

Gabriela Rosas, fundadora de la Colectiva Mujeres por el Derecho al Cuidado y una Vida Libre de Violencia, calificó de machista la propuesta de académicos de la Escuela Libre de Derecho de Puebla para reconocer a los hombres como víctimas de violencia vicaria. Sostuvo que esta figura responde a una estructura de desigualdad en la que los agresores utilizan a los hijos para mantener el control sobre las madres y causarles el mayor sufrimiento posible.
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En respuesta al planteamiento de los abogados Alberto Zenteno Meza, Francisco Javier de la Fuente Linares y Armando García Ariza, quienes propusieron reformar los códigos Penal y Civil del estado para reconocer legalmente a los hombres como víctimas de este delito, Rosas argumentó que ampliar su definición sin considerar las desigualdades históricas entre hombres y mujeres invisibilizaría las condiciones específicas de violencia que enfrentan las madres, así como la subordinación y discriminación que las coloca en una posición de desventaja.
La activista explicó que la violencia vicaria constituye una manifestación de la violencia de género en la que un hombre utiliza a los hijos para continuar ejerciendo control sobre la madre, principalmente después de una separación o un divorcio. Añadió que también se estudia cómo puede comenzar durante la relación de pareja, de manera paralela a otras formas de violencia contra las mujeres.
Desde su perspectiva, para que una conducta se configure como violencia vicaria debe considerarse el contexto histórico de subordinación y discriminación que coloca a las mujeres en una posición de desventaja. Por ello, sostuvo que cuando una mujer manipula a sus hijos o impide la convivencia con su padre para perjudicarlo, puede incurrir en violencia familiar o psicológica, pero no necesariamente en violencia vicaria.
Rosas reconoció que las mujeres también pueden ejercer conductas violentas contra sus exparejas mediante la manipulación de los hijos o la obstaculización de las convivencias. Sin embargo, afirmó que estas acciones no ocurren bajo las mismas condiciones estructurales de poder que, según su análisis, permiten a los hombres ejercer violencia vicaria contra las madres.
Violencia vicaria y desigualdad en las redes de apoyo
Como ejemplo de estas diferencias, la fundadora de la colectiva señaló que las mujeres que denuncian violencia suelen enfrentar cuestionamientos e incluso el rechazo de sus propias familias, mientras que los hombres que denuncian a sus exparejas pueden encontrar respaldo entre sus familiares, amistades y compañeros de trabajo.
Indicó que esta desigualdad también se observa en las redes sociales, donde, afirmó, las mujeres denunciantes son frecuentemente señaladas como mentirosas, manipuladoras o interesadas en obtener dinero, mientras que los hombres suelen recibir muestras de apoyo.
A juicio de Rosas, estas reacciones no son un fenómeno aislado del entorno digital, sino un reflejo de los prejuicios que persisten en la sociedad y que pueden contribuir al aislamiento de las mujeres que enfrentan violencia vicaria.
La activista sostuvo que estas redes de respaldo forman parte de una estructura social que beneficia a los hombres y de la que, según su planteamiento, pueden aprovecharse los agresores para desacreditar a las madres y mantener el control sobre ellas mediante sus hijos.
El trabajo de cuidados, en el centro del debate sobre violencia vicaria
Rosas también cuestionó el argumento de uno de los abogados, quien señaló que las madres pasan más tiempo con sus hijos y, por esa razón, podrían manipularlos. Consideró que esa explicación reconoce una desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado, pero atribuye a las mujeres la responsabilidad por los conflictos derivados de ella.
La fundadora de la colectiva señaló que, mientras socialmente se espera que las mujeres asuman el cuidado cotidiano de niñas y niños, a los hombres se les asigna principalmente el papel de proveedores económicos.
Desde su perspectiva, esta división limita la participación de algunos padres en la crianza y en la construcción de vínculos con sus hijos, pero no debe utilizarse para responsabilizar automáticamente a las madres de una posible manipulación.
En lugar de reconocer las desigualdades que persisten en la organización familiar, sostuvo, responsabilizar a las mujeres por pasar más tiempo con sus hijos puede reproducir estereotipos de género y desviar la atención de las condiciones que originan el problema.
Rosas comparó el debate sobre la violencia vicaria con las discusiones que surgieron durante la tipificación del feminicidio, cuando se argumentaba que los hombres también son víctimas de homicidio.
Señaló que reconocer que los hombres pueden sufrir violencia no significa que todas las conductas deban recibir la misma clasificación jurídica, pues cada figura responde a características y contextos específicos.
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
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