

Columna escrita por Lerber Dimas Vásquez, columnista invitado.
Hace un mes y medio fue dado de baja en un operativo por parte de un Comando Especial de la Policía alias “Bendito Menor”, Nain Andrés Pérez Toncel en Riohacha, La Guajira. El presidente caminó alrededor de su cuerpo y lo presentaron como uno de los grandes comandantes de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra. En el operativo, que hoy tiene dudas racionales sobre su legitimidad, también murieron otras tres personas, entre ellas, alias “la Bebecita”, quien había aceptado un día antes un preacuerdo con la Fiscalía para entregarse.
Nain era un “outsider” criminal. Era el comandante del Frente Urbano Especial de La Guajira, del frente Javier Cáceres y tenía bajo su mando unos 20 poderosos sicarios. Era un comandante urbano que aparecía en la tercera línea de mando. Con ellos, sometieron a la población: masacró, asesinó, desplazó, desapareció y torturó personas a doquier. Jugó a ser rey y lo fue de 2023 a 2026. Un criminal sin escrúpulos que se atrevió a desafiar a dos presidentes y que se trazó una guerra en La Guajira, con Jobitos, JJ, ELN, Segunda Marquetalia y el EGC. Tenía más enemigos que años.
El miedo que infundió, que confundía con respeto, lo administraba muy bien en sus redes sociales. Tenía vínculos con políticos y fuerza pública y mandaba a componer canciones. Era un criminal localista que tenía sus horas contadas y él lo sabía. Al final de sus días estaba solo y asustado.
Así fue su carrera delictiva. Ahora bien, hablemos de realidades concretas y focalizadas de seguridad. El presidente necesitaba una foto, como diera lugar, con el cadáver del Bendito Menor y la tuvo. Necesitaba enviar un mensaje y por eso voló hasta Riohacha y montaron todo un escenario, pero ¿esta acción implicaba una apuesta de continuidad por la recuperación de la seguridad en La Guajira? La respuesta es no.
La Guajira sigue inmersa y sitiada por los delincuentes y del Bendito Menor ya no se habla: fue rápidamente sustituido y se preveía lo que iba a pasar. Desórdenes criminales, ajustes de cuentas y recuperación de bienes. ¿A quién le quedó su fortuna?
Si miramos el crecimiento de los homicidios, La Guajira este año suma 270. Solo en Riohacha van 111. Las cifras nos dicen que con el Bendito Menor o sin él, el porcentaje de crecimiento es incluso mayor (ver tabla adjunta). Las Acsn siguen siendo la principal organización con presencia en las montañas y con control en gran parte de la Troncal del Caribe (desde Santa Marta hasta Riohacha) a través del Bloque Renacer Guajira y sus frentes: Frente Javier Cáceres, Héroes de los Nevados, Urbano Troncal del Caribe y Urbano Especial de La Guajira, quienes siguen intactos. El ELN ha crecido y recuperó el Cerro de la Teta y parte de Uribia, que Nain le había quitado a la Segunda Marquetalia. Alias Chalo (comisión 41) se está acercando peligrosamente al piedemonte de la Sierra Nevada y entre el EGC, el Cartel de Sinaloa y el ELN dominan el narcotráfico en la Alta y la Media.

Recorrer las vías: Maicao–Carraipía–Albania. Cuatro Vías–Albania y la Troncal del Carbón y Manaure–Uribia se han convertido en un asedio. Entonces ¿qué cambió después de la muerte de alias el Bendito Menor?
Nain era un referente en la criminalidad porque atraía todas las miradas hacia él, lo que hacía que otros grupos y sus delitos pasaran desapercibidos. Pero no era él solo quien los cometía. De hecho, en los últimos meses lo que estaba haciendo era recrear videos y fotos con Inteligencia Artificial. Igual, su destino estaba trazado y su única zona de supervivencia era Riohacha, pero el control real de toda la criminalidad ni lo movía ni lo manejaba él y sus mayores impactos estaban en las mal llamadas “limpiezas sociales” en las que sí fue exitoso. No hay mayor acto de miseria y cobardía que quitarles la vida a personas incapaces de defenderse o a quienes por no pagar sus extorsiones fueron asesinados en sus emprendimientos tratando de vender algún producto.
Los problemas de seguridad y de corrupción asociados a estos temas son mayores y uno de ellos indudablemente tenía que ver con él, pero pensar que con su muerte se iba a terminar todo es ingenuo. Pienso que pudieron capturarlo y empezar a desentramar su red criminal, que finalmente volvió a quedar intacta. Hoy el Estado sigue con su intermitencia, lo que favorece la reconfiguración de estos criminales.
Después de la muerte de alias el Bendito Menor, seguimos teniendo las mismas comunidades indígenas confinadas en la parte montañosa y presas en sus propias rancherías (las que están en la Alta y la Media). Seguimos teniendo vías y caminos controlados por los actores armados que siguen matando. De hecho, el fin de semana que acabó hubo al menos siete homicidios en diferentes partes del departamento y varias acciones criminales que no lograron sus objetivos. Tenemos liderazgos amenazados, desplazamientos forzados y la muerte del comunero Elver José Jusayú, quien fue asesinado con disparos de fusil en su propia comunidad a la salida de Maicao.
Finalmente, es importante revisar también las acciones de los planes estratégicos de seguridad del departamento, por ahí empieza la corrupción. Esos Piscc, como estrategia de planeación de la seguridad, están mandados a recoger. Eso y nada es prácticamente lo mismo y es casi un “copia y pega” descarado. Además de un negocio que tienen algunos miembros de la institución policiva. La Guajira tiene que levantarse afrontando sus problemas, sin populismos. Comiencen por recuperar el control de la frontera, que, aunque porosa, es del ELN, quienes reclutan sin control niños indígenas y que, por su entorno y adaptabilidad al desierto, han venido siendo sustraídos de cientos de comunidades Wayuu de los dos lados de la frontera; porque no crean que este grupo recluta solo niños colombianos.

Lerber Dimas Vásquez
Antropólogo de la Universidad del Magdalena. Máster en Anthropology of the Americas in Rheinische Friedrich–Wilhelms-Universität Bonn (Deutschland). Con estudios sobre dinámicas, sociales, económicas, políticas y violentas en la Sierra Nevada. Es miembro del Grupo Gifk– Berliner Gruppe für interdisziplinäre Friedens-und Konfliktfors, adscrito a la Lateinamerika–Institut (LAI) de la Freie Universität Berlín y es director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada –Pdhal-.
https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/red-de-la-paz/la-baja-del-bendito-menor-no-salvo-a-la-la-guajira/
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