

Soy una gran admiradora de la obra de Nico Barcia. Habíamos hablado en otras oportunidades de hacer esta entrevista, pero por distintas razones nunca habíamos logrado concretarla hasta que finalmente nos encontramos en el bar ubicado en Luis Alberto de Herrera y Rivera. Yo pedí un capuchino, él un jugo y compartimos medialunas de jamón y queso como dos seres adultos que ya no tienen que demostrarle a nadie si ganamos o perdimos el concurso de ser los rebeldes incomprendidos de turno.
Sin impostar una pose ni actuar para la mirada de los demás, la charla derivó hacia algunas de las preguntas más interesantes que podemos hacernos sobre el arte, la música y la vida. Entre los recuerdos de Chicos Eléctricos, el presente de Service de Sound y una mirada tan lúcida como incómoda sobre la cultura contemporánea, Barcia vuelve a una convicción que traza su recorrido: no le pidas nada a lo que hacés.
Nico Barcia piensa el arte como su forma de existir. Músico, compositor, artista plástico, diseñador gráfico e ilustrador, el creador montevideano habla de la felicidad obligatoria, la identidad uruguaya y la necesidad de recuperar algo que parece cada vez más difícil: la conexión genuina entre las personas.
Nació en Montevideo en 1971. Desde muy joven encontró en la música un lugar donde desplegar una sensibilidad que nunca pareció dispuesta a quedarse quieta. En 1991, al frente de Chicos Eléctricos, comenzó a escribir una de las páginas más singulares del rock subterráneo uruguayo. La banda, con su energía cruda, sus distorsiones y una actitud que se alejaba de las convenciones, encontró un espacio propio en una escena que todavía estaba descubriendo sus posibilidades. Discos como Glitch (1993) y Vaca (1995) forman parte de una historia que continúa despertando curiosidad mucho después de la disolución del grupo, en 1999.
Pero la historia de Barcia no cabe en una sola banda ni en una etiqueta musical. Después llegaron Reyes Estallar (con Matías Singer de Los Nuevos Creyentes) Hotel Paradise, Nico Barcia & Tito Sónico (junto al guitarrista de The Supersónicos) y en Service de Sound junto a Nacho Echeverría (teclas, bajo y voz) y José Nozar (batería y percusión), su búsqueda tomó una dirección diferente: canciones que no necesitan tiempo establecido y que encuentran su fuerza en los climas, las transiciones y las tensiones que se construyen entre los instrumentos.
El álbum debut de Service de Sound, publicado en 2024, presentó una identidad sonora en la que conviven la intensidad del rock, las atmósferas psicodélicas y una sensibilidad que no se agota en la primera escucha. No es música concebida para entregar todas sus respuestas en unos segundos. Requiere tiempo, atención y cierta disposición a dejarse llevar por aquello que todavía no sabemos nombrar.

El vínculo entre Barcia, Nozar y Echeverría también parece fundamental para comprender el proyecto. El músico habla de sus compañeros con afecto y describe la banda como un lugar donde trabajar resulta natural, donde los compromisos se sostienen entre todos y la convivencia no necesita convertirse en una batalla de egos.
La próxima presentación de Service de Sound será el 23 de octubre, en el Festival Diagonal 137. La banda llega después de un período dedicado a componer y ensayar material nuevo, parte del cual podría integrar su próximo disco. Barcia anticipa que buena parte de lo que tocarán será material que nunca presentaron en vivo.

Sin embargo, esta conversación no comienza con una fecha ni termina en la promoción de un espectáculo. Comienza con una inquietud compartida: ¿Qué sucede cuando el arte deja de ser un espacio de libertad y empieza a comportarse como otro producto obligado a competir en una maquinaria que exige exposición permanente? y si, hay una diferencia entre entrevistar a un músico para que cuente qué está haciendo y conversar con un artista que utiliza cada pregunta como una oportunidad para pensar en voz alta. Con Barcia, las respuestas se abren en múltiples direcciones. Una reflexión sobre el rock conduce a la publicidad; una observación sobre las redes sociales desemboca en la identidad nacional; una canción puede terminar planteando preguntas sobre la muerte, la dignidad o la necesidad de mirar al otro.
En esa tensión entre la libertad creativa y las exigencias del presente se despliega esta conversación.
En Chicos Eléctricos había una energía muy particular. Cuando empezaron, ¿imaginaban que estaban construyendo algo que iba a permanecer en la historia del rock uruguayo?
Nico Barcia: “No nos fijábamos mucho en eso. Estábamos encendidos haciendo lo que hacíamos. Nadie tenía dudas sobre lo que estábamos haciendo ni sobre lo que queríamos hacer. Salía de forma natural.
Había una mezcla de rebeldía y de ingenuidad. Yo, por lo menos, siendo adolescente, pensaba que si hacía música y mis amigos estaban haciendo música, la gente iba a escuchar. Después, a medida que uno crece, se da cuenta de que existen unas maquinarias que no tienen nada que ver con el talento ni necesariamente con lo que estás haciendo.
Nosotros no pensábamos en conquistar el medio ni en ser famosos. Lo que nos gustaba era tocar mucho en vivo, grabar discos y hacer canciones. Éramos una máquina de hacer eso. Grabamos un montón de discos en muy poco tiempo. No había una estrategia detrás de cada movimiento ni estábamos pensando en qué lugar íbamos a ocupar. Había una necesidad de tocar y de hacer algo que nos representara”.
¿Sentís que Chicos Eléctricos fue una experiencia irrepetible, también por el contexto en el que surgió?
Nico Barcia: “Se pueden encontrar cosas parecidas, por supuesto, pero una cosa es haber mamado determinadas influencias mientras uno crecía y otra es conocerlas después y decir: ahora voy a hacer algo parecido a esto.
Nosotros hablábamos un lenguaje y lo controlábamos. No estábamos tratando de parecernos a alguien. Había algo que surgía de nosotros, de nuestras circunstancias, de lo que escuchábamos y de lo que nos pasaba. También éramos bastante malos administrativamente. Si hubiéramos tenido a alguien que nos ayudara a organizarnos mejor, posiblemente habríamos podido llegar mucho más lejos, incluso salir de Uruguay. Pero eso es otra historia.
En lo personal, hubo un momento en el que sentí que había que parar. Chicos Eléctricos me había dado muchísimo, pero también me estaba llevando hacia un lugar del que necesitaba salir. No tenía sentido intentar cambiarlo para convertirlo en otra cosa. Había que dejarlo ser lo que había sido y seguir adelante”.
Con los años pasaste por otras bandas y proyectos. ¿Qué permanece de aquel chico eléctrico?
Nico Barcia: “Permanece la necesidad de hacer lo que me gusta pero también fui aprendiendo. Hoy puedo observar muchas cosas de otra manera. No tengo la misma relación con la música que tenía cuando era adolescente, aunque sigo teniendo la misma necesidad de hacerla.
Creo que una parte importante de haber encontrado mi lugar fue entender que podía hacer música sin tener que pedirle que me resolviera la vida. Tuve bastante suerte con eso. Pude organizarme para dedicarme a algo que me encanta. Entonces, no tengo que pedirle a la música que me ofrezca algo, yo tengo que hacerlo”.
¿Cómo ves la diferencia entre el público de tus comienzos y el de ahora?
Nico Barcia: “Me encanta conectar con la gente. Me regocija cuando alguien se acerca y me dice que escuchó algo que hice, que una canción le llegó o que tuvo una experiencia con mi trabajo. Eso me importa muchísimo más que el aplauso entendido como una obligación.
Me gusta quedarme conversando con la gente después de tocar. A veces tenés charlas muy buenas con personas que están ahí, que escuchan, que piensan y que no necesariamente están buscando mostrarse. En esos encuentros siento que hay una conexión real.
También me alegra que a mis colegas y amigos les vaya bien. No tengo enemigos en el medio. Hay gente que quiero mucho.
Me parece muy mezquino pensar que un músico deja de ser genuino porque firma un contrato con una marca o hace un trabajo que le permite sostenerse. No tengo ningún interés en juzgar la vida de los demás”.
Con respecto a Service de Sound, ustedes parecen trabajar desde la construcción de climas, atravesar distintos estados y no siempre responden a una estructura convencional. ¿Qué buscan en esa forma de hacer música?
Nico Barcia: “Me gusta que una canción no tenga que durar un tiempo determinado porque sí; que pueda pasar por distintos climas, cambiar de emoción, ir hacia un lugar y después hacia otro. Todo eso se comunica con los sonidos, no solamente con las palabras. A veces la palabra no existe.
Un disco requiere que te involucres. No es uno de esos productos que te tienen que atrapar en los primeros treinta segundos. Tenés que escucharlo, dejar que avance, entrar en lo que está pasando.
Me gusta que una canción pueda tener una tensión, que algo parezca que va a suceder y que después cambie. Que no esté todo explicado desde el principio. En la música hay espacio para que las cosas se desarrollen y eso también tiene que ver con la relación que tenemos entre nosotros. Service de Sound es un lugar donde me siento muy bien para trabajar. Nos tratamos con cariño y respeto, somos puntuales, tenemos ganas de hacer cosas. Cuando hay que hacer algo, estamos todos yendo hacia ahí. Eso parece sencillo, pero no siempre pasa en una banda. A veces hay conflictos, gente que no cumple, problemas que nunca terminan. Acá siento que encontré un lugar en el mundo para trabajar”.
¿Cómo conviven las trayectorias individuales de los tres integrantes?
Nico Barcia: “Somos amigos y compañeros. Cada uno viene de otros proyectos, tiene su historia y sus maneras de hacer las cosas pero no estamos tratando de demostrar quién sabe más ni quién tiene más trayectoria. Me parece que eso se nota en la música. No estamos intentando fabricar una identidad para después salir a venderla. Estamos haciendo canciones y encontrando un lenguaje mientras trabajamos.
Ahora estuvimos componiendo material nuevo que seguramente se transforme en un disco y el 23 de octubre vamos a tocar por primera vez en el año. Buena parte de lo que toquemos serán cosas que nunca hicimos en vivo.
No tenemos un público que nos esté reclamando determinadas canciones todo el tiempo. Lo que toquemos será lo que vamos a compartir. En ese sentido, tenemos una libertad muy grande.
Hay gente curiosa, gente interesada en descubrir otras propuestas, pero muchas veces no llega a ellas. No porque no le puedan gustar, sino porque ni siquiera se entera de que existen.
Yo me siento muy bien con la conexión que tengo con las personas que escuchan lo que hago. Sean cien, trescientas o quinientas. Es un tesoro. Si llegan más, buenísimo pero no quiero que la búsqueda de una cifra termine dictando lo que tengo que hacer”.
Me interesa saber tu mirada sobre el presente y esa obligación de mostrarnos siempre felices, ¿Cuál es tu percepción?
Nico Barcia: “Me parece que hay una exacerbación de la identidad uruguaya que se construye desde una especie de propaganda permanente. El uruguayo como ese pequeño gran gigante que puede contra todo, que se levanta temprano y sale adelante con un alambre.
Capaz que esa imagen sirve para vender algunos productos pero para vivir artísticamente o para entender lo que nos pasa puede ser bastante cruel porque el uruguayo está mal. La gente tiene problemas, está angustiada, trabaja para llegar a fin de mes. No todo el mundo vive como quiere. Sin embargo, parece que tuviéramos que estar permanentemente celebrando nuestra prosperidad, nuestras vacaciones, cualquier pequeño momento como si fuera la prueba de que todo funciona.
Ojo, yo amo Uruguay, me encanta vivir acá y me gusta Montevideo. No estoy diciendo que quiera vivir en otro lugar. Lo que no me convence es esa identidad que nos venden, como si fuéramos un pueblo extraordinario que siempre consigue salir adelante gracias a una virtud especial.
Todo el mundo hace goles en la hora. Nosotros hacemos películas con eso”.
¿Sentís que esa necesidad de mostrar una felicidad permanente también afecta al arte?
Nico Barcia: “Sí. Hay una especie de dictadura de la alegría. Todo tiene que ser lindo, luminoso, positivo. Todo tiene que producir una sensación agradable pero la vida no es así. Hay momentos felices, por supuesto, pero también hay dolor, problemas económicos, conflictos amorosos, enfermedades, pérdidas. Nos pasan cosas todo el tiempo y no podemos vivir como si nada de eso existiera.
No estoy diciendo que haya que hacer música triste ni que todos tengamos que hablar de política o de los problemas sociales. Yo escribo lo que siento. A veces tengo ganas de hacer una canción hedonista y la hago. No siento que esté condenado a la oscuridad pero la oscuridad también forma parte de nosotros y me parece que hay que darle su lugar. Amigarse un poco con ella para que sea – irónicamente – menos oscura.
Si estamos todo el tiempo tapándonos los ojos, en una especie de happening interminable donde todo es alegría y emoción positiva, terminamos alienándonos”.
¿La música debería incomodarnos más?
Nico Barcia: No creo que haya que imponerle nada a la música. Cada uno tiene que hacer lo que siente que tiene que hacer pero sí me parece que necesitamos dejar de pensar que todo lo que hacemos tiene que responder a una fórmula. Yo hace tiempo que no siento que pertenezca a ningún lugar en particular. No necesito ponerle una etiqueta a lo que hago ni convencer a nadie de que soy diferente.
Las reseñas pueden decir que una banda hace psicodelia, rock de garage o lo que sea y está bien, son herramientas para describir, pero, en definitiva, hacemos música.
Me interesa mucho más que alguien descubra un artista, lo escuche y encuentre algo que le pase por dentro”.
¿Qué sentís que queda afuera de esa construcción?
Nico Barcia: “Queda afuera una parte enorme de lo que somos. Somos parte de una historia, de un contexto, de influencias que vienen de todas partes. A mí me pueden inspirar una banda desconocida que encontré por casualidad o alguien que está haciendo música en otro lugar del mundo. ¿Por qué eso me convertiría en un traidor a mi identidad?, si me interesa la manera en que alguien escribe, lo escucho. Si no entiendo algo porque está en un idioma que no sepa, busco la letra, un diccionario o una traducción.
También creo que tenemos una tradición artística que muchas veces se mira de manera superficial. Hay escritores y artistas que fueron relegados, que trabajaron desde lugares incómodos, que no necesariamente encajaban en la imagen que nos gusta construir de nosotros mismos. Me interesa mucho más esa historia crítica, irónica”.
¿Qué lugar ocupa el humor en esa mirada?
Nico Barcia: “Un lugar importante. A veces la risa es una forma de mostrar algo que está mal, de poner una distancia para poder mirar una situación que de otra manera sería insoportable. Me interesa esa ironía que no pretende resolverlo todo. La que te permite observar una contradicción, reconocer algo absurdo y preguntarte por qué estamos haciendo lo que hacemos.”
Decís que escuchás música todo el tiempo.
Nico Barcia: “Escucho música a todas horas. A veces me despierto de madrugada y me pongo a escuchar hasta que me vuelve el sueño.
No reniego de las plataformas porque me han recomendado cosas increíbles. El algoritmo conoce bastante bien mis gustos porque lo tengo entrenado, y me ha llevado a descubrir artistas que probablemente nunca habría encontrado de otra manera.
Hace poco estaba escuchando discos de Iggy Pop con James Williamson, My Bloody Valentine y Bob Dylan pero a veces terminás llegando a una banda con poquísimas reproducciones, de alguien que está haciendo música de manera completamente independiente y te preguntás cómo llegaste hasta ahí. Después escuchás una canción, te gusta, la compartís y se produce una conexión que no estaba prevista. Eso me parece buenísimo. No estoy en contra de la tecnología. Soy músico, diseñador gráfico, grabo, mezclo, trabajo con herramientas digitales. Sería absurdo negar todo lo que nos permiten hacer.
El problema está en la deshumanización, en cómo nos relacionamos con los demás, no en que tengamos un celular o una computadora. Me preocupa que estemos rodeados de corazoncitos, sonrisas y emojis, pero que al mismo tiempo nos cueste tanto mirar a otra persona, entender lo que le pasa o reconocer que puede estar sufriendo.
Las sociedades están muy lastimadas. Hay un crecimiento del odio, de actitudes fascistas, de una violencia que aparece en lugares que antes quizá no veíamos de la misma manera. Y me resulta muy violento estar en la calle y escuchar determinadas cosas, observar cómo tratamos a otras personas.
No creo que la tecnología sea la culpable. La tecnología también refleja lo que somos. Si tenemos miserias, las llevamos ahí. Si no queremos enfrentarlas, podemos utilizar las pantallas como una forma de evitarlas.
Me parece que necesitamos recuperar la capacidad de observar, de sentarnos un rato y pensar qué tenemos en común con alguien que no conocemos. Capaz que esa persona tiene una historia muchísimo más interesante de lo que imaginamos”.
En una época donde parece posible automatizar cada vez más tareas creativas, ¿Qué lugar le queda al trabajo humano?
Nico Barcia: “Yo, como diseñador, uso herramientas digitales y me sirven muchísimo. No voy a ponerme a decir que antes, cuando dibujaba en un pizarrón, todo era mejor pero sí veo una normalización terrible. Muchas cosas empiezan a parecerse entre sí como las letras, las producciones, los chistes, las formas de presentar un trabajo. Todo el mundo parece estar utilizando los mismos recursos para llegar a un resultado que ya conocemos.
Con la inteligencia artificial pasa algo parecido. Se pueden generar cosas rápidamente, pero después hay que preguntarse qué estamos haciendo con eso, qué queremos comunicar y qué hay detrás de la obra.
No es una cuestión de prohibir herramientas. Es una cuestión de no renunciar a pensar”.
¿La creación necesita necesariamente una experiencia detrás?
Nico Barcia: “Necesita una relación con lo que uno hace. Puede haber una experiencia directa, algo que observaste, una historia que escuchaste, una emoción que no sabés explicar. Pero tiene que existir alguna relación con el mundo, con la imaginación, con lo que te pasa.
A mí observar me alimenta. A veces miro cosas que me preocupan o me resultan violentas y trato de entenderlas. No siempre tengo una respuesta. Pero esa observación me da ideas, me hace pensar, me permite reconocer aspectos de la realidad que antes no veía. También es cierto que uno puede hacer algo simplemente porque le gusta. No todo tiene que convertirse en un manifiesto ni justificar su existencia.
Lo que me preocupa es que tengamos cada vez más recursos y, al mismo tiempo, terminemos haciendo todos lo mismo. Hay posibilidades enormes de hacer cosas excelentes, pero también una cantidad inmensa de contenido que se parece demasiado. Capaz que necesitamos recuperar un poco la libertad de hacer algo sin estar pensando todo el tiempo en cómo va a ser recibido”.
¿No hay una contradicción entre esa libertad y la necesidad de compartir lo creado?
Nico Barcia: “No, porque compartir también es algo que disfruto. Me gusta tocar, me gusta trabajar con mis compañeros y me encanta cuando alguien se acerca y me dice que algo de lo que hice le llegó.
No quiero estar aislado del mundo ni hacer música para guardarla en un cajón. Me gusta la conexión. Lo que no quiero es que esa conexión se convierta en una obligación o en una transacción emocional donde todo el tiempo tengo que pedirle algo al otro.
Me gusta hacer una canción y después escuchar qué le pasa a alguien con ella. Me gusta descubrir que una persona encontró algo propio en una cosa que yo hice. Esa es una experiencia muy linda y tampoco me siento un tipo especial por haber hecho una canción. No me siento más importante que alguien que trabaja en otra cosa, que tiene sus problemas y sus alegrías. Somos personas tratando de hacer algo con lo que tenemos”.
¿Por qué te interesa reivindicar lo imperfecto?
Nico Barcia: “La vida tiene momentos distintos, cambia, se contradice, nos pone en lugares donde no sabemos muy bien qué hacer.
Si estás siempre en el mismo estado de ánimo, eso no es real. La vida se parece más a un electrocardiograma, con momentos buenos, malos, momentos en los que todo parece estar bien y otros en los que no sabés cómo seguir.
Me parece que está bueno que exista el error, que exista el caos, que haya lugar para que algo se transforme. Si todo está resuelto de antemano, no queda mucho espacio para descubrir.
Eso también vale para la música. Una canción puede cambiar de clima, puede sorprenderte, puede llevarte hacia un lugar que no esperabas. No tiene que ser una superficie lisa en la que todo funciona perfectamente”.
Después de tantos años de música, ¿Qué te sigue dando ganas de hacer canciones?
Nico Barcia: “Me sigue gustando hacerlas. Me gusta tocar en vivo, compartir ese momento con mis compañeros y con la gente que está ahí. Es una experiencia que no se parece a ninguna otra. Con Service de Sound tengo la suerte de estar trabajando con personas a las que quiero y respeto. Para mí eso es muy importante. No se trata solamente de sonar bien. Se trata de cómo trabajás, de cómo te relacionás con los demás y de qué lugar ocupa la música en tu vida.
Me encanta lo que hago. A veces me angustio, a veces no sé qué escribir, a veces me parece que una canción no sirve. Pero sigo haciendo cosas porque es algo que me alimenta y cuando encuentro una conexión con alguien, cuando me doy cuenta de que algo de lo que hice llegó a otra persona, eso sí me regocija”.
¿Qué te gustaría que alguien encontrara al escuchar Service de Sound?
Nico Barcia: “Me gustaría que cada persona encontrara lo que tuviera que encontrar. Que escuchara la música y pudiera meterse en ella, que no tuviera que entender todo de inmediato.
Nosotros estamos haciendo canciones. Después cada uno tendrá su experiencia. No quiero imponerle una lectura a nadie ni decirle qué tiene que sentir.
Me gusta pensar que la música puede ser un lugar de encuentro. Que alguien puede escuchar algo que hiciste y reconocerse ahí, aunque no te conozca, aunque viva en otro lugar o tenga una historia completamente diferente.
Eso es lo que me interesa. La conexión entre las personas, las cosas que nos pasan, todo lo que tenemos en común y que a veces olvidamos porque estamos demasiado ocupados tratando de mostrarnos de una determinada manera.
Si algo me sigue dando ganas de hacer música es eso: poder trabajar, compartir y encontrarme con otras personas sin tener que demostrar que soy más que nadie”.
Desde Chicos Eléctricos hasta Service de Sound, su recorrido no parece una búsqueda por conquistar un lugar determinado, sino el intento de conservar un espacio propio dentro de una realidad que constantemente reclama algo de nosotros. Una canción nueva, una publicación, una imagen, otra prueba de que seguimos aquí.
Quizá por eso Service de Sound trabaja con canciones que no entregan todo de inmediato. Hay que quedarse un rato, atravesar sus climas, aceptar sus cambios y permitir que algo suceda sin saber exactamente cuándo. En esa forma de hacer música hay también una manera de estar en el mundo.
El 23 de octubre, cuando el trío vuelva a subir a un escenario en el Festival Diagonal 137, buena parte de lo que suene será material nuevo, todavía sin historia pública, sin una audiencia que lo haya convertido en una demanda. Canciones que primero existieron entre quienes las hicieron y que ahora comenzarán otra vida frente a otras personas.
Tal vez esa sea una de las formas más honestas de entender la creación: algo que nace de una necesidad íntima, encuentra su propio lenguaje y después sale al encuentro de los demás. Sin garantías, sin promesas de gloria y sin la obligación de gustarle a todo el mundo porque la gloria, como surgió en esta conversación que tuvimos, no siempre está en llegar más lejos, a veces está en el presente, en una canción que alguien escucha por primera vez, en una charla que se prolonga después de un concierto, en la posibilidad de reconocer a otra persona – que no es otra cosa – que reconocerse a uno mismo.
No te pódés (ni debés) perder la oportunidad de ir a verlos en vivo en esta única instancia de 2026, así que podés conseguir tu entrada en este link.
https://cooltivarte.com/portal/entrevista-a-nico-barcia-no-le-pidas-nada-a-lo-que-haces/
ACERCA DEL CORRESPONSAL
REDACCIóN CENTRAL
Prensa Mercosur es un diario online de iniciativa privada que fue fundado en 2001, donde nuestro principal objetivos es trabajar y apoyar a órganos públicos y privados.
- ★Comisión de Urbanismo: “Es una realidad que el clima ha cambiado y que hay que tomar acciones cuanto antes”
- ★Tres años de prisión condicional para el exfuncionario Oscar González
- ★Murió el actor Antonio Grimau: tenía 82 años
- ★Un santotomeño acusado de protagonizar un escándalo en el PJ provincial. Lo acusan de abuso sexual
- ★El niño entra en su punto máximo, recomiendan verificar planes municipales y provinciales



















