
En el corazón del estado de São Paulo, a escasos kilómetros de São Roque y Araçariguama, un enigma que lleva más de siete décadas sigue desafiando a todo el que lo investiga. El caso de João Prestes Filho, un humilde campesino que murió en marzo del año 1946 tras ser alcanzado por una misteriosa luz ardiente, ha sido durante años objeto de estudios, debates y teorías que van desde lo sobrenatural hasta lo extraterrestre. Lo que se inició como una investigación rutinaria sobre ataques de supuestos chupacabras en el año 1997 se transformó en la reapertura de uno de los episodios más estremecedores de la historia de la ufología mundial.
Fue el investigador e historiador Claudio Tsuyoshi Suenaga, junto al periodista Pablo Villarrubia, quienes encontraron accidentalmente una pista que los llevó a la familia Prestes, desenterrando testimonios inéditos y desmintiendo parte del mito que se había tejido durante medio siglo.
La noche que cambió para siempre Araçariguama
El 4 de marzo de 1946, en plena semana de carnaval, João Prestes decidió alejarse del bullicio. Prefería la tranquilidad del río Tietê, donde fue a pescar solo, mientras su esposa y sus hijos participaban de las celebraciones. Aquella decisión marcaría su destino.
Al regresar a su casa, según los testimonios recogidos, João se preparaba para cenar cuando una luz intensa, similar a una “antorcha de fuego”, atravesó la ventana e iluminó todo el cuarto. En segundos, sintió cómo su cuerpo se abrasaba desde el pecho hasta la cabeza. Aterrorizado, se envolvió en una manta y, descalzo, emprendió una carrera desesperada de más de dos kilómetros hasta la casa de su hermana María Prestes, en el centro del pueblo.
Los testigos relataron que llegó con el cuerpo ennegrecido, la piel quemada y el rostro deformado por el dolor. Sin embargo, lo más inquietante era que sus ropas y cabellos estaban intactos. Fue trasladado a Santana do Parnaíba, pero falleció antes de llegar al hospital. Su certificado de defunción, recuperado décadas después por Suenaga, registra la causa como “colapso cardíaco por quemaduras generalizadas de primer y segundo grado”.
Durante años, se afirmó que el cuerpo de João se desintegraba en vida, cayéndosele trozos de carne de los huesos. Esa versión, difundida en libros y revistas extranjeras, fue desmentida por su sobrino Luis Prestes y por Vergílio Francisco Alves, primo segundo de la víctima, quienes ofrecieron versiones más realistas pero igualmente estremecedoras.
Luis recordó que su padre, Roque Prestes, un ex combatiente de la revolución constitucionalista, siempre hablaba del incidente con temor reverencial. Según él, João no sufrió descomposición del cuerpo, sino quemaduras severas y un ennegrecimiento progresivo de la piel, concentrado en la parte superior del cuerpo. “No se le caían pedazos de carne, pero el dolor era insoportable”, explicó.
Vergílio, que entonces tenía poco más de veinte años, confirmó que vio a su primo agonizando en casa de María: “Tenía las manos retorcidas, la piel rojiza como si se hubiera asado, pero su ropa estaba intacta. Los pies estaban despellejados de tanto correr por las piedras”. El anciano aseguró además que João ya había sido perseguido años antes por luces misteriosas conocidas en la región como boitatás o “mãe do ouro”.
Una región marcada por los fenómenos extraños
El área comprendida entre Araçariguama, São Roque y Santana do Parnaíba es, desde principios del siglo XX, escenario de fenómenos extraños. Las crónicas locales narran apariciones de bolas de fuego, seres luminosos e incluso criaturas mitad humanas, mitad animales. Algunos vecinos atribuyen estos sucesos a la mina de oro de Morro Velho, hoy abandonada, donde se habrían producido manifestaciones luminosas desde los años veinte.
“Mi abuelo decía que esas luces salían del suelo, que eran espíritus del oro o maldiciones de los bandeirantes”, recordaba el testigo Luis Prestes. Otros habitantes hablaban del lobisomem, un hombre-lobo que, según la leyenda, habría sido herido en 1922 y reaparecido con forma humana al día siguiente.
Décadas después, los fenómenos continuaron. En 1955, trabajadores de una cantera vieron un objeto metálico flotante perseguido por aviones militares. En 1989, el enterrador del pueblo, Nelson Oliveira, relató haber visto sobre el cementerio un ovni con forma de sombrero invertido, brillante y silencioso. Los informes ufológicos brasileños registran, además, decenas de avistamientos similares en la región entre los años 1993 y 1997.
El anciano Vergílio Francisco Alves, entrevistado por Suenaga y Villarrubia, no solo aportó coherencia al relato, sino que sugirió una conexión más amplia entre el caso Prestes y otros fenómenos. Según su testimonio, su primo Emiliano Prestes también fue atacado meses después por una antorcha de fuego mientras caminaba por un bosque cercano. “Sintió un calor insoportable, cayó de rodillas y comenzó a rezar. La luz se detuvo y desapareció”, explicó.
Estas coincidencias llevaron a los investigadores a considerar la posibilidad de que Araçariguama fuese una “zona ventana”, un lugar donde distintos fenómenos anómalos se manifiestan con frecuencia. En ese punto, la investigación tomó un giro más profundo: ¿podrían aquellas luces ser una forma de energía natural desconocida, o estaban relacionadas con la actividad extraterrestre?
Hipótesis sobre el caso João Prestes
El caso de João Prestes comenzó a ganar notoriedad internacional en el año 1971, cuando el ufólogo Irineu Silveira lo presentó en una conferencia sobre vida extraterrestre en São Paulo. Desde entonces, surgieron diversas teorías. El investigador Walter Bühler defendía una causa local como un accidente con un candil. Pero otros expertos, como el médico Luiz Braga y el ufólogo Fernando Grossmann, rechazaban esa explicación.
Grossmann entrevistó en el año del año 1974 al enfermero Aracy Gomide, quien atendió a João en sus últimas horas. Gomide describió una descomposición del tejido corporal “similar a los efectos de la radiación atómica”, como en las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Según su relato, las quemaduras no afectaron la ropa ni el cabello, lo que sugería una emisión de energía dirigida. “No era fuego, era radiación pura”, aseguró.
El certificado de defunción, sin embargo, contradice algunas de esas versiones. Establece como causa “quemaduras generalizadas” y fecha de muerte el 4 de marzo de 1946 a las 22:00 horas, no el 5 ni el 6, como se había repetido durante décadas. João tenía 44 años, no 39. Aun así, persiste la pregunta central: ¿qué tipo de energía pudo carbonizar el cuerpo de un hombre sin quemar su ropa ni su entorno?
Con el paso de los años, el “caso Prestes” se ha convertido en una referencia obligada en la ufología brasileña. Los diferentes testimonios de campesinos, evidencias médicas y fenómenos aéreos no identificados (OVNI) lo ubican en el límite entre el mito y la ciencia. Algunos investigadores lo vinculan con otros episodios, como los ataques lumínicos en el estado de Pará durante los años setenta, donde víctimas humanas también reportaron quemaduras inexplicables provocadas por luces voladoras.
El periodista Villarrubia escribió que el fenómeno parecía «inteligente”, como si aquellas luces seleccionaran a sus víctimas. Por su parte, Suenaga consideraba plausible la hipótesis del relámpago esférico, un raro fenómeno atmosférico capaz de producir calor extremo. “Pero incluso así, no se explica por qué las luces parecían perseguir personas”, reflexionó en una entrevista posterior.
Hoy, Araçariguama sigue siendo un pueblo pequeño, de calles empedradas y casas antiguas, donde el recuerdo de João Prestes se mezcla con los relatos de los mayores, de los ancianos. Algunos aún afirman ver “bolas de fuego” cruzando el cielo en las noches sin luna. Otros prefieren callar.
El misterio de João Prestes Filho va más allá de su trágica muerte. Representa, sin dudas, la frontera entre la realidad documentada y los límites del conocimiento humano. Su historia resume el desconcierto que causa lo desconocido en comunidades rurales donde lo sobrenatural convive con lo cotidiano. Entre el boitatá indígena, el fuego fatuo, los ovnis y las energías inexplicables, el caso sigue siendo una herida abierta en la historia de la ufología latinoamericana.
Mientras los científicos buscan respuestas racionales, muchos en Araçariguama siguen creyendo que la luz que mató a João no era de este mundo.
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