
Cuando se habla de naturaleza urbana, la atención suele centrarse en parques, plazas o bosques. Sin embargo, existe otro ecosistema que pasa inadvertido para gran parte de la población y que cumple un papel crucial en el funcionamiento ambiental de las ciudades: los pastizales urbanos.
Investigadoras de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) analizaron recientemente la importancia de estos espacios en el podcast Sobre la Tierra, donde destacaron su valor ecológico, social y cultural.
Las especialistas sostienen que estos ambientes representan mucho más que simples áreas cubiertas de pasto. Constituyen auténticos refugios de biodiversidad y aportan servicios ecosistémicos esenciales para millones de personas.
Qué son los pastizales urbanos
Los pastizales urbanos están presentes en numerosos sectores del AMBA, aunque muchas veces pasan desapercibidos.
Según explicó la investigadora Sofía Campana, se trata de ambientes dominados por vegetación herbácea, especialmente gramíneas y otras plantas no leñosas.
Estos ecosistemas pueden encontrarse en diferentes espacios, entre ellos:
- Parques urbanos.
- Veredas con vegetación.
- Bordes ferroviarios.
- Terrenos no edificados.
- Reservas naturales urbanas.
- Corredores verdes.
Su diversidad demuestra que forman parte de la estructura ambiental cotidiana de la ciudad.
Mucho más que espacios vacíos
Uno de los principales desafíos que enfrentan estos ambientes es la percepción social.
Con frecuencia son considerados terrenos descuidados o sin utilidad.
Sin embargo, las especialistas remarcan que en ellos ocurren procesos ecológicos fundamentales.
Lejos de ser espacios improductivos, funcionan como áreas donde numerosas especies encuentran refugio, alimento y condiciones adecuadas para desarrollarse.
Además, constituyen algunos de los pocos remanentes del histórico pastizal pampeano, un ecosistema que dominaba gran parte de la región antes de la expansión urbana y agrícola.

Refugios para la biodiversidad
Uno de los aportes más importantes de los pastizales urbanos es su capacidad para sostener biodiversidad dentro de ciudades altamente urbanizadas.
Estos ambientes sirven de hábitat para:
- Insectos polinizadores.
- Mariposas.
- Abejas nativas.
- Aves.
- Pequeños mamíferos.
- Anfibios.
- Artrópodos autóctonos.
La presencia de estas especies favorece procesos ecológicos esenciales y contribuye al equilibrio de los ecosistemas urbanos.
Aliados frente al cambio climático
Los beneficios de los pastizales no se limitan a la conservación de fauna y flora.
También cumplen un papel importante en la mitigación del cambio climático.
La vegetación captura dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacena tanto en la biomasa como en los suelos.
Este proceso contribuye a reducir parte de las emisiones responsables del calentamiento global.
Aunque cada espacio individual puede parecer pequeño, la suma de numerosos parches urbanos puede generar efectos ambientales significativos a escala metropolitana.
Menos calor y más absorción de agua
Otro de los servicios que brindan estos ecosistemas está relacionado con la regulación climática local.
Los pastizales ayudan a disminuir las temperaturas superficiales y contribuyen a reducir el conocido efecto de isla de calor urbana, que provoca temperaturas más elevadas en las ciudades que en las zonas rurales circundantes.
Además, sus suelos poseen una importante capacidad para absorber agua de lluvia.
Esto permite:
- Reducir escorrentías.
- Disminuir anegamientos.
- Favorecer la infiltración.
- Atenuar el impacto de precipitaciones intensas.
En un contexto de eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes, estas funciones adquieren una relevancia creciente.
Espacios para el bienestar de las personas
Las investigadoras también destacan los beneficios sociales de estos ambientes.
Los pastizales urbanos ofrecen oportunidades para:
- Actividades recreativas.
- Contacto cotidiano con la naturaleza.
- Educación ambiental.
- Observación de flora y fauna.
- Actividad física al aire libre.
Además, permiten acceder a experiencias vinculadas con la biodiversidad sin necesidad de alejarse de los centros urbanos.
Conservar no significa abandonar
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que la conservación de los pastizales se logra simplemente dejando crecer la vegetación sin intervención.
Las especialistas explican que la ausencia total de manejo puede favorecer la expansión de especies exóticas e invasoras.
Por esa razón, recomiendan estrategias de gestión activas y planificadas.
Entre las medidas sugeridas se encuentran:
- Cortes rotativos.
- Manejo por sectores.
- Conservación de áreas con distintas alturas de vegetación.
- Control periódico de especies invasoras.
Estas prácticas permiten mantener la diversidad biológica y la funcionalidad ecológica del ecosistema.
El papel clave de la comunidad
Las investigadoras consideran que la participación ciudadana resulta fundamental para la protección de estos ambientes.
El primer paso consiste en reconocer su existencia y comprender su valor.
A partir de allí, vecinos, escuelas y organizaciones pueden involucrarse en:
- Relevamientos de flora y fauna.
- Actividades educativas.
- Proyectos de monitoreo.
- Acciones de restauración.
- Procesos de planificación participativa.
Muchas de las reservas urbanas existentes en el AMBA surgieron precisamente gracias al impulso de organizaciones vecinales y ambientales.
Un ecosistema con poca protección legal
A pesar de sus beneficios, los pastizales siguen siendo uno de los ecosistemas menos protegidos de Argentina.
Las especialistas señalan que el pastizal pampeano posee una de las menores proporciones de superficie bajo protección formal.
Parte de esta situación se debe a una cuestión cultural.
Mientras los bosques suelen generar consenso respecto de su conservación, los pastizales muchas veces no reciben la misma valoración social.
Esta falta de reconocimiento dificulta la implementación de políticas de protección más amplias.
Pensar la ciudad como una red ecológica
Las expertas de la FAUBA plantean que el futuro de estos ambientes depende de una visión más amplia del territorio.
La propuesta no pasa únicamente por crear nuevas reservas urbanas, sino por conectar diferentes espacios verdes mediante corredores ecológicos o bioculturales.
Estos corredores pueden estar compuestos por:
- Áreas protegidas.
- Parques.
- Veredas arboladas.
- Jardines.
- Pastizales urbanos.
La conexión entre estos ambientes facilita el movimiento de especies y ayuda a mantener procesos ecológicos esenciales.
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