
Si estos días has encontrado varios insectos con forma de escudo en las paredes de casa o en la terraza, no eres el único. ¿Te resulta familiar esa pequeña invasión en cuanto refresca el tiempo? Cada otoño muchas chinches apestosas buscan refugio en lugares secos y soleados y, en los últimos años, la protagonista absoluta es la chinche hedionda marrón jaspeada, la llamada chinche asiática. A simple vista se parece mucho a las chinches verdes de toda la vida, pero no es lo mismo ni tiene el mismo impacto en el campo.
Para las personas y las mascotas son insectos inofensivos, más molestos por el olor intenso que liberan cuando se sienten amenazados que por otra cosa. En la huerta y en los frutales, sin embargo, la historia cambia. Allí la chinche asiática se comporta como una plaga agrícola muy agresiva que deforma frutas, arruina cosechas y preocupa cada vez más a los agricultores.
Cómo reconocer a las chinches apestosas más comunes
Todas estas chinches pertenecen a la familia de los Pentatómidos, insectos de cuerpo ancho y plano que, vistos desde arriba, recuerdan a un pequeño escudo. En nuestros campos son habituales dos especies verdes, la chinche verde del sur Nezara viridula y la chinche verde común Palomena prasina, y desde hace algo más de una década se ha sumado la chinche asiática Halyomorpha halys, de color marrón grisáceo.
La manera más sencilla de distinguirlas es fijarse en el color y en los bordes del cuerpo. Las chinches asiáticas adultas muestran un dorso marmolado marrón, con el borde del abdomen decorado por pequeñas franjas claras y oscuras, y antenas también anilladas en claro y oscuro. Nezara viridula es de un verde muy brillante en casi todo el cuerpo y suele presentar en las antenas una zona rojiza en los segmentos más cercanos a la cabeza. Palomena prasina es verde, pero con la base de las alas de tono pardo y, cuando se prepara para pasar el invierno, todo el insecto adquiere un color marrón oscuro más apagado.
En las fases juveniles las diferencias de color son menos evidentes y puede hacer falta una lupa, pero el comportamiento es parecido. Si las molestamos o las aplastamos por error liberan una secreción muy olorosa desde unas glándulas especiales del tórax, de ahí el apodo de chinches apestosas. Por eso conviene retirarlas con cuidado, por ejemplo con un vaso y un papel, en lugar de pisarlas.
De dónde vienen y qué comen
La chinche asiática es originaria del este de Asia y se detectó por primera vez fuera de su área natural a finales del siglo pasado. En Europa entró de forma accidental y en Italia se confirmó su presencia en 2012, en la provincia de Módena. Desde entonces se ha extendido por gran parte del continente y también por América del Norte y del Sur, donde se considera una especie exótica invasora que no pertenece a la fauna local. Nezara viridula, por el contrario, procede del norte de África pero hoy está distribuida por zonas templadas de todo el mundo, mientras que Palomena prasina es una especie nativa europea, muy común en setos, bosques y cultivos.
La clave del problema está en lo que comen. Todas son chinches fitófagas, es decir, se alimentan de plantas. Insertan un pico fino en frutos, vainas o tallos y succionan la savia tras inyectar saliva con enzimas que reblandecen los tejidos. En los frutales estas picaduras provocan zonas hundidas, deformaciones y necrosis internas que acaban arruinando la pieza, aunque por fuera parezca sana. Y eso se nota en la cuenta del agricultor.
La chinche asiática es especialmente polífaga y puede alimentarse de más de 170 especies cultivadas, desde manzanos y perales hasta viñedos, kiwis o cultivos de maíz y soja. En Italia los fruticultores han comprobado que los daños en uva de vino son mayores en variedades tintas, como Merlot o Cabernet, y que la presencia de estos insectos empeora el aroma y el sabor de los mostos. Nezara viridula también ataca a varios cultivos, entre ellos el tomate, la soja o las coles, aunque en general sus poblaciones son más fáciles de manejar. Palomena prasina se ha hecho famosa en zonas avellaneras porque sus picaduras originan el conocido «cimiciado», un daño interno que deja el fruto amargo y hace que pierda valor comercial.
Cómo se intenta controlar la chinche asiática
En sus países de origen las poblaciones de Halyomorpha halys se mantienen a raya gracias a varios enemigos naturales, entre ellos pequeñas avispas que parasitan sus huevos. En las zonas donde la especie se ha introducido estos aliados casi no existen, así que las chinches se multiplican con mucha más facilidad. Por este motivo Italia y otros países han puesto en marcha programas de control biológico que incluyen la liberación controlada de Trissolcus japonicus, conocida como «avispa samurái», un himenóptero diminuto que se desarrolla dentro de los huevos de la chinche asiática e impide que nazcan nuevas ninfas. Los primeros seguimientos apuntan a que este parásito se está estableciendo en campo y ayuda a reducir las densidades de la plaga, aunque no es una solución milagrosa ni inmediata.
En paralelo se utilizan otras herramientas, como las mallas antiinsectos en los huertos, trampas de monitoreo, repelentes de origen natural y tratamientos insecticidas cuando la presión de la plaga es muy alta. El reto para los técnicos es combinar estas medidas en programas de gestión integrada que protejan los cultivos pero respeten al máximo a los polinizadores y al resto de fauna útil del agroecosistema. No es un equilibrio sencillo y, además, las autoridades europeas están reforzando la investigación en plagas agrícolas y alternativas más sostenibles.
Tecnología para detectar los daños a tiempo
A todo esto se suma la ayuda de la tecnología. Equipos de investigación europeos están probando sistemas de imagen hiperespectral en el infrarrojo cercano, una técnica conocida como NIR HSI, que permite «ver» bajo la piel de la fruta y detectar necrosis internas causadas por las chinches antes de que sean visibles a simple vista. En ensayos con peras dañadas por Halyomorpha halys esta técnica ha sido capaz de localizar muchas de las picaduras ocultas y separar de manera automatizada las piezas afectadas de las que pueden llegar sin problemas al mercado.
Para quien solo se las encuentra en casa el mensaje es más tranquilizador. No pican, no transmiten enfermedades y su presencia en paredes y ventanas tiene más que ver con la búsqueda de refugio que con una infestación real. Lo más prudente es capturarlas y soltarlas fuera, evitar aplastarlas para que no impregnen todo de olor y, si vivimos en una zona agrícola, avisar a las cooperativas o a los servicios de sanidad vegetal si vemos que su número aumenta mucho de un año a otro.
Al final, la historia de estas chinches resume un problema cada vez más frecuente en Europa, el de las especies invasoras que viajan con las mercancías, encuentran un clima más suave y terminan afectando a cultivos, bosques y a la biodiversidad. Entender qué especie tenemos delante, cómo se comporta y qué herramientas existen para controlarla es el primer paso para que agricultores, administraciones y ciudadanía puedan responder a tiempo.
El estudio que describe la aplicación de la imagen hiperespectral NIR para detectar estos daños en peras ha sido publicado en la revista Spectrochimica Acta A» y está disponible en la base de datos de PubMed.
ECOticias.com El periódico verde
Fuente de esta noticia: https://www.ecoticias.com/naturaleza/cual-es-la-diferencia-entre-las-chinches-apestosas-verdes-y-las-chinches-apestosas-marrones-asiaticas
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