
El escritor tecnológico Packy McCormick se hizo viral recientemente con una publicación en X en la que ofrecía este «consejo profesional»: «Básicamente, puedes leer más de cien libros al día si le pides a ChatGPT que te los resuma».
No hablaba en serio; era una broma con intención de provocar una conversación. Pero tuvo repercusión porque parecía algo sobre lo que la gente pronto debatiría acaloradamente, si es que no lo estaba haciendo ya. O quizá más probablemente se trate de una práctica ligeramente tabú que la gente ya hace —como una forma de parecer culta o informada—, pero que no está dispuesta a admitir que hace.
Si SparkNotes atraía a los adolescentes y estudiantes universitarios de mi generación —un atajo para leer realmente un libro largo—, entonces seguramente el «resumen de libros por IA» será una tentación real en el futuro. Será difícil resistirse a un truco que promete los beneficios de leer un libro («puntos clave») sin el enorme gasto de tiempo que supone leer cientos de páginas. La vida es ajetreada, el tiempo es escaso y hay muchos más libros excelentes de los que cualquiera de nosotros podría leer. ¿Por qué no es mejor «leer» más libros apoyándonos en la capacidad de síntesis de la IA y adquiriendo conocimientos de forma más eficiente?
Porque es un mal intercambio. Es como cambiar un banquete por comida rápida.
Pasando por alto el placer (y el dolor) del proceso
Las metáforas comparativas nos ayudan a ver lo erróneo que es elegir un resumen de un libro generado por IA en lugar de leerlo realmente. Es similar a:
- Licuar una comida de diez platos de un restaurante Michelin en una bebida líquida que te bebes de un trago.
- Leer el resumen de la trama de una película de Christopher Nolan en Wikipedia en lugar de verla en un cine con pantalla IMAX.
- Ver episodios de televisión a doble velocidad para llegar al final y saber qué pasa.
- Explorar París en Google Maps en lugar de pasear por sus calles en persona (HT Alan Noble).
Es fácil entender por qué los «trucos» tecnológicos son tan atractivos. Prometen reducir el dolor: el dolor de la espera, el dolor del proceso, el dolor de los límites, el dolor de los ambientes incontrolables y los resultados impredecibles.
El encanto de los atajos
Los atajos han atraído a los seres humanos desde el Edén, cuando Adán y Eva querían obtener la sabiduría de Dios, pero no en los términos ni en el tiempo que Dios había establecido. La tecnología contemporánea da un nuevo impulso a la antigua búsqueda de la ilimitación, la optimización y la eficiencia (lo que Jacques Ellul denominó «técnica»).
La tecnología contemporánea da un nuevo impulso a la antigua búsqueda de la ilimitación, la optimización y la eficiencia
Mi esposa está embarazada y he estado pensando en el designio de la gracia de Dios para el embarazo como un proceso de nueve meses y medio. Es una larga prueba que sin duda resulta dolorosamente larga para las mujeres. ¿No sería más fácil si pudiéramos conseguir bebés como compramos calcetines en Amazon Prime? Si «pedir» un bebé y recibirlo en un día fuera una opción, ¿no sería preferible a ese proceso tan angustiosamente largo y arriesgado que es el embarazo? La mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que sería terrible. Pero los tecnólogos están trabajando duro para «superar» el diseño aparentemente ineficaz de Dios para hacer bebés. Y las parejas que compran un bebé que nace en gestación subrogada ya están practicando la «técnica» al desafiar descaradamente la imposibilidad de tener sus propios hijos.
Nuestra carne se ve constantemente tentada por los atajos: saltarse el proceso para llegar directamente a los resultados deseados. Pero el proceso es importante. Los planes para hacerse rico rápidamente, las apuestas, las dietas milagrosas, los «medicamentos milagrosos» y otras tentaciones de atajos suelen ser contraproducentes.
Dios valora y dignifica el proceso. Él mismo lo modela. Podría haber chasqueado los dedos y creado el mundo en un milisegundo. En cambio, tardó siete días. El método de discipulado de Jesús (con Pedro, por ejemplo), así como Su forma preferida de enseñar a través de parábolas que plantean preguntas, muestra que valora el proceso paciente y la fe por encima de los «puntos clave» y los resultados instantáneos. La eficiencia y la optimización del tiempo no parecen ser los valores más importantes para Dios. Tampoco deberían serlo para nosotros.
El valor de la lectura más allá de los «resultados» informativos
Si el principal valor de leer libros fuera solo «enseñanzas prácticas» o «conocimientos adquiridos», los resúmenes de IA probablemente podrían servir. Pero el acto de leer tiene un valor inmenso, el cual corremos el riesgo de perder si dejamos que la IA lea por nosotros. Consideremos solo algunas de las ventajas:
- Prestar atención a un libro durante un largo periodo nos ayuda a profundizar y a pensar con mayor claridad sobre un tema concreto, o a crecer en nuestro entendimiento de otras perspectivas o experiencias de vida.
- La lectura entrena los músculos de nuestro pensamiento crítico. El tiempo dedicado a la lectura es como el tiempo dedicado al gimnasio. Mientras más lo hagamos, más ágiles seremos (intelectual o físicamente).
- La lectura nos ayuda a crecer en humildad y a escuchar. Sentarnos quietos y seguir activamente la perspectiva o el argumento de otra persona sin insertar nuestra opinión o salir furiosos en mitad de la conversación es una práctica valiosa en un mundo que está perdiendo la capacidad —o la voluntad— de escuchar a los demás.
Como el pueblo del Libro, los cristianos tenemos otra razón para luchar por la lectura: Dios se reveló a Sí mismo en palabras escritas. Si la próxima generación terceriza la lectura a la inteligencia artificial y, en el proceso, pierde la capacidad de descifrar textos largos, ¿qué implicará eso para la alfabetización bíblica y la formación espiritual?
Si la próxima generación terceriza la lectura a la inteligencia artificial, ¿qué implicará eso para la alfabetización bíblica y la formación espiritual?
Una vida devocional significativa requiere dedicar tiempo a la Palabra de Dios, no solo pedirle a la IA que nos la resuma. Ser un cristiano «bíblico» no es solo tener bocados de conocimiento de la Biblia almacenados en nuestra mente. Es estar sumergido regularmente en las páginas de las Escrituras, empapándonos de ellas habitualmente, devorándolas con entusiasmo, saboreando sus verdades, que son más dulces que la miel (Sal 119:103).
La IA puede captar nuestra atención sintetizando y resumiendo ideas bíblicas por nosotros. Pero no puede cautivar nuestros corazones haciéndonos amar la Palabra de Dios. Nuestros afectos y apetitos se entrenan con el tiempo, en el proceso de empaparnos con las dulces riquezas de la Palabra de Dios. Dios no solo quiere comunicarnos unas pocas ideas en las Escrituras. Él quiere tener comunión con nosotros mientras le prestamos toda nuestra atención con entusiasmo. Entrenamos nuestros corazones y mentes para experimentar esta comunión atenta con el Libro de Dios al experimentarla con otros libros, tan a menudo como podamos.
¡Así que deshazte de los resúmenes de IA y sigue leyendo libros!
Brett McCracken
Fuente de esta noticia: https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/libros-no-resumenes-ia/
También estamos en Telegram como @prensamercosur, únete aquí: https://t.me/prensamercosur Mercosur
Recibe información al instante en tu celular. Únete al Canal del Diario Prensa Mercosur en WhatsApp a través del siguiente link: https://www.whatsapp.com/channel/0029VaNRx00ATRSnVrqEHu1W
