
La intoxicación por plomo en niños sigue siendo uno de los problemas de salud ambiental más graves en México, a pesar de ser ampliamente conocido desde hace más de un siglo. Millones de niñas y niños están expuestos a este metal pesado a través de una fuente cotidiana: la vajilla de barro vidriado. La evidencia científica muestra que esta exposición afecta el desarrollo neurológico, cognitivo y físico desde los primeros años de vida.
Intoxicación por plomo en niños: una emergencia sanitaria persistente
El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) estima que 1.3 millones de niños de entre 1 y 4 años presentan niveles elevados de plomo en sangre, y que 3.3 millones de menores de entre 1 y 14 años viven con algún grado de intoxicación. Estos datos, obtenidos a partir de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022–2024, revelan que la magnitud del problema se mantiene prácticamente sin cambios respecto a mediciones previas.
Desde el punto de vista científico, el plomo es especialmente dañino durante la infancia porque el sistema nervioso aún está en desarrollo. No existe una dosis segura de exposición, y concentraciones superiores a 5 µg/dL (el umbral definido por la norma NOM-199-SSA1-2000) se asocian con alteraciones neurológicas, dificultades de aprendizaje y problemas conductuales. A nivel poblacional, esto se traduce en una pérdida promedio de más de cuatro puntos de coeficiente intelectual, una reducción que compromete el potencial individual y colectivo.
El barro vidriado con plomo como fuente de exposición ambiental
La principal fuente de intoxicación por plomo en niños en México es el uso de loza de barro vidriada con esmaltes que contienen plomo, una práctica artesanal extendida en distintas regiones del país. Cuando estos utensilios entran en contacto con alimentos calientes o ácidos, el metal se libera y contamina lo que se consume, integrándose al organismo de forma progresiva.

Desde una perspectiva ambiental, este fenómeno refleja cómo los contaminantes pueden incorporarse al entorno doméstico sin generar señales inmediatas de alerta. A pesar de que la norma NOM-231-SSA1-2016 establece límites máximos permitidos de plomo y cadmio, una proporción significativa de la alfarería tradicional no cumple con estos estándares. La exposición es constante, acumulativa y silenciosa, lo que dificulta su detección temprana.
El costo humano de la contaminación silenciosa
La intoxicación por plomo en niños no afecta de manera uniforme a la población. Los datos del INSP muestran que la prevalencia es mayor en comunidades indígenas, zonas con alta marginación y en niños con desnutrición crónica. En estos grupos, la exposición puede alcanzar hasta el 29%, mientras que en sectores con mejores condiciones socioeconómicas la cifra desciende de forma considerable.

Estados como Puebla, Tlaxcala y San Luis Potosí concentran algunos de los niveles más altos de toxicidad. Esta distribución desigual convierte al problema en un claro ejemplo de injusticia ambiental, donde los efectos de la contaminación recaen de manera desproporcionada sobre poblaciones históricamente vulnerables. La ciencia ha demostrado que pobreza, malnutrición y exposición ambiental se refuerzan entre sí, amplificando el daño a la salud.
Cuando el plomo entra al cuerpo: daños que no se detienen
Aunque el impacto neurológico es el más documentado, la exposición crónica al plomo afecta múltiples sistemas del cuerpo humano. Estudios científicos han identificado daños en riñones, sistema cardiovascular, sistema inmunológico y funciones endocrinas, además de efectos reproductivos a largo plazo.

La Organización Mundial de la Salud reconoce al plomo como una de las diez sustancias más peligrosas para la salud humana, subrayando que la prevención es la única estrategia efectiva. En México, aunque existen programas oficiales para la reducción de la exposición y para la producción de alfarería libre de plomo, la falta de implementación sostenida ha permitido que el problema persista.

La intoxicación por plomo en niños es una crisis de salud ambiental que combina contaminación, desigualdad y omisiones históricas. La evidencia científica es clara: el daño es profundo, acumulativo y prevenible. Abordar este problema implica proteger el desarrollo infantil, preservar la salud colectiva y replantear la relación entre tradición, medio ambiente y bienestar humano. Si el plomo sigue presente en los espacios más básicos de la vida cotidiana, ¿qué dice eso sobre las prioridades en la protección de la salud pública?
Carolina Gutiérrez Argüelles
Fuente de esta noticia: https://ecoosfera.com/sci-innovacion/altos-niveles-intoxicacion-plomo/
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