
Los paneles solares y la energía solar china transformaron el panorama energético de Sudáfrica en apenas cinco años.
La tecnología asiática alcanzó el 10% de la capacidad eléctrica del país, desafiando el modelo de las empresas tradicionales y ofreciendo una alternativa ante un sistema plagado de apagones frecuentes.
Durante décadas, la electricidad en buena parte de África fue frágil. Clínicas cerradas por cortes de luz, fábricas paradas y comercios funcionando a medias definieron la realidad energética del continente.
La caída drástica en el precio de los paneles solares chinos y las baterías convirtieron a la energía solar en una herramienta cotidiana y accesible en Sudáfrica.
La energía solar china en Sudáfrica, de pequeñas placas a sistemas energéticos completos
El cambio no se limitó a pequeñas instalaciones domésticas. En Sudáfrica aparecieron sistemas de energía solar híbridos capaces de alimentar bodegas de vino, centros comerciales, minas y fábricas completas.
La combinación de paneles solares chinos, inversores y baterías creó microredes privadas dentro de cada negocio.
Por ejemplo, un dentista en Ciudad del Cabo dejó de depender del generador diésel y pasó a funcionar con electricidad solar más baterías.
Así, ganó fiabilidad, algo casi tan valioso como el ahorro económico. Sin rayos X ni equipos odontológicos funcionando, no hay servicio posible.
Ese salto tecnológico explica por qué la energía solar pasó de casi nada en 2019 a alrededor del 10% de la capacidad eléctrica de Sudáfrica.
No fue una transición impulsada por políticas públicas, sino una respuesta directa a un sistema eléctrico fallido.

China como potencia en equipos energéticos
En todo el continente africano, el papel de China resultó central en esta transformación. En la última década construyó una capacidad industrial gigantesca en paneles, baterías y vehículos eléctricos.
El resultado fue una avalancha de equipos baratos buscando mercado. En Europa y Estados Unidos, aranceles y barreras comerciales frenaron esa entrada.
En África, donde más de 600 millones de personas siguen sin acceso fiable a la electricidad, el espacio es enorme.
Países como Sierra Leona o Chad importaron en un solo año equipos solares equivalentes a una parte muy significativa de su capacidad eléctrica nacional.
Empresas estatales chinas no solo vendieron equipos. También construyeron y operaron grandes plantas solares y líneas de transmisión en territorio sudafricano.
Los proyectos para ampliar miles de kilómetros de red eléctrica reflejaron una realidad: la transición energética necesita capital, y ese capital hoy lo pone, en gran medida, Pekín.
El desafío de Eskom y la desigualdad energética que genera la energía solar en Sudáfrica
Para la empresa eléctrica sudafricana Eskom, la explosión de la energía solar privada es paradójica. Cada tejado cubierto de paneles representa menos ingresos por electricidad vendida.
Pero también significa menos presión sobre centrales de carbón viejas y averiadas. La empresa tuvo que adaptarse: permitir vender energía a la red, eliminar trabas burocráticas y cobrar por estar conectado.
Eskom planea convertir antiguos terrenos de centrales de carbón en parques solares, una forma pragmática de reutilizar infraestructuras.

Sin embargo, aparece una grieta social importante. Aunque los paneles solares chinos sean más baratos que nunca, siguen inaccesibles para millones de personas sin ahorros ni crédito.
En barrios como Langa, una sola placa donada apenas cubre luces y ordenadores. Se crea así una transición energética desigual: empresas, hoteles y clases medias reducen costes y ganan estabilidad.
Así, los más pobres en Sudáfrica siguen atados a una red cara y poco fiable, a diferencia de la energía solar a la que acceden quienes tiene más recursos.
El impacto ambiental: beneficios y riesgos futuros
La sustitución de carbón por energía solar distribuida reduce directamente las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas finas.
Por ello, en un país como Sudáfrica, donde gran parte de la electricidad procede de centrales térmicas, cada megavatio solar significa aire más limpio.
Al reducir el uso de generadores diésel durante apagones, baja también la contaminación acústica y los derrames de combustible.
En zonas urbanas densas, esto se traduce en mejor salud pública: menos asma y problemas respiratorios.
El riesgo ambiental real está en la gestión futura de los paneles y las baterías. Sin planes de reciclaje y economía circular, la ola solar de hoy podría convertirse en el residuo electrónico de mañana.
Fuente de esta noticia: https://noticiasambientales.com/energia/la-energia-solar-china-impulsa-una-revolucion-energetica-en-sudafrica/
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