
Y era cierto no más, “El Niño” nos iba a traer una primavera encapotada, lluviosa y furiosa. Por esta zona del Sur del Uruguay la vamos llevando suave, pero el Norte comienza a ser golpeado en pequeñas pero dolorosas dosis y por supuesto que ello preocupa. Lo que no estaba pronosticado era el revolcón de Lula en Brasil, es un golpe a la moral y a la democracia lo que está gestándose en nuestro vecino mayor y lo peor de todo es que uno nada puede hacer, tan solo expresarse en un pasquín de pueblo del interior uruguayo, que aunque parezca poco, ya es algo. Si me acompaña, salte al párrafo siguiente y veremos cómo racionalizamos el pesar.
Si pudiera ir el tiempo hacia atrás debería eliminar cosas dichas con anterioridad en esta columna y que lejos están de haberse cumplido. No estaba entre quienes pensaban que Lula iba a ganar en primera vuelta, pero sí me había convencido que estaría por encima de Bolsonaro Junior porque los datos que llegaban eran bastante alentadores, no solo los de las encuestas, también la percepción mediática parecía ir en esa línea de cierto respaldo al actual Presidente.
Di como un hecho la entereza del pueblo brasileño, creí que iba a resistir el avance de las ideas retrógradas que expresa el bolsonarismo, pero lo analicé desde lógicas uruguayas que son bien diferentes a las brasileñas. Por ejemplo, nunca sopesé la importancia que tienen en la vida cotidiana de los brasileños la religión en general y las iglesias evangélicas o pentecostales en particular, que cuentan con decenas de millones de seguidores y que, por orden de sus pastores, se volcaron en masa a respaldar al menor de los Bolsonaro.
Vea, tanto a usted como a mí, que podemos ser agnósticos, ateos o creyentes en una energía superior según las circunstancias, no se nos cruza por la cabeza pensar que un cura -en este caso pastores-, nos diga lo que tenemos que votar, pero en Brasil eso ocurre con naturalidad y terminan siendo determinantes a la hora de contar los votos.
No, claro que no, no es la única razón que explica el segundo lugar de Lula en primera vuelta y su ya más que probable derrota el próximo 25 en el ballotage (no es pesimismo, solo se trata de mirar las cifras fríamente), pero es una de las más trascendentes pensando en esa segunda vuelta porque el llamado de los pastores se redoblará en estos días de corta campaña, demonizando a una de las figuras más representativas de la política sudamericana de las formas más absurdas que se le puedan imaginar a seres con algo de raciocinio, como podemos ser usted o yo ¿De verdad lo somos?
¿Qué pasará después del 25? Si gana Bolsonaro, viviremos en un mundo peor del que estamos, porque peligrará el Amazonas, peligrará aún más el ambiente y sobre todo, peligrarán las libertades civiles, las libertades políticas de los brasileños y también de los vecinos, todos. Si gana Lula, es probable que el mundo no sea mejor, pero tampoco peor y eso hoy ya es mucho decir.
¿Cómo hay que actuar? Con la mayor entereza posible, sabiendo que será solo un momento más de la historia y convencidos que todo lo malo termina por caer, porque no hay mal que dure 100 años y mucho menos, cuerpo que lo resista, así que habrá que ponerle el pecho a las balas y promover nuevas utopías que nos inviten a seguir soñando que un mundo mejor es posible, aunque por ahora no lo podamos visualizar.
Empiezo a percibir que no tengo mucho más para aportarle sobre lo sucedido el primer domingo de octubre en el país vecino, no creo que valga la pena seguir regodeándonos en el pesar, mejor sería que orientemos nuestros decires hacia otros asuntos o bien mezclemos temas.
Por ejemplo, podríamos retomar el asunto del edil Gómez, que la semana pasada fue invitado por el comité de ética del Partido Nacional a dejar su cargo -además de suspendérsele por dos años los derechos partidarios-, pero que parece que no tiene intención de hacerles caso.
Pero no, no quería dedicarme al Edil en concreto, lo que le quería comentar, porque en principio me causó mucha gracia, fueron algunas repercusiones de la decisión tomada dentro de filas nacionalistas. Luego que se conoció lo que “dictaminó” el comité de ética, algunos legisladores se pusieron a alardear sobre lo ejemplarizante de la medida y a compararla con la medida que el Frente Amplio tomó con Raúl Sendic junior. Cuando escuché que sacaban de la galera la figura del ex Vicepresidente no podía creerlo, pasan los años y siguen hablando del short que se compró “Raulito”, intentando comparar al malogrado líder de la 711 con el cúmulo de irregularidades cometidas por el edilsito montevideano que tenía a un lavador del narcotráfico contratado como asesor y al que nunca le dijo qué tenía que hacer.
Comparándolo con lo que ocurre en Brasil, en ciertos círculos todavía rinde la estrategia del “miente que algo queda”. Al presidente Lula le fabricaron una causa judicial y lo metieron preso; luego de un trabajo de investigación de un medio de internet, se logró desmontar la mentira, Lula fue exculpado y liberado. Sin embargo, en la campaña de la primera vuelta se insistió con que había robado y mucha gente lo creyó, por más que la Justicia dejó claro que hubo una conspiración para inculparlo.
El tema es que todo el clan Bolsonaro está sospechado en distintos hechos delictivos, pero la gente común hace oídos sordos a todas las pruebas que surgen en su contra, pero no se sacan de la cabeza el “Lula ladrón”.
Salvando las distancias, venimos de cinco años de un gobierno en el que la prolijidad y el decoro quedaron en entredicho un montón de veces (no creo que necesite que se las enumere), pero a nivel social no hay una alta preocupación porque esas cosas se diluciden, pero eso sí, la gente escucha decir “Sendic” y le entra una furia que no me la sé explicar. En ese contexto entiendo que Álvaro Delgado y algún otro retome el nombre del ex Vicepresidente; son momentos en que está golpeado y apela a lo que tiene a mano.
Recordar al tipo que compró un colchón con la tarjeta corporativa, sigue rindiendo, como a los bolsonaristas les rinde el año y pico que Lula estuvo preso, aunque fuera inocente.
Pero bueno, últimos comentarios, ahora sí fuera de Brasil. Me aburrieron con el Vicepresidente de El Salvador, lo pasearon por todos medios queriendo convencernos de lo bueno que es Bukele y sus métodos mafiosos de control social. El paradigma punitivista está ejerciendo mucha presión (si gana Bolsonaro será peor), sobre la sociedad uruguaya. Esta visita del salvadoreño se enmarca en esa estrategia, en la que hay que incluir también los pedidos de un nuevo referéndum sobre el asunto de los allanamientos nocturnos.
Habrá que ver cómo responde el gobierno ante esta andanada de mensajes pro garrote. Todos los delitos bajan, dice el Ministerio, pero todos los días hay algo espectacular que acapara los noticieros y genera ambientes propicios para lo represivo. Todo sigue igual o peor, porque las cárceles explotan y nadie hace algo original, así que la perspectiva es seguir haciendo nuevas cárceles para seguir acumulando presos.
Pero la voy dejando por acá. Es tiempo de detener la escritura por esta semana. Será en siete días que estemos y sigamos darle sentido a un mundo sin sentido y cada vez menos emocionante. Tranquila/o, las emociones uno se las va creando, así que cuando volvamos a encontrarnos, habrá mucho para decirle, por más que el desánimo quiera ganarnos.
Imagen ilustrativa, tomada de la web (seguimos acumulando presos).
De: Javier Perdomo.
https://lasemana.com.uy/opinion/elucubraciones/elucubraciones-semanales-elecciones-nortenas-lula-sendic-y-la-seguridad/
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