
La salud mental de los venezolanos, un asunto ya muy deteriorado, sufría bajo Maduro, una combinación perversa de caída económica, violencia, desabastecimiento, y éxodo masivo, la reciente ofensiva militar estadounidense intensifica este golpe, actuando como un potente estresor traumático, agravando la ansiedad, depresión, y duelo complicado, junto a otros trastornos relacionados con el trauma.
La inseguridad crónica sobre el acceso a cosas básicas, aunado al pavor de perder la vida, o la de sus seres queridos por causa de la guerra, pinta un panorama sumamente riesgoso para el estrés postraumático, reacciones agudas al estrés, aumento de suicidios, y descompensación de trastornos mentales severos, en un sistema de salud ya en el abismo.
El contexto psicopatológico antes del ataque de USA
Varios informes describen una «emergencia humanitaria compleja» en Venezuela, con un sistema de salud quebrado, falta de medicinas y las condiciones de vida deteriorándose sin remedio desde la era de Maduro. Antes incluso del ataque militar, ya se apreciaban niveles altísimos de estrés, desesperanza, rabia y una indefensión aprendida en la gente común, los niños y adolescentes, los más afectados.
La tasa de suicidio se disparo más o menos por cuatro en las últimas dos décadas, después que comenzó el proceso bolivariano, ligada sin dudas a cosas como la pobreza extrema, el hambre y el romper de las familias por la emigración.
Psicólogos venezolanos han notado un alza constante de cuadros ansiosos y depresivos, con gente que dice tener miedo a la violencia, frustración por la precariedad y un cansancio emocional muy profundo debido a las muchas crisis políticas y económicas.
En psiquiatría forense, este contexto previo ya era como un vivero para: aumentar las conductas suicidas, la violencia familiar, crímenes relacionados con la supervivencia (robar, tráfico informal de comida o medicinas) y una mayor facilidad para ser reclutado por grupos armados o bandas criminales.
La sociedad venezolana hoy en día está viviendo algo… ¿sabes?, los expertos en salud mental y sociología lo llaman «vulnerabilidad psicosocial extrema». De acuerdo con los reportes más nuevos, como Psicodata 2024 y pronósticos de 2025-2026, la crisis no es solamente económica, uhm… sino que se transformó en un montón de problemas mentales grupales que impactan en la mente y la convivencia.
| Trastorno / Indicador | Prevalencia Estimada | Estresor Principal | Manifestación Social |
| Ansiedad y Depresión | ~60% | Incertidumbre económica | Somatización, fatiga crónica, insomnio. |
| Desconfianza Crónica | 8 de cada 10 | Inseguridad y polarización | Ruptura del tejido social; aislamiento. |
| Duelo Migratorio | ~75% de familias | Separación familiar | Sentimiento de pérdida y soledad profunda. |
| Estrés Postraumático | Moderado/Alto | Crisis de servicios y violencia | Hipervigilancia ante cualquier ruido o cambio. |
| Desesperanza Aprendida | ~49% (clase baja) | Falta de movilidad social | Pasividad y abandono de proyectos a largo plazo. |
El efecto de la escasez y la inseguridad en la vida.
El no poder asegurar los recursos básicos (comida, medicinas, servicios elementales) causa un daño psicológico que no se detiene y que se ve tanto en lo que se observa cada día en los hospitales como en indicadores numéricos. Lo principal que da problemas mentales es: la ansiedad por lo que viene, el estar deprimido y los problemas para controlar las emociones.
Entre los migrantes y refugiados venezolanos en Perú, alrededor de cuatro de cada diez luchan con inseguridad alimentaria moderada o grave; además, cerca del 10% reporta problemas de salud mental en el último mes, comprobando la conexión entre la falta de alimentos y los problemas emocionales.
En la niñez venezolana, grupos de ayuda infantil han detectado un incremento en síntomas de ansiedad y depresión, pasando del 9% al 31% en pocos meses de 2020; eso, a la par de la crisis humanitaria y la pandemia, exponiendo una vulnerabilidad severa de los niños frente a las tensiones del entorno.
Clínicamente hablando, la constante amenaza de no tener comida o de no poder tratar una enfermedad orgánica produce:
Trastornos de ansiedad generalizada, con una preocupación exagerada sobre el futuro (¿Habrá comida? ¿Llegará la medicina?).
Episodios depresivos mayores y distimia, con anhedonia, culpa, y pensamientos de inutilidad; incluso, en casos más críticos, ideas suicidas.
Trastornos adaptativos mixtos (ansiosos-depresivos), sobre todo en individuos sin historial psiquiátrico, quienes se ven superados por el cambio drástico en sus vidas.
La literatura sobre la migración forzada y el conflicto armado en América Latina revela que la conjunción de desplazamiento, carencia material y violencia acrecienta significativamente el peligro de alteraciones emocionales, cognitivas y conductuales, además de patrones de afrontamiento evasivos o no adaptativos como, consumo de sustancias y retraimiento social.
El Mapa Emocional del Venezolano
Se puede mirar la distribución de la carga emocional ahora mismo como un conjunto de fuerzas en choque. El venezolano se encuentra lidiando entre una resiliencia que se adapta y una fragilidad que es sistémica.

Componentes Clave:
Hipervigilancia Económica: La economía la señala un 47% de la gente como su principal fuente de estrés, ¿verdad?. Esto causa una sensación de «alerta permanente», desgastando los recursos del cerebro.
Ruptura del Vínculo Social: La desconfianza ha subido tanto que el 89% de la gente no confía en otros, dificultando el surgimiento de grupos de apoyo fuertes.
Deterioro Cognitivo debido al Estrés Crónico: Desde la ciencia que estudia el cerebro, estar mucho tiempo expuesto al cortisol (por fallos en los servicios y hambre), está afectando la capacidad de decidir y controlar impulsos, principalmente en los más necesitados.
El daño psíquico a raíz del reciente ataque militar
El asalto estadounidense —incluyendo bombardeos selectivos y la operación para aprehender a Maduro con fatalidades de civiles— inyecta un componente traumático agudo a una población que ya se encuentra exhausta. Desde una óptica psicopatológica del trauma, este suceso satisface los requisitos de exposición a una amenaza extrema para la propia vida o la de seres queridos y, por ende, funciona como un detonante manifiesto de…
Trastorno por estrés agudo en las semanas iniciales: síntomas de intrusión (flashbacks de explosiones, sonidos de aviones), hipervigilancia, irritabilidad, insomnio y respuestas de sobresalto desmesuradas.
Aumento del peligro de trastorno por estrés postraumático (TEPT) en meses subsecuentes, primordialmente en individuos con antecedentes de violencia política, carencias prolongadas o experiencias traumáticas previas (secuestros, violencia armada, duelos sin rituales correctos).
Un duelo bien difícil agobia a familias que perdieron civiles, y a las que ignoran el paradero de sus amados, un lastre de culpa sobreviviendo, con darle vueltas a todo sin parar, el proceso de duelo bloqueado.
Además, el ataque reaviva y ensancha la experiencia de inseguridad estructural ya existente el mensaje oculto es, que la tierra de uno deja de ser un espacio medianamente previsible, y cualquiera día, puede surgir un «bombardeo» inédito o una nueva escalada en el horror. Según la psicología social, esto socava la confianza esencial en las instituciones, en el ambiente, y fomenta la división de la comunidad, así como la polarización política más extrema.
Efectos en la niñez y adolescencia
Los niños expuestos a detonaciones, al volar aviones sobre sus cabezas, a imágenes de edificios deshechos, o noticias de parientes muertos o desaparecidos, sufren una alta probabilidad de manifestar:
Trastornos de ansiedad por separación, terrores nocturnos, e insomnio, crónico eso.
Conductas regresivas, también, enuresis, mutismo parcial, y un apego desmedido a figuras de cuidado.
Problemas con el rendimiento escolar, dificultad para concentrarse, síntomas externos, como la irritabilidad, la agresividad, la cual es una expresión de estrés.
Estos efectos se agravan, eh, cuando ya había un ambiente preexistente de privación, violencia vecinal, y la estructura familiar, rota por la migración padres afuera, niños con abuelos o cuidadores.
Es fundamental considerar el efecto en la niñez, no solo como una emergencia humanitaria, sino como un caso de «Neurotoxicidad Ambiental». Los problemas sociales señalados juntos funcionan como un factor estresante epigenético, cambiando el curso del desarrollo del cerebro de las nuevas generaciones de venezolanos.
Aquí debajo, se profundiza en el impacto en el desarrollo cognitivo infantil:
1. Desnutrición Crónica y Problemas en la Construcción Cerebral
De acuerdo con los datos de Cáritas Venezuela (2024), como cerca de un 30% de los chiquillos muestran un retraso en el crecimiento a causa de la desnutrición persistente. Desde la perspectiva de la neurociencia, esto implica:
Mielinización incompleta: La falta de ácidos grasos y proteínas en los primeros 1,000 días limita la formación de la vaina de mielina, haciendo más lento el procesamiento de información, vaya.
Menos Sinaptogénesis: La escasez de micronutrientes como el hierro, zinc y yodo, reduce la densidad sináptica en áreas muy importantes, afectando el potencial del coeficiente intelectual (CI) y las habilidades de leer y escribir.
2.Estrés Tóxico y Desregulación del Eje HPA
El entorno incierto económico y de inseguridad crea, en los niños, lo que la Universidad de Harvard llama estrés tóxico.
Hipertrofia de la Amígdala: La exposición continua a violencia o escasez, mantiene a los chicos en un constante estado de lucha o huida, sobrestimulando la amígdala.
Atrofia del Hipocampo y Córtex Prefrontal: Altos niveles sostenidos de cortisol o hipercortisolismo causa efectos neurotóxicos en el hipocampo, afectando la memoria de trabajo y el aprendizaje espacial. Igualmente, se ven déficits en el desarrollo de funciones ejecutivas control de impulsos, planificación, y flexibilidad cognitiva.
3. Duelo Migratorio y Fragilidad en el Apego
El tema de los niños dejados atrás, por padres que migran, afecta al vínculo afectivo, algo importante en el desarrollo cognitivo.
Impacto en la Regulación Emocional: La ruptura del apego seguro, evita que el niño cree sus propios mecanismos de autorregulación. Un sistema límbico inestable complica la concentración y aumenta el abandono escolar.
Deprivación Social-Cognitiva: Desconfianza social, donde un asombroso 89% de la gente desconfía del prójimo, restringe esas interacciones juguetonas y colaborativas cruciales; cosas vitales para construir la «Teoría de la Mente» y la cognición social, si.
4. Pobreza Educativa y «Desesperanza Aprendida» Precoz.
El informe ENCOVI 2024 resalta que muchos muchachitos van a la escuela de manera bastante irregular.
Carencia de Estimulación Cognitiva: La pésima educación venezolana no logra balancear las falencias del hogar, causando asi una brecha cognitiva acumulativa, por eso.
Modelado de la Desesperanza: Los niños se empapan de la pasividad que ven a su alrededor. Esto merma su ganas intrínsecas de aprender, ya que el cerebro «entiende» que el esfuerzo no asegura nada (esto es algo de la depresión adolescente).
Conclusión
Desde una perspectiva neurocientífica, Venezuela parece que está sufriendo un «apagón cognitivo» generacional; una tragedia. La plasticidad cerebral, que debiera impulsar el aprendizaje, se utiliza para la pura y simple supervivencia, increíble.
Para un proyecto de investigación, los biomarcadores de estrés crónico podrían, de hecho, ser cruciales, y el monitoreo de las funciones ejecutivas en esta población seria importantísimo como indicadores clave del daño sistémico, ¿verdad?
Fallo asistencial y descompensación de trastornos serios.
Un factor clave, desde la psiquiatría clínica y forense, es que el sistema de salud no da abasto con la «ola» de demanda de salud mental. Informes previos hablan de hospitales psiquiátricos, sin medicamentos antipsicóticos ni anticonvulsivos, con pacientes, encerrados en celdas, sin poder tratarlos con fármacos.
La carencia de medicación de mantenimiento, en pacientes con esquizofrenia o trastorno bipolar, facilita recaídas psicóticas, o episodios maníacos agudos, con riesgos de conductas peligrosas o en conflicto con la ley, todo esto en un entorno sin recursos de contención adecuados.
En términos forenses, esto incrementa la probabilidad de hechos violentos cometidos por gente en crisis no tratadas, también sobrecarga las instituciones policiales y penitenciarias, quienes carecen de capacitación o infraestructura, para el manejo psiquiátrico.
En tanto, los mismos médicos y el personal de apoyo psicosocial experimentan un nivel muy alto de estrés y agotamiento emocional, incrementando su peligro de burnout, depresión y ansiedad, esto disminuye todavía más la capacidad de respuesta del sistema.
Incertidumbre, temor a la escasez y el riesgo de suicidio.
El miedo constante a la falta de recursos básicos (comida, agua, medicinas) se perfila como un factor de estrés «persistente», distinto del trauma repentino de un bombardeo, sin embargo, con consecuencias igual de graves a medio tiempo. Esta inseguridad de vivir, junto con la creencia de que no hay escapatoria dentro o fuera del país, propicia tres sucesos clínicamente significativos:
Aumento del peligro de suicidio, sobre todo en hombres adultos con responsabilidades familiares, desempleo continuo y sensación de no ser suficientes como sustento. La prueba ya exponía un incremento de suicidios asociado al deterioro económico y el hambre.
La desesperanza, un marcador común de depresión grave y conductas de autolesión, que se vuelve común en el lenguaje diario («no hay mañana», «esto nunca va a mejorar»).
El consumo problemático de alcohol y otras substancias, una táctica para evadir la angustia, impacta directo en la violencia y los accidentes interpersonales.
La inseguridad laboral y alimentaria en la diáspora, derivan en síntomas de ansiedad y depresión, eso lo demuestra los datos de los migrantes venezolanos en Perú; allí, la inseguridad alimentaria, entre moderada y grave, se liga con problemas de salud mental significativos.
Visualizando la crisis de la salud mental.
En resumen, se puede graficar la magnitud de la crisis psicosocial ligada al periodo de Maduro, con sus efectos en la población residente y migrante.
¡[Gráfico de indicadores de crisis de salud mental]

El gráfico muestra tres indicadores clave: un 31% de niños con síntomas emocionales notables en Venezuela, allá por el 2020; alrededor del 40% de migrantes venezolanos en Perú sufriendo inseguridad alimentaria de moderada a severa, y un aumento de unas 4 veces la tasa de suicidios en el país desde el comienzo del proceso bolivariano. A pesar de ser simples, estos datos nos permiten ver cómo la crisis afecta a generaciones y lugares, y como el riesgo de daño psicológico se alza, en contextos de hambre, migración forzada, y conflicto.
Consideraciones clínicas y forenses
Desde un perspectiva de psiquiatría forense y psicología clínica, lo que ocurre en Venezuela después del ataque de EE UU, ah, se puede ver como un lugar de victimización enorme y daño mental muy profundo, con cositas de que no se respetan los derechos humanos para conseguir atención mental.
En cuanto a quien debe responder, el Estado y organizaciones de afuera, hay varios puntos que importan mucho
El sistema de salud antes no funcionaba y no habían datos reales sobre salud mental, y eso hace que sea difícil planear ayuda, es como si se intentara esconder lo mucho que sufren las personas.
Las personas que han muerto y la exposición de gente que no peleaba a las bombas y capturas, esto abre camino a demandas por sufrimiento, trauma psicológico, y que se viola el derecho a estar mentalmente bien, en tribunales del país y de otros países.
La crisis que se alarga, sin un plan concreto para la recuperación psicosocial, propicia la formación de una «generación tocada» con abundancia de TEPT, depresión, ansiedad, y alteraciones de personalidad, ligadas al olvido, violencia precoz, y desorganización familiar.
Para cambiar este panorama, las sugerencias técnicas comprenden: implementación rápida de equipos de salud mental barriales, programas de ayuda en traumas y duelo para los afectados por el ataque, fortalecer la provisión de medicamentos psicotrópicos importantes, y trabajar con organizaciones internacionales para solucionar la inseguridad alimentaria, factor clave del padecimiento mental.
Venezuela y sus lugares mágicos de ayuda.
Venezuela atesora paisajes naturales incontables y centros especializados que facilitan la calma y tranquilidad para manejar la angustia, máxime en tiempos convulsos como la reciente intervención militar de enero de 2026. Esos parajes combinan la naturaleza sanadora con ayuda psicológica disponible, ideales para ejercicios de respiración y atención plena. Busca opciones seguras y baratas, dadas las circunstancias actuales.
Lugares Naturales de Paz
Parque Nacional Morrocoy Falcón playas sosegadas como Cayo Sombrero y Tucupita ofrecen baños de mar y paseos por manglares para bajar el cortisol, accesible desde Caracas en cinco horas, enfatizando la desconexión digital.
Sierra Nevada de Mérida: senderos en Mucuchíes y Laguna de Mucubají te proporcionan oxígeno puro y vistas andinas que propician la meditación, recomendado por psicólogos ante la hipervigilancia postraumática.
Isla de Margarita: playas como Playa El Agua o El Yaque impulsan el yoga al amanecer y el relax en hamacas, los ferrys desde Puerto La Cruz hacen fáciles las visitas cortas.
Centros de Terapia Gratuita
UCAB Caracas: la Facultad de Psicología pone a disposición líneas telefónicas gratuitas y talleres presenciales para el control de la ansiedad con técnicas de grounding, comunicarse a través del FPV.
Psicomapa y FPV (nacional): En Zulia y Caracas, un directorio de psicólogos solidarios proveen sesiones virtuales, abordando los ataques de pánico; un 9,65% lo ha usado, aún con ese estigma.
Colegio de Psicólogos Zulia (Maracaibo): Hacia el 2026, piensan crear lugares comunitarios para la psicoeducación y relajación grupal, lidiando con la desconfianza del 89%.
Práctica la respiración 4-7-8 (inhalar 4 segundos, retener 7, exhalar 8) allí; los expertos lo recomiendan como alivio inmediato, en esta fatiga emocional. Consulta la disponibilidad local debido a las alertas de seguridad.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
FRANCISCO JAVIER MARíN MAURI
Me lincencié en psicología por la Universidad de Sevilla. estudios de virología por la Universidad jhons Hopkins y estudios de virus respiratorios emergentes por la O.M.S. Doctorado en neuropsicología por la Universidad de Sevilla. Especialista en Violencia sobre la mujer y en mediación de conflictos sociales.
Llevo desde 1987 ejerciendo la psicología y cada vez pienso más que muchas personas se van de este mundo sin quitarla el sello de fábrica de sus cerebros. Anduve durante casi dos años por varios países africanos para poder realizar mi tesis doctoral sobre el VIH. Ahí aprendes que el poder de la ciencia consiste en tener la suficiente humildad para ejercitar el sentido común que es, por cierto, el menos común de los sentidos.
