La deuda del viraje no es con Gladys sino con la inmensa mayoría de la población de nuestro país que demanda mayor equidad en la salud, la educación, la justicia, la vivienda y los derechos humanos. Un legado imperecedero todavía pendiente.
Alfonso Valenzuela. Periodista. 27/10/2026. En enero de 2002 al inaugurar la Fiesta de los Abrazos en el Parque O´Higgins, Gladys Marín explicó que, en su Conferencia Nacional de entonces, el Partido Comunista de Chile había aprobado ya un necesario “viraje” en su estrategia que debía traducirse en volcarse de manera prioritaria a la organización del mundo social y en primer lugar, de los trabajadores.
“Hay que organizar los sindicatos en cada empresa, en cada lugar de trabajo; organizar a los cesantes, organizar la fuerza del mundo del trabajo que se levante con una plataforma de cambios democráticos en el país”, expresó, según documenta el escritor español Mario Amorós, en su biografía de la dirigente: “Gladys Marín, una vida revolucionaria”.
“Hay que crear una izquierda diversa, donde todos tienen cabida. Una izquierda contradictoria, con distintas identidades, pero una izquierda que se pronuncie claramente contra el sistema neoliberal y el sistema capitalista”, agregaría en un documento entregado al escritor por la dirigente y amiga personal de Gladys, Cristina Lártiga.
El 8 de marzo de 2005, la líder del comunismo chileno fallecía víctima del cáncer y desde entonces, el pueblo tiene una deuda pendiente con ella. Pero no sólo con ella sino con sus diáfanas propuestas políticas -que aún a más de 20 años de expresadas públicamente- mantienen vigencia y se hacen cada vez más urgentes con el actual gobierno de ultraderecha del Presidente José Antonio Kast.
En la reciente Conferencia Nacional del PC, Lautaro Carmona reiteró -aunque, con otras palabras- las mismas ideas, la necesidad de un proceso de convergencia política y que el partido vuelva a convertirse en una organización de masas. Para ello, es fundamental la presencia de comunistas en todas las entidades laborales, estudiantiles, vecinales, poblacionales, de jóvenes, adultos mayores y mujeres.
Además, es indispensable la movilización de estas masas pese a que las actuales autoridades insistan en limitar el derecho a la protesta, en impedir las demandas populares y amenazar con represión y violencia contra los manifestantes en las calles. Los recortes a los derechos sociales, el alza en los precios de los combustibles -y por ende la carestía de la vida y la inflación- obligan a la ciudadanía a organizarse y protestar como el único derecho posible a hacer oír sus reivindicaciones.
Con un Parlamento obsecuente con el oficialismo, son las organizaciones sociales convocadas por Gladys hace más de un cuarto de siglo, las que deben hacerse respetar e imponer sus derechos. Para eso, los comunistas deben honrar y hacer cumplir el legado de la dirigente que los impele a volcarse a sindicatos, juntas de vecinos, uniones comunales, organizaciones juveniles, de adultos mayores, mujeres, pobladores y otros sectores.
La deuda del viraje no es con Gladys sino con la inmensa mayoría de la población de nuestro país que demanda mayor equidad en la salud, la educación, la justicia, la vivienda y los derechos humanos. Un legado imperecedero todavía pendiente.
https://elsiglo.cl/la-deuda-del-viraje/
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