¿Qué fue el Commodore PET y por qué se le llama el primer computador personal?

El Commodore PET se anunció y demostró en enero de 1977 en el Consumer Electronics Show de Chicago, meses antes que el Apple II y que el TRS-80 de Radio Shack, y se vendió por correo a US$495 en su versión de 4 KB. Lo relevante no es solo lo que costaba, sino lo que incluía: por ese precio, el comprador recibía una máquina completa, no un tablero de circuitos que había que armar y aprender a entender.
Según la historia recopilada por Commodore.ca (publicada por Ian Matthews en febrero de 2003 y actualizada por última vez en noviembre de 2018), el PET llegaba de fábrica listo para funcionar: teclado con pad numérico separado, monitor integrado de 9 pulgadas en blanco y azul, placa madre con el procesador MOS 6502 a 1 MHz, 4 KB de memoria, fuente de alimentación, unidad de casete, puerto serie RS-232, zócalos para ampliar RAM y un sistema operativo grabado en ROM que se cargaba al encender. Todo dentro de un chasis de acero blanco.
El propio Chuck Peddle, el ingeniero detrás del proyecto, precisó en abril de 2014, en una conversación recogida por la misma fuente, que la primera demostración fue para Radio Shack en el CES y que el lanzamiento al público general llegó después, en la West Coast Computer Faire, con versiones finales ya funcionando y primeras ventas en el Dallas Computer Show de fines del verano.
De las calculadoras al chip propio: la jugada de integración vertical de Jack Tramiel
En la segunda mitad de los años setenta, Commodore fabricaba equipo de oficina, como archivadores metálicos, pero su negocio principal eran las calculadoras. MOS Technologies había terminado en la primavera de 1976 el desarrollo del 6502, un procesador versátil y muy económico. Peddle y sus colegas, en su mayoría ex empleados de Motorola, habían construido el KIM-1, un kit de entrenamiento para demostrar de qué era capaz el chip.
Según la cronología que acompaña la fuente, en septiembre de 1976 Jack Tramiel, fundador de Commodore, tomó una garantía de préstamo de US$3 millones de Irving Gould, en Canadá, y compró MOS Technologies: su equipo, sus patentes, sus plantas de producción y, con ellos, el concepto del PET.
La lectura para un founder es directa: Commodore no compró un proveedor para ahorrar costos, compró el eslabón del que dependía todo su producto. Cuando el insumo crítico define tu margen y tu velocidad de iteración, depender de un tercero deja de ser una decisión de compras y se vuelve una decisión estratégica.
¿Cómo se armó el primer prototipo y por qué se agotó tan rápido?
El PET que se mostró en el CES de 1977 se armó a las apuradas y con poco presupuesto: chasis de madera y un tubo de imagen sacado de un televisor blanco y negro de US$90 que MOS compró en una ferretería del barrio. No estaba listo una semana antes del evento: Peddle trabajó 20 horas por día durante los tres días previos y lo dejó funcional unas horas antes de que abrieran las puertas. Antes había llevado la idea a Radio Shack, que no mostró interés.
La producción fue el cuello de botella. En los primeros meses Commodore armaba unas 30 máquinas por día y logró juntar apenas 500 unidades en su primer año, mientras recibía hasta 50 pedidos diarios de pequeñas tiendas que querían vender el PET. Como la demanda superaba la oferta, Tramiel subió el precio de US$495 a US$595, promovió activamente el modelo de 8K a US$795 y desalentó el de 4K.
También impuso condiciones duras a sus revendedores: historial de negocio comprobable, local a la calle, técnico de servicio en tienda, inventario de repuestos y un depósito en efectivo por adelantado sobre cada pedido. Con esa caja financiaba la producción de un producto que no podía entregar a tiempo.
El resto del primer año marcó el ritmo de la compañía. Ante las quejas por el teclado tipo chiclet —el PET 2001 de 47 libras usaba teclas de calculadora—, Commodore lanzó un modelo con teclado estándar, sacrificó la unidad de casete integrada para hacerle lugar y después reemplazó los costosos chasis metálicos por plástico. Para 1980 ya existía la versión con monitor verde de 12 pulgadas, conocida como Fat 40.
El software también tuvo una historia llamativa: el Commodore BASIC lo escribieron Bill Gates y Paul Allen desde su recién nacida Micro–Soft. Según la fuente, fue la única licencia de software ilimitada que Microsoft concedió jamás a una empresa, para todos sus productos y sin importar la cantidad de copias. Commodore fabricó millones de máquinas con distintas versiones de ese BASIC sin pagar un centavo más allá de la licencia inicial de 1976/77.
En 1978 la expansión europea repitió la fórmula: Tramiel duplicó el precio de la misma máquina —el único cambio físico era una fuente de alimentación adaptada al mercado local— y las versiones rebautizadas 3008, 3016 y 3032 se vendieron muy bien en Europa a precios más altos.
SuperPET y la serie B: los intentos de retener el mercado empresarial
Junto con la Universidad de Waterloo, en Ontario, Commodore desarrolló el SuperPET, descrito en la fuente como el primer computador con coprocesador: un PET 8032 con procesador 6502 más una placa de expansión con un Motorola 6809 y 64 KB adicionales de memoria. Dos interruptores bajo el chasis permitían elegir qué CPU usar. La máquina corría Waterloo MicroAPL, MicroFORTRAN, MicroBASIC, MicroPASCAL y MicroCOBOL además del Commodore Basic v4, y estaba pensada para que científicos y estudiantes trabajaran fuera del mainframe y subieran el trabajo después. El kit de actualización costaba US$795 y el equipo completo se vendía a US$2.795.
En 1982 las ventas del PET caían por la competencia y Commodore intentó refrescar la línea con la familia CBM-II, las series B y P. La serie P es un caso de manual sobre qué no hacer: se entregaron máquinas beta a distribuidores canadienses y estadounidenses para que las mostraran a clientes, muchos las vendieron como producto terminado y su mala fama se consolidó antes del lanzamiento. Commodore canceló la línea y el inventario del P128 terminó en un vertedero.
La serie B, en cambio, llegó al mercado con especificaciones notables: dos unidades de disquete de 5,25 pulgadas integradas con 1 MB de capacidad en 1983, 128 KB de RAM ampliables a 1 MB, CPU 6509 a 1 MHz, una placa coprocesadora Zilog Z80 para correr CP/M-86 y MS-DOS, el chip de sonido SID y pantalla integrada de 12 pulgadas y 80 columnas. Commodore vendió globalmente unas 15.000 unidades, la mayoría en Europa. Antes de destruir los planos, las máquinas de prueba y las tarjetas prototipo, la compañía entregó todo el material de ingeniería sin cargo al Chicago B128 Users Group (CBUG), que se convirtió en el custodio de la serie.
El último intento fue el 8296, una revisión menor del PET original pensada para incluir procesador de texto, base de datos y planilla de cálculo. La línea PET terminó en 1986, cuando Commodore abandonó el mercado empresarial.
Las tres razones por las que Commodore perdió el liderazgo
La fuente enumera tres factores:
- La casi total ausencia de publicidad y promoción de sus productos, en un momento en que competidores como IBM compraban páginas en cada revista y espacios en televisión todas las noches.
- La salida de Jack Tramiel en 1984, que dejó a la compañía sin dirección estratégica.
- La entrega del mercado empresarial a los clones de IBM cuando mató las líneas PET y CBM-II.
A eso se suma un dato que el autor de la historia usa como prueba de longevidad: compró su PET 4016 con pantalla de 9 pulgadas, unidad de casete y disquete de 170 KB alrededor de 1980 por unos CDN$2.000, y décadas después todas las piezas seguían funcionando.
¿Qué significa esto para tu startup?
Revisa de qué proveedor depende tu producto. Commodore compró MOS Technologies para dejar de depender de terceros en el componente que definía su costo. Si tu margen o tu roadmap cuelgan de una sola API, un solo fabricante o un solo contrato, ese es tu riesgo estratégico número uno, no un tema de compras.
Si tienes lista de espera, tu precio está mal. Tramiel subió el precio de US$495 a US$595 apenas vio que los pedidos superaban la capacidad de producción, y empujó la versión de 8K por encima de la de 4K. En un negocio con demanda desbordada y sin competencia inmediata, sostener el precio bajo es regalar margen que después no recuperas.
Cobra por adelantado y filtra tu canal. Las condiciones que Commodore exigió a sus revendedores —historial, local, servicio técnico, repuestos y depósito en efectivo— son una plantilla útil para cualquier startup que venda a través de terceros con capital de trabajo limitado.
No dejes versiones beta en manos de quien las venda como finales. El caso de la serie P terminó con el inventario en un vertedero. Si vas a dar acceso anticipado, controla el acceso, déjalo por escrito y asume que cualquier defecto se va a atribuir a tu producto, no a tu comunicación.
Y una advertencia de largo plazo: Commodore dominó el mercado de computadores personales y lo perdió, en buena parte, por abandonar el segmento empresarial y por no contar lo que hacía. Producto y distribución pesan igual.
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