

Durante años se instaló la idea de que comer sano y de forma sostenible era un privilegio costoso, reservado a quienes podían llenar la cesta con productos caros, ecológicos o de importación. Sin embargo, un nuevo análisis global liderado por la Friedman School de la Universidad de Tufts demuestra lo contrario: en la mayoría de países, lo más barato dentro de cada grupo de alimentos suele ser también lo menos contaminante.
Este hallazgo cambia el eje de la conversación en un sistema alimentario presionado por el clima, la inflación y la inseguridad alimentaria. No se trata de comer menos, sino de elegir distinto.
Metodología del estudio
El equipo cruzó tres capas de información para cada alimento:
- Precio local.
- Peso real en la dieta nacional.
- Huella climática por unidad.
Con ese mosaico construyeron cinco dietas posibles por país, desde la de menor coste hasta la de menor impacto climático, pasando por combinaciones que reflejan hábitos reales.
Resultados concretos
Tomando 2021 como referencia:
- Una dieta saludable basada en productos habituales generaba 2,44 kg de CO₂ equivalente por persona/día y costaba 9,96 dólares.
- La versión diseñada para minimizar emisiones bajaba a 0,67 kg de CO₂ con un coste de 6,95 dólares.
- La dieta de mínimo precio se quedaba en 1,65 kg de CO₂ por solo 3,68 dólares.
- Un escenario híbrido, más realista, mezclaba alimentos populares con sustituciones eficientes: 6,33 dólares diarios y 1,86 kg de CO₂ equivalente.
La conclusión es clara: el bolsillo y el clima suelen alinearse cuando se elige bien.
Por qué lo barato suele ser más verde
Los alimentos más baratos tienden a requerir:
- Menos energía fósil.
- Menos procesamiento industrial.
- Menor transformación del territorio.
- Cadenas de suministro cortas.
- Ingredientes simples y menos refrigeración.
- Menos desperdicio invisible.
Excepciones en el sistema
La lógica se rompe en dos áreas:
- Alimentos de origen animal: procesos biológicos como metano y fermentación distorsionan la relación entre precio y clima.
- Cereales básicos: el arroz, aunque barato, libera grandes cantidades de metano en campos inundados.
Opciones más sostenibles
- Leche: barata en calorías y proteínas, con huella menor que la carne vacuna.
- Pescados pequeños y grasos (sardinas, caballa): coste moderado, emisiones bajas y gran eficiencia en conversión de proteína.
- Trigo y maíz: menor huella climática que el arroz, al no generar emisiones microbianas en condiciones anegadas.
Implicancias políticas y sociales
Las conclusiones del estudio tienen un valor político enorme:
- Comedores escolares, ayudas alimentarias y compras públicas pueden priorizar alimentos más baratos y menos emisores.
- Se alinean salud, clima y justicia social.
- Tecnologías como el riego intermitente en arrozales o aditivos en la dieta del ganado pueden reducir emisiones en los puntos críticos.
La regla es sorprendentemente clara: dentro de cada estantería, lo más barato suele ser también lo más verde, salvo excepciones como el arroz ultra barato y algunos lácteos intensivos en metano. Este hallazgo redefine la relación entre alimentación, economía y sostenibilidad, mostrando que comer sano no solo es posible, sino también más accesible y beneficioso para el planeta.
Fuente de esta noticia: https://noticiasambientales.com/bienestar/comer-sano-puede-ser-mas-barato-y-reducir-las-emisiones-un-estudio-global-revela-como-elegir-mejor/
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