
Productores de banana, sésamo, chía, soja y azúcar orgánica advierten que la caída del tipo de cambio golpea sus márgenes, mientras los costos de producción siguen elevados. Menores precios de exportación, dificultades para cubrir los gastos de cada campaña y deudas acumuladas ponen en riesgo la recuperación económica de numerosas familias rurales.
La caída del dólar comienza a pasar factura a la agricultura familiar paraguaya. Aunque las condiciones climáticas favorecen el desarrollo de los cultivos y algunos productores reportan buenos rendimientos, los resultados en el campo no necesariamente se traducen en mejores ingresos. La combinación de menores valores de exportación y costos que no disminuyen al mismo ritmo está reduciendo la rentabilidad de distintas actividades agropecuarias y agroindustriales.
El problema atraviesa varias cadenas productivas, desde la banana destinada a mercados regionales hasta los granos y el azúcar orgánica que llegan a compradores internacionales. Los testimonios recogidos entre productores y representantes del sector coinciden en un punto: producir bien ya no garantiza que las cuentas cierren.
Para quienes venden al exterior, la depreciación del dólar reduce el equivalente en guaraníes de los ingresos obtenidos en moneda extranjera. Al mismo tiempo, gastos como el combustible y otros insumos continúan presionando los costos, lo que estrecha los márgenes y limita la capacidad de financiar nuevas campañas.
Banana: menores precios y menos ingresos por caja
Hugo Franco, productor, exportador y representante de los productores de banana de Tembiaporã, departamento de Caaguazú, advirtió que la caída del dólar está afectando a toda la cadena, con consecuencias especialmente importantes para los pequeños agricultores.
Según afirmó, la pérdida de valor de la divisa alcanza el 30% en comparación con el año anterior. A esa situación se suma un mercado que tampoco acompañó las expectativas de los productores, debido a los menores precios de la banana, cuyo principal destino de exportación son Argentina y Uruguay.
“Estamos percibiendo menos de 6 dólares, y eso equivale a 2,50 dólares menos para el productor por cada caja de banana”, señaló Franco.
La combinación de ambos factores reduce los ingresos en un rubro que depende de la comercialización externa. Incluso cuando existe producción disponible para vender, el resultado económico puede deteriorarse si los precios recibidos y el tipo de cambio no permiten compensar los gastos de cultivo, cosecha y transporte.
El productor diferenció la evolución de los indicadores generales de la economía de la situación que enfrentan las familias rurales. “A nivel macroeconómico el país está bien, pero a nivel micro estamos muy afectados. Hay que cuidar primero nuestra casa para después mirar afuera”, expresó.
Franco reconoció que la depreciación del dólar responde también a factores internacionales, pero reclamó que Paraguay revise las condiciones cambiarias para evitar una pérdida de competitividad mayor a la observada en otros mercados.
“Lo que pedimos es que la caída sea igual a la que se tiene en todo el mundo y no el doble de baja como aquí”, manifestó.
Su preocupación apunta a una diferencia que condiciona la rentabilidad exportadora: mientras los ingresos se ven afectados por el tipo de cambio y los precios de venta, los costos de los insumos no necesariamente bajan en la misma proporción.
Sésamo, chía y soja: producir más no alcanza
La presión también alcanza a los pequeños productores de granos. Alfonso Irala, agricultor de Maracaná, Canindeyú, explicó que la caída del dólar dificulta cubrir los costos de producción de rubros como el sésamo y la chía, al punto de que algunos productores deben recurrir a préstamos para sostener sus actividades.
“Como pequeños productores de sésamo, chía y otros granos, esta situación nos afecta muchísimo porque no nos alcanza y tenemos que endeudarnos para cubrir los costos de producción”, afirmó.
Irala señaló que el precio del sésamo que recibe el pequeño productor es G. 5.000 inferior al del año pasado. También manifestó preocupación por los valores de la chía al momento de la cosecha, que se encuentran por debajo de sus expectativas.
La situación genera incertidumbre sobre la rentabilidad de las siguientes campañas, incluida la soja. El productor trabaja con 10 hectáreas de soja y otras 10 de maíz, y sostiene que las condiciones climáticas favorables no son suficientes para compensar el deterioro de los ingresos.
“El clima es favorable, los rendimientos están súper bien, no hay sequía, pero justamente este tema del dólar bajo nos viene muy mal. Porque baja el dólar, pero sube el combustible”, expresó.
El testimonio pone de manifiesto una de las principales dificultades económicas del sector: el rendimiento agrícola puede mejorar, pero si el precio recibido por la producción pierde valor y los gastos aumentan, el resultado final sigue bajo presión.
A esto se suma el endeudamiento arrastrado de campañas anteriores afectadas por la sequía. Para los agricultores que todavía deben cubrir compromisos financieros, la menor rentabilidad limita la capacidad de invertir en semillas, insumos y labores para los siguientes ciclos productivos.
Ante este escenario, Irala reclamó respuestas de las autoridades y advirtió sobre el malestar entre los productores. “Si el Gobierno no hace nada, tendremos que salir a las calles a manifestarnos. Nosotros venimos de años de sequía y estamos muy endeudados”, sostuvo.
El azúcar orgánica también siente el impacto
La preocupación se extiende a las organizaciones que conectan a pequeños productores con compradores internacionales. Roberto Rolón, presidente de la Cooperativa Manduvira Ltda., de Arroyos y Esteros, explicó que la caída del dólar representa un golpe tanto para los exportadores como para quienes producen la materia prima.
La cooperativa exporta azúcar orgánica a más de 32 países, con un volumen aproximado de 9.900 toneladas al año. Según Rolón, los productores perciben G. 220.000 por tonelada, un precio cuya sostenibilidad se vuelve más difícil en el contexto cambiario actual.
La dimensión de esta actividad permite observar que el problema no se limita a una producción específica. Cuando los ingresos por exportación se reducen frente a los costos internos, la presión alcanza a los productores, las cooperativas y las empresas que necesitan mantener sus operaciones, cumplir compromisos comerciales y financiar la continuidad de la actividad.
En las cadenas exportadoras, la rentabilidad es determinante para sostener la producción y realizar nuevas inversiones. Una reducción persistente de los márgenes puede restringir la capacidad de las organizaciones para acompañar a sus asociados y mantener el dinamismo de las economías rurales.
Menos margen para sostener a las familias rurales
Desde San Pedro, Leonardo “Checho” Montanía, productor y representante departamental de la Coordinadora Agrícola del Paraguay (CAP), puso el foco en el impacto que los menores ingresos tienen sobre la economía de los hogares rurales.
El dirigente expresó su preocupación por el aumento del combustible y de los costos productivos, mientras disminuye el dinero que queda disponible después de comercializar las cosechas.
“Subió el combustible y el costo de producción, y quedó muy poca plata”, señaló.
Montanía recordó que los ingresos provenientes de la actividad agrícola son esenciales para que las familias puedan cubrir sus necesidades básicas, sostener sus hogares y financiar la educación de sus hijos.
“Las familias campesinas dependen de la producción para poder hacer estudiar a sus niños y para tener comida y comodidad en sus hogares”, manifestó.
La caída del dólar, por tanto, no solo incide en las cifras de exportación. También puede repercutir en la capacidad de las familias para cubrir sus gastos, cumplir con sus compromisos financieros y continuar invirtiendo en sus cultivos.
Con rendimientos favorables en algunas zonas, la atención se concentra ahora en los precios, los costos y el tipo de cambio, factores que determinarán cuánto de lo producido termina convirtiéndose efectivamente en ingresos para quienes trabajan en el campo.
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