
¿Qué pasa cuando un parque nacional se queda sin la mayoría de sus caballos salvajes? En el Parque Nacional Kosciuszko, en los Alpes australianos, ya se empieza a ver la respuesta. El último censo del gobierno de Nueva Gales del Sur calcula que quedan unos 3000 caballos frente a los aproximadamente 17000 de hace un año y que desde 2021 se han eliminado más de 9000 animales. Menos cascos significan menos praderas peladas, orillas de arroyos algo más estables y menos sustos al volante en las carreteras de montaña.
Durante décadas estos caballos asilvestrados han sido una de las principales fuentes de daño ecológico en las zonas altas de Kosciuszko. No es solo que coman mucho. Un caballo adulto puede ingerir cada día en torno al dos por ciento de su peso, unos ocho kilos de pasto y hierbas alpinas de crecimiento muy lento, mientras que el canguro gris oriental, herbívoro nativo de referencia en la zona, ronda los seiscientos gramos diarios. La huella de cada caballo se multiplica.
El verdadero problema está en sus cascos. Los estudios señalan que los caballos pueden recorrer hasta cincuenta kilómetros al día y que su paso rompe las capas de musgo y compacta los profundos suelos de turba que funcionan como esponjas de agua. Cuando esos suelos se degradan, las praderas se drenan, las turberas pierden capacidad de almacenar el deshielo y las orillas de los arroyos se desmoronan. El resultado son cursos de agua más turbios y menos fiables.
Ese deterioro se nota en toda la cadena ecológica. Especies de alta montaña como los eslizones alpinos, la rata de dientes anchos, la rana corroboree o la zarigüeya pigmea de montaña dependen de una vegetación densa, de lechos de musgo intactos y de arroyos claros y sin sedimentos. Además, el agua que baja de los Alpes australianos sostiene casi una tercera parte del agua superficial que llega a la cuenca Murray Darling, clave para millones de personas y explotaciones agrícolas río abajo.
Con la fuerte reducción de la población de caballos, las presiones empiezan a aflojar. Los ecólogos que trabajan en el parque describen menos animales en sus recorridos y pequeñas islas de vegetación que colonizan de nuevo las calvas más pisoteadas. Incluso en taludes erosionados desde hace años se aprecia un borde algo menos brusco. Son observaciones preliminares, pero encajan con lo que suele ocurrir cuando se controla una especie invasora de gran tamaño en un ecosistema frágil.
Que el paisaje empiece a “respirar” no quiere decir que el problema esté resuelto. Los ecosistemas alpinos se recuperan despacio y los científicos recuerdan que décadas de daños no se deshacen en unos pocos veranos. Las temporadas de crecimiento son muy cortas y las plantas tardan años en colonizar un suelo de nuevo. En algunas laderas de Kosciuszko aún se ven cicatrices del antiguo pastoreo de ganado, pese a que las vacas dejaron el parque hace más de sesenta años. La recuperación se medirá en décadas.
En paralelo al control de la población, también ha cambiado el marco legal. A finales de 2025 el parlamento de Nueva Gales del Sur derogó la norma que otorgaba a estos caballos un estatus especial dentro del parque, de modo que pasan a tratarse como cualquier otra especie invasora. El plan de gestión actual fija un mínimo de unos 3000 animales hasta al menos 2027 como compromiso entre la protección ecológica y el valor cultural que parte de la comunidad atribuye a los caballos.
En el conjunto de Australia se calcula que casi medio millón de caballos salvajes ocupan desde bosques tropicales hasta pastizales semiáridos. Lo que ocurra en Kosciuszko servirá como prueba de hasta qué punto la reducción drástica de sus poblaciones permite recuperar humedales, riberas y especies muy amenazadas que dependen de ellos. Para muchos habitantes de la región los caballos son un símbolo del paisaje alpino; para los ecólogos, reducir su número es la única forma de dar a este parque una oportunidad real de curar parte de sus heridas.
Adrián Villellas
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/naturaleza/desaparecen-miles-de-caballos-salvajes-y-los-fragiles-ecosistemas-de-kosciuszko-empiezan-a-recuperarse-lentamente
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