
¿Se acuerda que le dije que en esta edición iba a hablarle del resultado de la segunda vuelta en Brasil? Bueno, en realidad ya tiene poco sentido centrarse en lo que dijeron las urnas y más bien hay que seguir las insólitas consecuencias que tuvo la “virada” de Lula. La tercera década del siglo XXI no deja de depararnos sorpresas y en las elucubraciones estamos para comentarlas. ¿Sorprendida/o por el inicio tan directo? No debería, usted sabe que en esta columna lo que menos hay es orden. Así que saltamos al siguiente párrafo y ya nos metemos con todo en los asuntos que nos han de ocupar.
De verdad fue sorprendente el triunfo de Lula, no voy a entrar en analizar sus razones porque, además de no estar capacitado para hacerlo, estimo que usted ya estará empachada/o de escuchar analistas que tampoco entienden lo que pasó pero que igual deben parlotear para llenar los espacios mediáticos durante las 24 horas del día. Aunque no tengan nada para decir igual tienen que hablar y al final, uno termina por no entender nada de lo que no dicen.
Pero usted sabe que el autor de las elucubraciones le escribe en base a impresiones y no en base a complejas explicaciones sobre dónde votó mejor uno que el otro que se pueden escuchar por ahí, así que acá vamos con algunas percepciones que deja este particular momento del país norteño.
Una de las imágenes más fuertes que vi y que me hizo confirmar que estaba del lado correcto en la contienda brasileña fue un videíto breve que circulaba por redes sociales sobre una manifestación de bolsonaristas en el que un tipo blanco, europeo, llevaba atado con cadenas a un hombre negro que iba adelante suyo, con la cabeza gacha, la camiseta de un equipo de fútbol y un cartel con el número de la lista de Lula, en medio de una actividad proselitista del bolsonarismo.
Me quedé mirando al muchacho negro, preguntándome cómo se pudo prestar para eso; me pregunté cómo pudo dejarse tratar así, si le pagaron para dejarse humillar, si era bolsonarista y se sentía, desde su negritud parte de la “broma” o si es que ya vivía en una situación de semi esclavitud. Por supuesto que no tuve respuestas, porque además el video era muy corto y no daba contexto ninguno. Para lo único que dio fue para despreciar al señor que entre risas parecía añorar los tiempos del Brasil imperial y esclavista, con la risa cómplice de sus amigos y aliados políticos.
Es que Brasil es ese mundo de contrastes, una parte de la sociedad es elitista, incluso monárquica, esclavista (siempre recuerde que la esclavitud en el país vecino se abolió recién a dos o tres años de comenzar el siglo XX), evangélica conservadora, un país con multimillonarios, aristócratas que desprecian a los de abajo; todo eso se da de frente con la exuberancia de su naturaleza, con la alegría de su gente común y corriente, con la admiración que generan sus deportistas, su cultura, la música que conquista el mundo.
Esas dos personalidades, esas dos caras de un mismo país eran las que estaban en disputa el pasado 25 de octubre y le insisto, ganaron los buenos, porque lo otro era una catástrofe ya no para Brasil, era un problema para los latinoamericanos e incluso me animo a decirle, para todo el mundo.
Que ganara Bolsonaro era el triunfo del agronegocio, de la deforestación, del racismo, del militarismo, de la represión del sentir, del fascismo en su máxima expresión, por eso buena parte del mundo respiró aliviado el domingo a la noche, cuando luego del inicial comienzo triunfante de Bolsonaro, se produjo la “virada” y Lula ya no estuvo más por debajo del 50%, confirmando su reelección.
Como una seña de identidad de las nuevas extremas derechas, Bolsonaro no reconoció el resultado en la noche del domingo 25 y amaneció el lunes 26 haciéndose el héroe, diciéndose dispuesto a liderar la oposición a una especie de régimen despótico que lideraría Lula, pero cuando quisimos acordar se había escapado del país, porque sabedor de sus deudas con la Justicia brasileña, una vez que perdiera los fueros (se jugó todo a que iba a ser Presidente), era altamente probable que terminara preso como lo está su padre por golpista.
Argentina, Ecuador y Estados Unidos, colaboraron con su fuga y por los datos que se conocieron sobre el fin de semana, era algo que estaba planificado de antemano, ya tenían previsto que si en una de esas casualidades perdía, Bolsonaro debía rajarse del Brasil porque si no terminaba en cana.
Pero esa coordinación internacional para sacarlo de su país, parece que no le cayó bien a buena parte de la base política del bolsonarismo, que no sabía nada del plan de fuga y se quedó sin el eventual líder opositor a horas de perder una elección que sentían ganada desde la primera vuelta (como uno mismo vaticinaba, siendo un “supino ignorante” del día a día de los brasileros). Todos y cada uno han ido reconociendo la derrota y acomodando el cuerpo para por otros cuatro años estar en la oposición, mientras generan un nuevo líder, según algunos analistas, por fuera del clan Bolsonaro, que estaría en un proceso de declive definitivo.
¿Quiere que le haga alguna referencia nacional sobre el resultado? No me pida que le hable del chancho de Sebastián Da Silva, porque seguro no lo haré, ya que al odio se combate con silencio y usted sabe que tanto de él, como de la Bianchi, en esta columna no se habla. Eso sí, me voy a quedar con un comentario del senador colorado Tabaré Viera (que ha sido Intendente del limítrofe departamento de Rivera como 800 veces y eso le ha valido el premio de una banca en el Senado), cuando preguntado sobre la fuga de Bolsonaro junior en La Diaria Radio dijo que se “sintió amenazado y que por eso se puso a recaudo”, negando en principio que se tratara de una fuga.
Lo más gracioso es que después cuestionó a Fernando Pereira por expresarse a favor de Lula y que agregó que él no tomaba partido por una o por otra opción, sino que le preocupa “la salud de la república”. Eso sí, de tan neutral que es, de inmediato, dice que las acusaciones contra Bolsonaro son traídas de los pelos; por otro lado Andrés Ojeda, el candidato 2.0, siempre en modo gimnasio, dijo que le resultaba extraño que la causa judicial se activara después de perder la elección y lo mismo, acusando al FA de no ser neutral, cuando ellos no pueden dejar de ser parciales.
Para cerrar le digo que una buena derrota de Donaldo en Estados Unidos en las elecciones de medio término que se estarán realizando durante la jornada de martes, cerraría un año electoral positivo para el progresismo, que tuvo una serie de duras derrotas en Chile, Colombia y en Perú.
Tranquila/o, no es que yo tenga al Partido Demócrata como una fuerza progresista, solo que en la actual configuración del mundo, toda opción que nos pueda sacar de encima a tipos como Donaldo, es vista con cariño. Pero además, hay quienes dicen que entre tanto demócrata del “establishment”, aparecen cosas “raras” como Mamdani, Alexandria Ocasio–Cortez, el veterano Bernie Sanders y otros que yo no conozco, pero que mueven el abajo yanqui, que aunque desde acá no lo veamos, se mueve también.
Por ahora la dejamos acá, en siete días volvemos, seguramente con la agenda internacional que está buenísima, aunque la local también, puede seguirla en las restantes páginas del pasquín de pueblo. Hasta la próxima.
Imagen ilustrativa, tomada de la web.
De: Javier Perdomo.
https://lasemana.com.uy/opinion/elucubraciones/elucubraciones-semanales-de-las-cosas-sorprendentes-que-vemos-en-vivo-y-en-directo/
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