
Es un santuario de la memoria deportiva sudamericana, el lugar donde un pueblo soñó en grande y, por un instante, tocó la gloria del automovilismo mundial. Es el escenario donde Juan Manuel Fangio, el más grande de todos, no solo corrió y ganó, sino que honró con su presencia el espíritu de la camaradería deportiva.
En lo profundo del departamento de Maldonado, Uruguay, donde la brisa del Río de la Plata se mezcla con el silencio del abandono, yace un fantasma de la historia automovilística mundial. Un lugar donde el musgo y la maleza han tejido un manto verde sobre lo que una vez fue un templo de la velocidad, y donde el eco de los rugidos de motores de leyenda se ha disipado, dejando solo el susurro del viento entre los árboles.
Este es el Autódromo de Punta Fría, un escenario que, durante dos domingos gloriosos de 1952, se convirtió en el centro del automovilismo mundial y escribió, con neumáticos y gasolina, un capítulo dorado para Piriápolis. Esta es la crónica de un sueño efímero, de un ícono que se resiste a morir, y del día en que el gran Juan Manuel Fangio, recién coronado campeón del mundo, pisó este rincón uruguayo para forjar una leyenda.
La génesis: Un balneario con ambición de Grand Prix
Tras la Segunda Guerra Mundial, el automovilismo de competición experimentó un renacimiento global. Grandes marcas como Maserati, Alfa Romeo y Ferrari, algunas con experiencia en la fabricación bélica, vieron en las pistas un laboratorio perfecto para la innovación y la propaganda de sus vehículos. En Uruguay, los entusiastas ya se habían organizado en la Asociación Uruguaya de Volantes desde 1940, pero carecían de un escenario seguro donde desarrollar su pasión. Piriápolis, la joya fundada por Francisco Piria, buscaba romper con la estacionalidad turística con espectáculos de talla internacional.
La chispa la encendió un grupo de visionarios locales. Figuras como Jorge Massironi, propietario del cine local; el diplomático y comediógrafo Roberto Fontaina; el entonces ministro Alberto Domínguez Cámpora; y el propio Ricardo Piria, descendiente del fundador, imaginaron un circuito en los terrenos familiares donde antes existía una cancha de golf. Con el apoyo institucional pero sin fondos estatales de la Comisión Nacional de Turismo, cuyo nombre llevaría la carrera, estos pioneros dieron forma a un trazado de 2.350 metros a los pies del Cerro San Antonio, con un ancho variable entre 12 y 14 metros y un piso bituminoso. Su diseño, pensado para equilibrar la habilidad de los pilotos con la potencia de las máquinas, tenía una genialidad de seguridad: el público se ubicaría en la ladera del cerro, observando desde arriba, minimizando así cualquier riesgo.
Pero un escenario de esta magnitud necesitaba una estrella de igual calibre para su inauguración. Y la consiguieron.
El compromiso de un campeón: “La felicidad de ver a mis amigos”
En octubre de 1951, mientras celebraba en Barcelona su primer título mundial de Fórmula 1, el piloto argentino Juan Manuel Fangio recibió una invitación. Aquel hombre, conocido como “El Chueco” y destinado a convertirse en una leyenda con cinco coronas mundiales, aceptó competir en la lejana Piriápolis bajo una única y sencilla condición, según relató el periodista Héctor Morás: “la felicidad de ver a mis amigos”. Era el compromiso de un campeón con el deporte sudamericano.
Para entonces, Fangio ya era una figura mítica. Nacido en Balcarce, Argentina, en 1911, había abandonado sus estudios para dedicarse a la mecánica y las carreras, destacándose primero en el Turismo Carretera. Su salto a Europa, apoyado por el gobierno argentino, fue meteórico. En el momento de llegar a Uruguay, era el monarca reinante, el hombre a batir.
23 de marzo de 1952: El rugido que estremeció a Piriápolis
El domingo 23 de marzo de 1952 amaneció con el espíritu de una fiesta grande en Punta Fría. No era para menos: la parrilla de salida reunía a una constelación de pilotos internacionales que hubiera sido el orgullo de cualquier Gran Premio europeo. Junto a Fangio se alineaban:
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De Argentina: El “Cabezón” Froilán González, Carlos Menditeguy y Onofre Marimón.
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De Brasil: Francisco “Chico” Landi y Francisco Márquez.
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De Francia: Louis Rosier, Robert Manzon y Maurice Trintignant.
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De Italia: Nelo Pagani.
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De Uruguay: Eitel Cantoni, Asdrúbal Fontes Bayardo y Danton Bazet.
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De Tailandia (entonces Siam): El excéntrico Príncipe Bira.
Fangio, al volante de una Ferrari 2000 cc con compresor, dominó la carrera de principio a fin. Durante 65 vueltas, equivalentes a 152 kilómetros y 599 metros, su destreza fue imbatible. Cruzó la línea de meta en 1 hora, 28 minutos y 15 segundos, con una ventaja de 45 segundos sobre el brasileño Chico Landi. El francés Robert Manzon completó el podio, a una vuelta del líder. El evento fue tan trascendente que, por esos días, la prensa bautizó a Piriápolis como “la Montecarlo del Plata”.
La fiesta, sin embargo, no terminó ahí. Una semana después, el 30 de marzo, se disputó una segunda prueba. Fangio volvió a liderar, demostrando que su triunfo no había sido casualidad, aunque la carrera debió suspenderse antes de su final debido a una intensa lluvia. Las celebraciones se trasladaron al lujoso Argentino Hotel, donde se agasajó a los héroes de la jornada.
El ocaso: De pista de leyendas a “autódromo fantasma”
Tras su espectacular debut, Punta Fría continuó albergando competencias, principalmente de categorías nacionales como la Fuerza Libre. Sin embargo, la falta de una infraestructura permanente y de inversión sostenida comenzó a pesar. A mediados de la década de 1970, el último motor en competencia rugió en el circuito. El abandono se apoderó del lugar.
Los años pasaron, la naturaleza reclamó su espacio, y el asfalto se agrietó bajo el sol y la lluvia. El autódromo, aún de propiedad privada de los herederos de la familia Piria, se transformó en lo que los entusiastas llaman con melancolía un “autódromo fantasma”. Su trazado, sin embargo, permanece imborrable en la tierra y es claramente visible desde la cima del Cerro San Antonio, un testimonio silencioso de días mejores.

El renacer de un sueño: Los esfuerzos por rescatar la leyenda
La memoria de Punta Fría es demasiado poderosa para desaparecer. En los últimos años, un movimiento impulsado por clubes automovilísticos, periodistas especializados y aficionados ha intentado revivir el espíritu del lugar, no para competencias de alta velocidad, sino como un monumento vivo al patrimonio deportivo nacional.
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2021 – Retro Rally Turístico: En enero, una caravana de autos clásicos y sport llegó al circuito en lo que fue la tercera edición de este evento. Los organizadores entregaron incluso una tabla de asado grabada con el diseño del circuito como recuerdo, buscando “dejar huella” y presionar a las autoridades para que reconozcan su valor histórico.
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2022 – Homenaje a “Ito” Dellepiane: Este fue uno de los eventos más emotivos y multitudinarios. Nicolás “Ito” Dellepiane, fundador del Old School Racing Club e hijo de un histórico del automovilismo argentino, fue homenajeado póstumamente con una caravana de más de cien vehículos antiguos que dieron dos vueltas al circuito, ante la mirada de cerca de mil espectadores. El evento, apoyado por el municipio y la familia Piria, demostró el profundo afecto que el lugar aún despierta.
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2023 – Remozamiento parcial: Para el Rally de Piriápolis, el circuito fue limpiado y parcialmente remozado para servir como tramo final de la competencia, mostrando que su estructura básica aún puede ser útil.
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2025 – 75 años de la F1: Se realizaron charlas conmemorativas en el sitio, recordando el vínculo indisoluble entre el circuito y los orígenes de la Fórmula 1 mundial.
Estos esfuerzos puntuales son los latidos de un corazón que no quiere detenerse. Existe incluso un proyecto cultural llamado “Autódromo de Punta Fría Memorial 1952 – 2023”, que busca rescatar el lugar de forma permanente como un espacio turístico y museístico. Sin embargo, el gran desafío de una restauración integral y un relanzamiento formal sigue pendiente, a la espera de la confluencia de voluntades políticas, inversión privada y el inagotable empuje de la comunidad automovilística.
lr21.com.uy
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