban de las orejas e incluso se subían sobre su lomo, y él se dejaba jugar pacientemente.
Los relatos salesianos dicen que acompañaba a Don Bosco por calles solitarias, lo escoltaba hasta la puerta del Oratorio, se detenía allí, se negaba a entrar… y luego desaparecía en la noche.
¿Era Grigio un ángel?
Incluso los amigos de Don Bosco se preguntaban si Grigio era algo más que un perro extraordinariamente fiel.
Algunos sospechaban que se trataba de un ángel de la guarda en forma de animal, sobre todo porque aparecía de la nada, no se inmutaba ante golpes o piedras y parecía saber exactamente cuándo el sacerdote estaba en peligro.
Don Bosco evitaba dar una respuesta definitiva: se cuenta que decía que sería “una tontería” asegurar que era un ángel, pero también reconocía que Grigio claramente no era un animal común y corriente.
«Decir que es un ángel nos haría sonreír, pero tampoco podemos decir que era un perro común», señalaba el santo.
Hoy, muchos escritores salesianos hablan de Grigio como una ayuda misteriosa de la Providencia divina que permitió a Don Bosco sobrevivir el tiempo necesario para fundar y hacer crecer su misión con los jóvenes.
Lo que Grigio nos enseña hoy
Para los católicos de hoy, la historia de Grigio ilumina al menos tres realidades espirituales: la protección de Dios, la seriedad del combate espiritual y la cercanía tierna del cielo a nuestra vida diaria.
Así como Don Bosco confiaba en la Virgen María y en su ángel de la guarda mientras caminaba por calles peligrosas, la Iglesia nos invita a poner en manos de Dios a nuestras familias, parroquias y apostolados… aunque nunca veamos aparecer un perro gris a nuestro lado.
La tradición salesiana recuerda a Grigio no como un simple “detalle simpático” en la vida de un santo, sino como un signo de que, cuando un sacerdote se gasta por las almas, el cielo no lo abandona.
Desde los cuentos para niños hasta los medios católicos actuales, el “perro guardián” sigue fascinando a los creyentes y despertando asombro ante lo lejos que Dios puede llegar para proteger a un solo pastor… para que pueda seguir guiando a su rebaño.
Nuria Chicchón Sara
Fuente de esta noticia: https://es.churchpop.com/la-curiosa-historia-del-perro-le-salvo-la-vida-a-don-bosco/
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