
Teddy Roosevelt, el vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos, fue uno de los mejores funcionarios electos en la historia de esa nación y uno de los líderes más importantes que el mundo haya conocido. Era un tsunami de energía, alguien que nunca consideró que una montaña fuera demasiado alta para escalarla o que una lucha fuera demasiado peligrosa para participar en ella. Sacudió a la nación, inventó la presidencia moderna y dejó un país transformado a su paso. En otras palabras, hay una razón por la que su rostro, junto con los de Washington, Jefferson y Lincoln, está esculpido en el monte Rushmore.
Teddy Roosevelt, al reflexionar sobre la carga del liderazgo y la voluntad de arriesgarlo todo e intentar grandes cosas, hizo la famosa observación:
No es el crítico quien cuenta, ni el que señala cómo tropieza el hombre fuerte, o dónde el hacedor de obras podría haberlas hecho mejor. El mérito pertenece al hombre que está realmente en la arena, cuyo rostro está manchado por el polvo, el sudor y la sangre; quien se esfuerza valientemente; quien se equivoca, quien se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin errores y defectos; pero quien realmente se esfuerza por hacer las cosas; quien conoce el gran entusiasmo, la gran devoción; quien se entrega a una causa digna; quien, en el mejor de los casos, conoce al final el triunfo del éxito, y quien, en el peor, si fracasa, al menos fracasa mientras se atreve a hacer grandes cosas, de modo que su lugar nunca estará entre esas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota.1
Cada vez que leo la cita de Roosevelt, mi mente se dirige al pastorado y al excelente trabajo que realizan los hombres de Dios. El cargo de pastor es sublime, el trabajo es noble y los hombres que lo desempeñan fielmente son dignos de nuestra admiración.
Los pastores son aquellos que han sido apartados por Dios, llamados por Su Espíritu y que han sometido sus vidas a Él
En nuestra era de noticias constantes, redes sociales y la atención mundial hacia los pastores que han tropezado, es fácil olvidar todo lo que los pastores hacen por la iglesia. Claro, todos hemos oído hablar de algún pastor que no ha actuado de manera admirable, pero ellos son la excepción, no la regla. La mayoría de los pastores que conozco se ganan mi confianza y respeto, y merecen mis oraciones y apoyo. Eso, y mis propios años de servicio en iglesias, me hacen admirar a los pastores. Tú también deberías hacerlo. Estas son las razones.
En primer lugar, los pastores son llamados por Dios. Cristo ha dado a la iglesia de nuestra época «evangelistas, […] pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4:11-12). Uno no entra en el ministerio por casualidad, sino que se rinde a él. Los pastores son aquellos que han sido apartados por Dios, llamados por Su Espíritu y que han sometido sus vidas a Él. Esto requiere obediencia no solo para entrar en el ministerio, sino para continuar en él. Por lo tanto, admiro a los pastores por rendir sus vidas a Dios.
En segundo lugar, los pastores ministran la Palabra. La única e irreductible responsabilidad del pastor es alimentar a las ovejas con la Palabra de Dios. Pablo estipula que el pastor «debe ser […] apto para enseñar», y encargó a Timoteo que se ocupara «en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza» y que «predica[r] la Palabra» (1 Ti 3:2, 4:13; 2 Ti 4:2). El pastor que cumple fielmente con esta responsabilidad hace más que alimentar a la iglesia con la Palabra; me alimenta a mí con la Palabra. Todo cristiano necesita una ingesta constante de la Palabra de Dios. Y un pastor fiel, que divide correctamente la Palabra cada semana, es digno de gran elogio.
Satanás se centra en aquellos cuya caída causará más daño a la iglesia y mancillará más la gloria de Dios. Admiro a los pastores por ponerse en la arena
En tercer lugar, los pastores están sujetos a un mayor nivel de responsabilidad. De hecho, tanto la tarea de predicar como la responsabilidad de la rendición de cuentas espiritual conllevan este mayor nivel de responsabilidad. Comienza con los requisitos del ministerio, tal y como se describen en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:6-9. Pero se extiende también a otros pasajes, entre ellos: «que no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo», y a las congregaciones se dice: «Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta» (Stg 3:1, He 13:17). Este hecho es aún más desalentador cuando uno se da cuenta de que los pastores se enfrentan a tentaciones más intensas. Satanás se centra en aquellos cuya caída causará más daño a la iglesia y mancillará más la gloria de Dios. Admiro a los pastores por ponerse en la arena.
Cuarto, los pastores cuidan del rebaño. Los pastores son más que un hombro para llorar, y ofrecen más que consuelo durante las pruebas de la vida. Predican, dirigen y cumplen con una serie de otras responsabilidades, pero los pastores son hombres que están dispuestos a llevar nuestras cargas del corazón. Cuando necesitamos oración, consejo o apoyo, los pastores se ponen de pie en la brecha por nosotros. Llevan nuestra carga con nosotros. Pablo habló de su afecto y cuidado paternal hacia los creyentes de Tesalónica, y Pedro exhortó a los ancianos a pastorear al rebaño con entusiasmo, sin tener señorío sobre él. Así es el corazón de un pastor, alguien que ama a su congregación. No es una tarea fácil. Los miembros de la iglesia pueden ser descarriados, obstinados e incluso rebeldes. Por lo tanto, el pastor que sirve al rebaño es digno de nuestra admiración.
En conclusión
¿Admiras a tu pastor? ¿Él lo sabe? No se trata de ponerlo en un pedestal. Se trata de valorarlo, apreciarlo y honrarlo como es debido. No esperes hasta el Día del Pastor. ¿Por qué no le das las gracias esta semana? ¿Por qué no oras por él esta semana? ¿Por qué no le dices palabras de aliento esta semana? Al hacerlo, él se sentirá animado, su iglesia se fortalecerá y, sin duda, él les prestará un servicio aún mejor.
Publicado originalmente en For the Church. Traducido por María del Carmen Atiaga.
Jason Allen
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/admiro-pastores-tambien-deberias/
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