
El primer problema que abrió Gabriela Padilla hablaba de animales. Había que construir corrales con piezas de reja para separarlos en una estancia. Cada corral debía quedar cerrado y albergar una especie. Ganaba más puntos quien reuniera más animales con suficiente pasto y gastara lo menos posible en rejas.
La programadora ecuatoriana de 20 años tenía cuatro horas para resolver ese y otros cinco problemas. También tenía algo que la programación competitiva no suele permitir: pedir ayuda a la inteligencia artificial.
🤖 La competencia que dejó usar inteligencia artificial
Esa final se corrió el 5 de octubre de 2026 en la Universidad ESAN, en Lima. Era la segunda edición de Codificadas, el certamen de programación de la multinacional india Tata Consultancy Services (TCS) para universitarias latinoamericanas. Se inscribieron más de 12 000 mujeres de 20 países. En la primera edición fueron unas 4 700.
Las diez finalistas llegaron desde siete países. En esta edición pudieron usar herramientas de inteligencia artificial generativa durante la prueba. Entre ellas: ChatGPT, Claude, GitHub Copilot, Gemini y Perplexity. Podían pedirles que les aclararan un concepto, que escribieran código, que optimizaran una solución o que resolvieran una duda técnica.
El cambio mueve el centro de lo que se mide. Ya no gana solo quien escribe mejor código, sino quien sabe qué pedirle a la máquina y reconocer cuándo la máquina se equivoca. Gabriela Padilla lo resume desde adentro. “Eran problemas complejos, y el solo hecho de usar IA no garantizaba resolverlos por completo”, dice. Según ella, los enunciados estaban diseñados para que, aun con esas herramientas, la respuesta correcta no saliera al primer intento.
⏱️ Las cuatro horas de Gabriela Padilla frente a la pantalla
Padilla revisó los seis problemas y empezó por el de los corrales. Leyó el enunciado y anotó ideas en papel antes de escribir una línea de código. Programó en C++, el lenguaje que ya usó en otras competencias.
De las herramientas de IA disponibles, eligió Claude. Explica por qué: los problemas eran largos y tenían muchas condiciones, y necesitaba una herramienta que entendiera ese tipo de contexto. Además ya sabía cómo guiarla, algo que en una prueba contra el reloj marca la diferencia.
La usó para tres cosas. Aclarar detalles de los enunciados. Escribir partes del código. Avanzar más rápido. Nada más. “La estrategia, es decir, cómo abordar cada problema, la definía yo”, enfatiza.
El resultado y la llamada
Al cerrar las cuatro horas entregó los seis problemas: tres con puntaje completo, uno con 99,48 puntos y dos con puntaje parcial. Javiera León, de Chile, quedó segunda. Ana Vázquez, de Uruguay, tercera.
Cuando anunciaron su nombre en el auditorio de la ESAN, Padilla lloró. “Me emocioné mucho y se me salieron unas lágrimas de felicidad”, cuenta. Terminada la premiación, llamó a su hermano.
🧠 Entender el problema pesa más que escribir el código
Hay dos cosas que no le pasaron a Padilla en esas cuatro horas, y las dos explican su resultado.
La primera: nunca recibió un código que funcionara pero que no resolviera lo que el problema pedía. Ese es el error típico de trabajar con inteligencia artificial. El programa corre, no falla, y aun así responde a otra pregunta. “La forma en que guié a la IA hizo que sus respuestas fueran acertadas”.
La segunda: no se quedó trabada en ningún momento. EL COMERCIO le preguntó dos veces y las dos veces respondió lo mismo. Su explicación es siempre la misma: dedicaba tiempo a entender bien cada problema antes de programar, y eso le permitía guiar la herramienta con claridad.
Ahí está el cambio real que introduce la inteligencia artificial en su oficio, según ella. “Con IA puedo dedicar más tiempo a pensar la estrategia y menos a escribir cada línea de código”. La comprensión del problema no se delega. Lo que se delega es la escritura.
📊 ¿Qué enseña la final en que se incluyó a la IA?
Marco Galarza dirige la carrera de Ingeniería de Software de la Universidad de Las Américas (UDLA), donde estudia Padilla. Lee el resultado de Lima como un recordatorio. “Disponer de una herramienta no garantiza resolver un problema complejo”, señala. La inteligencia artificial puede proponer una solución, pero el estudiante tiene que entender lo que se le pide, reconocer si esa propuesta funciona y corregirla cuando encuentra errores.
Galarza añade dos advertencias sobre cómo leer el marcador. La primera es que Codificadas otorga puntajes parciales y clasifica por puntos acumulados, así que contar solo los problemas resueltos por completo no describe todo el trabajo de las participantes. La segunda es metodológica: esta final no permite medir cuánto ayudó la inteligencia artificial, porque no compara a las mismas concursantes resolviendo los mismos problemas sin esas herramientas.
Tampoco es raro que queden problemas sin resolver. Galarza cita como referencia el tablero oficial de la final mundial del ICPC 2025, otra competencia de programación con reglas distintas, donde 139 equipos resolvieron una media de 6,38 problemas de 12.
Su conclusión apunta al aula. Hay que fortalecer la comprensión de problemas, el razonamiento matemático, los algoritmos y la capacidad de comprobar una solución.
🚀 La nave espacial que programó a los 15 años
El primer programa que escribió Gabriela Padilla fue un videojuego. Una nave espacial que disparaba para destruir desechos espaciales. Tenía 15 años y estaba en el colegio.
Se lo enseñó su hermano, Jorge Andrés Padilla, ingeniero de software y hoy líder técnico en inteligencia artificial. Pero antes de enseñarle nada técnico, él le mostraba los proyectos que hacía. “Eso me inspiraba mucho: me despertó la curiosidad por aprender a crear cosas como él”, recuerda ella. Es la misma persona a la que llamó al salir del auditorio de Lima.
Padilla tiene 20 años, es quiteña y cursa el quinto semestre de Ingeniería de Software en la UDLA. Se preparó sola para las dos competencias, resolviendo problemas de práctica varias horas al día. La inscripción a ambas era gratuita y TCS cubrió el viaje a Lima.
🇪🇨 Los dos ecuatorianos en el podio mundial de CodeVita
Lima no fue su primer podio. En febrero de 2026, TCS anunció los resultados de la temporada 13 de CodeVita, su competencia global de programación para universitarios. Participaron 146 922 personas, una cifra que le valió un nuevo récord Guinness como el concurso de programación más grande del mundo.
Además del podio general, CodeVita premia tres categorías: ‘Best Women Coders‘, ‘Best AI Coder’ y ‘Best Emerging Coder‘. Esta última reconoce a los mejores clasificados que cursan primero y segundo año de universidad. Admite a hombres y mujeres, y no exige llegar a la final presencial de India. Padilla compitió solo en línea y quedó tercera del mundo en ‘Best Emerging Coder‘.
El segundo lugar de esa misma categoría también fue para un ecuatoriano: José Miguel Navas Núñez, estudiante de la USFQ, a quien EL COMERCIO entrevistó en febrero antes de que viajara a India. Un año antes, la estudiante de ingeniería en sistemas de la EPN, Ivonne Ayala Coloma obtuvo el tercer lugar mundial en la categoría de mujeres.
✅ ¿Qué dice el certificado de TCS?
La categoría Emerging Coders se creó en la temporada 12, en 2025, y ese año su podio lo ocuparon hombres. Al quedar tercera en la edición 13 del 2026, Gabriela Padilla se convirtió en la primera mujer de la región en subir a ese podio desde que la categoría existe.
Y agrega que fue la única mujer fuera de India en un podio y la única mujer en el podio de una categoría mixta. Las demás premiadas compitieron en ‘Best Women Coders‘, que es exclusiva para mujeres.
👩💻 Por qué hizo falta una competencia solo para mujeres
Codificadas existe por una ausencia. Ximena Jofré, responsable de Recursos Humanos de TCS para Latinoamérica e impulsora del certamen, recordó durante la ceremonia de Lima que la iniciativa nació al constatar que no había mujeres latinoamericanas entre las finalistas de CodeVita.
Padilla ya había competido en una prueba mixta cuando se inscribió en esta. Dos razones la llevaron allí. Una es la inteligencia artificial, el campo que le interesa, y le pareció poco común que una competencia de programación permitiera usarla. La otra, que el certamen buscara impulsar el talento femenino de la región.
La escala del problema se ve en las propias aulas de la UDLA. Galarza cuenta que la carrera de ingeniería de software cuenta con unos 850 estudiantes, de los cuales 120 son mujeres: cerca del 14%.
🔭 Lo que viene para Padilla y para su carrera
TCS le ofreció una pasantía a Padilla. En la UDLA, Galarza dice que la carrera dará continuidad a los retos de programación y a las prácticas de competencia desde la Unidad de Innovación Tecnológica y los clubes estudiantiles. En la evaluación piensan reforzar la defensa de proyectos y la explicación individual de las decisiones, combinando actividades sin apoyo de IA con otras en las que su uso está permitido.
Padilla quiere seguir formándose en inteligencia artificial para construir soluciones propias que respondan a problemas reales. Y tiene clara cuál es la frontera. Lo que la inteligencia artificial no puede hacer, dice, es soñar: “Todo proyecto empieza con alguien que imagina algo que todavía no existe”.
Preguntas sobre la programadora ecuatoriana que ganó Codificadas
Es una programadora ecuatoriana de 20 años, quiteña, que cursa el quinto semestre de ingeniería de Software en la UDLA. Ganó la final de TCS Codificadas 2026 el 5 de octubre en Lima y en febrero quedó tercera en la categoría Best Emerging Coder de TCS CodeVita. Aprendió a programar a los 15 años, en el colegio, con su hermano.
Es una competencia regional de programación exclusiva para mujeres, organizada por la multinacional india Tata Consultancy Services.
Su segunda edición reunió a más de 12 000 inscritas de 20 países, frente a unas 4 700 en la primera. La final se corrió en la Universidad ESAN, en Lima, con diez finalistas de siete países y una prueba de cuatro horas con seis problemas.
Padilla trabajó con Claude y en C++. La usó para aclarar enunciados, escribir partes del código y avanzar más rápido, pero define la estrategia de cada problema por su cuenta. Entregó los seis problemas: tres con puntaje completo, uno con 99,48 puntos y dos parciales.
Es una de las tres categorías especiales de TCS CodeVita y premia a los mejores clasificados que cursan primero y segundo año de universidad. Es mixta y no exige llegar a la final presencial en India. En la temporada 13, con 146 922 participantes y récord Guinness, Ecuador ocupó el segundo y el tercer lugar de esa categoría con José Miguel Navas Núñez, de la USFQ, y Padilla.
Padilla fue la única mujer de fuera de India en subir a un podio y la única mujer en el podio de una categoría mixta. Las demás premiadas compitieron en Best Women Coders, exclusiva para mujeres. La categoría Emerging Coders se creó en 2025 y ese año su podio lo ocuparon solo hombres, así que Padilla es la primera mujer de la región en llegar a él.
https://www.elcomercio.com/tecnologia/programadora-ecuatoriana-gana-codificadas-2026/
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