

La medicina de precisión parte de una premisa simple: un mismo diagnóstico no significa lo mismo en todas las personas. En lugar de un tratamiento único, se analiza a cada paciente: su biología, sus hábitos, su historia. Se abandona el talle único. La idea me quedó resonando después de conversar con un emprendedor del sector en el GET Forum de BID Lab, en Ecuador, al que asistí como parte del equipo de WorkerTech LAC, el proyecto que Civic House impulsa con apoyo de BID Lab para impulsar soluciones tecnológicas que mejoren las oportunidades y condiciones laborales de la economía digital.
¿Qué pasaría si aplicáramos esa lógica al trabajo? ¿Si el acceso al crédito no dependiera de dos o tres variables genéricas pensadas para millones de personas, sino de criterios coherentes con cada oficio o actividad? ¿Si un seguro pudiera contratarse solo por las tres horas en que alguien decide salir a trabajar?
La pregunta no es caprichosa y la realidad lo verifica. En los últimos años cambió radicalmente la forma en que consumimos: pedimos comida, elegimos películas y contratamos servicios con dos toques en el celular, y hasta la medicina avanza hacia tratamientos a medida. Ese cambio, sin embargo, no se dimensionó igual en el trabajo. Las personas no sólo consumen distinto; en parte por eso, también ofrecen sus servicios de forma distinta: por horas, por tareas, a través de plataformas, combinando varias actividades. Mientras tanto, el crédito, los seguros y los sistemas previsionales siguen diseñados, en gran medida, para un trabajador asalariado, estable y de jornada completa. Y sin embargo, en América Latina y el Caribe, alrededor de la mitad de quienes trabajan lo hacen en la informalidad.
Ante ese desajuste, la respuesta viene llegando desde un lugar menos visible que las grandes plataformas, un ecosistema de startups que diseñan soluciones que podríamos llamar “de precisión”. Desde Civic House, en el marco de WorkerTech LAC y con el apoyo de BID Lab, llevamos seis convocatorias y cerca de 300 startups relevadas. En la última recibimos 134 propuestas de 16 países, con operaciones en casi 20 de la región. Lo que muestran permite distinguir, al menos, tres tipos de innovación.
Formalizar desde las plataformas
La primera es la menos novedosa en clave tecnológica y quizás la más transformadora en clave social: plataformizar servicios en rubros históricamente informales. Conectar oferta y demanda puede sonar a algo ya visto, pero para una trabajadora doméstica o un plomero significa acceder a una bolsa de trabajo, construir reputación, presentar presupuestos transparentes y dejar registro de lo que hace. Sobre todo, significa contar con una vía de entrada a la formalidad. No es un tema menor: según la OIT, 8 de cada 10 personas en trabajo doméstico en la región son informales, y el 93% son mujeres. Zolvers, en Argentina, y DomestikCo, en Chile, trabajan justamente ahí, conectando hogares con trabajadoras y acompañando la capacitación y la contratación formal. En los cuidados, la brasileña EnLite Health integra a cuidadores y acompañantes terapéuticos independientes en un modelo de “clínica sin paredes”, con soporte administrativo y pagos garantizados, para que nadie trabaje aislado ni financie con su bolsillo los atrasos del sistema. En los oficios, Qxm, en Argentina, funciona como un marketplace gratuito donde cualquiera puede pedir presupuestos a trabajadores independientes, y Soy GG, en Chile, conecta a técnicos, estilistas o cuidadores con clientes cercanos, con identidad verificada y pagos integrados. La demanda también gana, porque los presupuestos claros agilizan, la reputación da confianza y la plataforma incentiva la formalización porque, en buena medida, la hace por uno.
El fenómeno ya llegó adonde los debates sobre el futuro del trabajo rara vez miran: el campo. Según la OIT y la FAO, más del 80% del empleo agrícola es informal en la región que más alimentos exporta al mundo. Existen startups como Agrinco, en Panamá, que ofrece herramientas de gestión para pequeños productores, cuyos registros de labores e ingresos pueden convertirse en un historial para acceder a crédito. DeltaX, en El Salvador, trabaja en credenciales digitales que permiten a trabajadores rurales demostrar lo que hacen.
Hay además un rasgo que atraviesa muchas de estas soluciones y que revoluciona un aspecto que a veces parece evidente, la reputación portable. Cada vez más plantean que el historial pertenece a quien trabaja y no a la plataforma, una respuesta directa a una de las críticas más fuertes a las grandes plataformas, que retienen la reputación como forma de atar a sus trabajadores.
Datos para servicios a la medida
La segunda innovación es más “fuera de la caja”: usar, con responsabilidad y dentro de la ley, los datos que generan las personas y sus actividades para diseñar servicios a medida. En inclusión financiera y tributaria, empresas como Tributo Simple ofrecen servicios pensados para independientes, y entre las propuestas que recibimos aparecen informes crediticios construidos a partir del comportamiento contable real de cada persona. Altoque, en Perú, se ocupa de los impuestos y comprobantes de repartidores, taxistas y freelancers por una suscripción mensual accesible. Otras propuestas activan un microseguro contra accidentes por cada hora trabajada. Y el horizonte es más amplio: ¿qué pasaría si el riesgo de quien maneja para ganarse la vida se evaluara también por cómo maneja y cómo cumple sus pagos, y no solo por cuánto gana?
Ahí entra la inteligencia artificial. Como señalé en una columna anterior, en este ecosistema la IA no aparece como reemplazo del trabajo sino como capa de servicio: cerca del 40% de las propuestas la incorporan, para interpretar lo que un cliente necesita, calcular impuestos o guiar trámites en lenguaje cotidiano. Un caso de la región lo lleva más lejos: la colombiana Quipu usa inteligencia artificial para evaluar el riesgo crediticio de micronegocios informales que no tienen historial bancario y que, para la banca tradicional, sencillamente no existen. Lo nuevo es su alcance. Ya no complementa solo a cada trabajador, sino que hace viable una infraestructura de servicios que, por costo, antes era imposible ofrecer a quien gana poco y de forma irregular.
Podría objetarse que “a medida” es un eufemismo para que pague más quien más riesgo tiene. Pero el sistema actual ya castiga, y de forma más brutal, dado que a quien no encaja en el molde no se le cobra más, directamente se lo deja afuera o se lo empuja, por ejemplo, al prestamista informal. El talle único ha resultado sumamente regresivo. La precisión que interesa es la que permite ver lo que ese molde no ve y no obliga a comprar el paquete completo. Una de las propuestas que recibimos lo hace explícito: diseña un puntaje para profesionales mayores de 50 años en el que la edad, deliberadamente, no es una variable. Que la tecnología sirva para incluir y no para seleccionar, sin embargo, no es algo que el mercado vaya a garantizar por sí solo.
Protección para una región que envejece
La tercera innovación es más incipiente y mira a largo plazo. Según la CEPAL, hoy una de cada siete personas en la región tiene 60 años o más; en 2050 será una de cada cuatro, y la cantidad de mayores de 80 se triplicará. Ya en 2020, cuatro de cada diez mayores de 65 no tenían jubilación o cobraban una por debajo de la línea de pobreza. No es casualidad, ya que son, en buena medida, quienes trabajaron toda su vida en la informalidad. La desprotección de la vejez es el espejo de la informalidad de hoy. Si nada cambia, los trabajadores independientes de ahora serán los adultos mayores sin cobertura de mañana.
Este es un tema central de nuestra agenda, y vimos que la mitad de las propuestas lo aborda desde dos frentes. El primero es la protección de quienes envejecen trabajando. Muchas propuestas apuntan a la longevidad productiva, es decir, personas mayores de 50 años que necesitan o quieren seguir generando ingresos y se topan con un mercado que las descarta por edad. Otras exploran formas de ahorro flexibles y proporcionales al esfuerzo de cada persona, como vincular cada hora trabajada con aportes a esquemas públicos de ahorro previsional voluntario. La idea es no esperar a que alguien encaje en un sistema pensado para una carrera lineal de 30 años de aportes, sino construir la protección a la medida de trayectorias fragmentadas.
El segundo frente son los cuidados, y ahí la metáfora de la precisión se vuelve literal. Una población que envejece necesita cuidados que no son un paquete único. No es lo mismo acompañar a alguien en su vida diaria que asistirlo en una rehabilitación o en una demencia. Ese servicio lo presta hoy, en su mayoría, una fuerza de trabajo informal y femenina, sin certificación ni protección. Profesionalizar y formalizar el cuidado resuelve dos problemas a la vez: ofrece a las personas mayores un servicio a medida y de calidad, y convierte uno de los trabajos más precarios de la región en un empleo con trayectoria, reputación y derechos. Es lo que hacen, desde distintos ángulos, EnLite Health y otras plataformas de cuidado como las que mencionaba al principio.
Ese tipo de soluciones resume el punto. La segunda y la tercera innovación son, en gran medida, la infraestructura de la primera o, más precisamente, lo que permite que las nuevas formas de trabajo sean sostenibles. Y esa infraestructura no es obra de un puñado de emprendedores aislados, sino de un ecosistema que ya existe y que, en sus mejores versiones, debiera conectarse con herramientas públicas que no sólo amplíen la infraestructura digital sino que también garanticen una gobernanza dentro de la economía digital que genere más soluciones. Al Estado le toca detectar estas oportunidades y crear entornos que las habiliten, dentro de lo admisible y sin desentenderse de su responsabilidad, que es garantizar pisos que no se negocian y reglas claras sobre el uso de los datos.
Volvamos a la medicina de precisión. Los sistemas de salud no la adoptan para atender a menos gente, sino para tratar mejor a cada paciente, y funciona porque opera dentro de reglas estrictas. El trabajo necesita lo mismo: precisión para incluir, y un Estado que se asegure de que así sea.
https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/red-de-democracia-y-tecnologia/el-futuro-del-trabajo-necesita-proteccion-a-la-medida/
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